mayo 13, 2016

Las historias de “Tenemos las mismas manos”, capítulo I: El origen y los cómplices

Meditando sobre este disco, una de tantas veces a lo largo de estos años, llegué a la triste conclusión que casi todo en mi vida ha sido lento. Me abroché los zapatos solo como a los 11, le saqué algún sonido coherente a una guitarra a los 19, empecé a pololear a los 20, a esa misma edad “rompí el chanchito” (espero que se entienda esa metáfora tan poco afortunada), conseguí mi primer contrato laboral a los 30, aprendí a nadar a los 33, a manejar a los 37 y también a los 37 he sido padre. En términos de “proyectos” el libro sobre Rolando Alarcón demoró seis años o más y mi investigación sobre el Festival de Olmué se declaró concluida a los nueve años de iniciada. A ese ritmo no podía esperarse que este disco saliera de un puro chute.


La historia empezó en 2006. Recién estaba analizando cómo escribir el libro luego de recopilar mucha información y me di cuenta que muchas de las canciones de Rolando Alarcón que se mencionarían estaban fuera de circulación, ya que gran parte de sus discos dejaron de editarse una vez ocurrido el Golpe de Estado, o incluso apenas sucedida su muerte. Que gran parte de su discografía dependiera del sello Tiempo, justamente de Alarcón, fue un agravante notorio. Pensando en eso y en que seguramente “no va a ser tanta pega” (ingenuo entre los ingenuos) convoqué a algunos de los músicos más cercanos que había conocido por los años de Americanto y en otras instancias sociales y académicas. Del mismo modo me engrupí a Ítalo Pedrotti (compañero del Magíster en Musicología) para que fuera el encargado de hacer las grabaciones, mezclas y todo lo relacionado con sonido.


La nómina no pasaba de los 14 artistas, y con ella presenté un proyecto al Fondo de la Cultura, que decidió rechazarlo porque era “un buen proyecto, pero se dio preferencia a otros”. Al año subsiguiente fue desechado porque “no había elementos suficientes para evaluar artísticamente el proyecto” (de los seis temas grabados hasta el momento sólo se escuchaba uno) y en 2009 porque “solicita montos para ítemes que no corresponden a este Fondo” (cosa que era falsa) y además se nos sugirió “revisar la lista de intérpretes”. Por esa época se sabía quién era el jurado que emitía el juicio, así que pude enterarme que se trataba de un renombrado arreglador musical que había trabajado con Luis Jara, María José Quintanilla y Douglas (también venía Gloria Simonetti pero a ella la dejo fuera porque cuando me tocó entrevistarla fue encantadora). Na’ que hacer.


Luego del tercer rechazo gubernamental el proyecto estuvo parado un tiempo, en parte también porque se terminó el proceso de hacer el libro sobre Alarcón y la parte medular de mi investigación sobre el Festival del Huaso de Olmué. Hacia fines 2012 la lista inicial ya se había modificado y se amplió hasta unos 20 temas, cuando durante una entrevista que les hacía a Eileen Karmy y Mitzi Castañeda (en ese entonces integrantes de las Alterlatinas) la Eileen lanzó una frase de manera muy natural cuando le comenté que tenía algunas dudas sobre cómo continuar el trabajo. “A lo mejor deberías confiar en alguien más que te ayude a definir las cosas musicales”. Ahí apareció inmediatamente la imagen voluminosa (escoba) de Paulo Albornoz, amigo de varias batallas (principalmente deportivas, pero esa es otra historia) y gracias a quien tuvimos acceso a ocupar el estudio del IPChile, su lugar de trabajo, para montar varios de los temas. No está de más decir que en estos años Pedrotti cambió la sede de su estudio unas tres o cuatro veces y que en esa época aún no habilitaba para grabar sus maravillosas dependencias de Lo Cañas (en la que alguna vez fue mi casa, pero esa también es otra historia). Así que ahí seguimos por un tiempo y después nos fuimos otra vez a Lo Cañas, donde se hicieron algunas de las grabaciones más divertidas y recordadas.


El proceso para elegir los artistas y los temas fue muy intuitivo. A la lista inicial se fue sumando gente por mera tincada mía en la medida que los conocía o que se me cruzaban por la mente. Inicialmente todos elegían con toda libertad la canción que querían interpretar, pero cuando el trabajo fue avanzando y quise que algunos discos o estilos musicales o tópicos temáticos de don Rolo estuvieran reflejados fui haciendo una suerte de conducción, como se irá explicando más adelante. En todo caso diría que todos los músicos tienen en común que fueron convocados por el respeto profesional y humano que les tengo. No en vano había que apelar a la generosidad y buena voluntad de todos ante el precario presupuesto. Salvo algunos como Alexis Venegas, a quien abordé desvergonzadamente en Olmué 2010, diría que a todos los contacté con ya algo de confianza de por medio, y por eso la voluntad de participar fue unánime. Si faltan algunos de los con que hablé en todos estos años fue únicamente por falta de tiempo para elegir y montar un tema, ya que nadie hizo exigencias de ningún tipo y a lo más debimos ayudar en costos para transporte, alimentación o para pagar músicos sesionistas que no eran parte del proyecto. Cuando llegamos a los 32 temas y logré ordenar las canciones según mi visión concluí que el concepto del disco estaba cerrado y que lo que quería mostrar se reflejaba en todo ese trabajo.  ¿Qué es lo qué quería mostrar? Bueno, esa es otra historia, que quizás la cuente al final. Sigamos con las canciones que, supongo, es lo que realmente importa.

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