enero 20, 2016

Los aplausos a Margot Loyola: personas y no principios


El impacto por la muerte de Margot Loyola fue una prueba más de que a la investigadora, educadora, cantante y Premio Nacional de Artes Musicales casi no le quedó aplauso por recibir. Que su velatorio se realice en el Centro Cultural Palacio de la Moneda con asistencia multitudinaria es un símbolo del reconocimiento unánime desde lo institucional hasta lo popular a la Hija Ilustre de Linares.

Su muerte a los 96 años le permitió recibir numerosas distinciones, protagonizar exposiciones en museos, realizar programas de televisión y radio, publicar libros y hacer decenas de grabaciones donde quedó testimoniada su labor ininterrumpida y apasionada de transmitir lo que aprendió de los campos y barrios chilenos y de otras partes de América.

Su afán de sistematizar y compartir sus conocimientos dejó una larga estela de conjuntos y solistas influidos notoriamente por su trabajo. Desde la formación de Cuncumén hace exactos 60 años (a partir de uno de sus cursos de las Escuelas de Temporada de la Universidad de Chile), hasta los discos recientes de artistas jóvenes como El Parcito, Andrea Andreu o Natalia Contesse, pasando por el trabajo aún vigente de su grupo Palomar, se ven las muestras más palpables de la perdurabilidad de su labor.

El afecto y admiración hacia Margot Loyola es más bien, sin embargo, un reconocimiento a su figura, carisma y talento más que a la expresión por la que trabajó hasta el último día de su vida. La indiferencia casi total del año pasado por la muerte de otra enorme investigadora, Raquel Barros, es la mejor muestra. En algún sentido ha logrado en una escala mucho mayor lo que hizo Daniel Muñoz en la cueca: traspasar barreras que parecen infranqueables y “colarse” en mundos ajenos en los que su figura sirve para expiar culpas o cumplir con cuotas de cultura o nacionalidad.

Margot Loyola se fue casi cincuenta años después que su “comadre” Violeta Parra y en condiciones muy diferentes: una peleando para sostener su carpa y difundir sus discos y otra en medio del reconocimiento nacional. Sin embargo, tras sus mediáticas partidas, el futuro de lo que defendieron y promovieron parece ser tan nublado como siempre.



* Publicado en el diario La Hora el 5 de agosto de 2015.

enero 12, 2016

Tenemos las mismas manos



El 4 de febrero de 1973, a la hora de almuerzo, algunos seguidores y amigos de Rolando Alarcón se alegraron por escuchar tantas canciones suyas en la radio. Sin embargo, el agrado rápidamente dio paso a la sospecha y después a la desazón: el músico había muerto pocos minutos antes en el Hospital El Salvador.

El 4 de febrero de 1973 Rolando Alarcón dejó de existir, pero desde entonces nunca dejó de cantar. El cariño de sus amigos y discípulos, y básicamente el impulso anónimo, lo hizo perdurar en diversos rincones del país y del mundo.

Ese mismo impulso es el que nos ha movido desde hace más de nueve años y es el que nos ha reunido hoy: encontrarnos, recuperar la obra de Alarcón y básicamente cantar. Él lo dijo alguna vez: “hermano es el que canta y sueña más, y su canto es la fortuna”.

Por eso decimos “tenemos las mismas manos” y por eso tantos se sumaron tan naturalmente y con tanta generosidad: porque buscamos en el canto el ímpetu colectivo que a veces parece perdido; porque reconocemos un camino común con los pioneros del canto popular chileno y porque este proyecto tiene un trasfondo artesanal, donde trabajar con las manos simboliza entregarse al oficio con afecto y pasión.

Los mayores dicen que, pese a cualquier intento humano, el río siempre vuelve a su cauce natural. Puede que algo de eso esté pasando, quizás más lento de lo que quisiéramos, pero pese a todas las brutalidades que intentaron borrar y reescribir la historia, hay en este disco dos puntas de un camino que finalmente se está rearmando. Gracias a Rolando Alarcón por habernos dejado tanto y tan valioso material para modelar este sueño e infinitas gracias a cada uno de tantos de los que volvieron este sueño posible y lograron que, en alguna medida, el río esté un poco más cerca de su cauce.







* texto leído el 3 de mayo de 2015 en el lanzamiento del disco colectivo "Tenemos las mismas manos, canciones de Rolando Alarcón", en Santa Elvira 776, Casa Merkén.


** Los interesados en conocer este disco pueden descargar gratuitamente sus dos volúmenes en los siguientes links: http://www.portaldisc.com/gratis.php?id=12495 y http://www.portaldisc.com/gratis.php?id=12497