septiembre 09, 2016

Ni perdón ni Ritmo

No sé si alguno de ustedes ha visto una imagen que ha compartido El Ciudadano con un bonito texto de Víctor Jara sobre qué es la patria para él. Si no lo conocen acá va.



Estas frases, que guardaba la Fundación Víctor Jara y que las ha usado en otras instancias como la exposición "Víctor Jara canta al mundo", son parte de un foro sobre la música chilena que hizo la Revista Ritmo en 1973. El título era "Nuestros folkloristas enjuician el estado actual de nuestros valores" y a varios intérpretes (Los de Ramón, Los Quincheros, Dúo León Ríos, Nano Parra, Clara Solovera, Dúo Rey Silva y Los Emigrantes) se les preguntaba tres cosas: a) ¿Qué es patria? b) ¿Qué importancia tiene la tradición chilena? c) ¿Cuál de los valores típicos del chileno es el más importante?



Dónde está lo relevante del asunto? fácil, que este foro fue finalmente publicado en la edición 420 de la Revista Ritmo, con fecha de publicación el 25 de septiembre de 1973. En la portada salen Los Quincheros y la editorial dice "Viva Chile!" y algunas frases son "¡Claro! ¡Viva y viva!, porque el sol ha vuelto a salir para todos nosotros. Y hoy más que nunca tenemos el orgullo de sentirnos chilenos(...) quisimos esta semana rendirle un homenaje al símbolo de nuestra Patria... a nuestros institutos armados, pilares en los que descansa nuestra soberanía y libertad (...) Por Carrera, por todos nuestros oficiales y tropas... ¡Viva Chile!"



Joan Tuner reconoció el cadáver de Víctor Jara el 18 de septiembre y lo enterraron el día siguiente. No pasó mucho tiempo para que se difundiera su muerte en algunos diarios, de manera más bien escueta. Todo eso me hace pensar que la revista Ritmo tuvo tiempo suficiente hasta que mandaron a imprimir para hacer algo más que poner a un artista fusilado y maltratado de la manera más bestial dentro de un inocente foro sobre la tradición y el folklore como si nada estuviera pasando. En el mejor de los casos es una trágica coincidencia, en el peor es una canallada imperdonable. Conociendo la revista Ritmo por lo que ha tocado revisarla en tantas ocasiones yo tiendo a inclinarme por la segunda opción. En todo caso, cuando tuve ese ejemplar de la revista en mis manos por primera vez, hace muchos años, los escalofríos y la ira fueron los mismos que siento ahora.

El origen de todo este texto, para mí, era ver si la canallada de Ritmo fue una cosa accidental (cierre de revista versus confirmación de la muerte) o premeditada, pero después he hecho memoria y revisé con particular interés el número siguiente para ver si habían aclarado algo, o mencionado la muerte de Jara, no sé, si habían dado alguna seña de decencia. Y no, no había nada. Así que, por accidente o deliberación, lo que hicieron fue igualmente una canallada.


junio 17, 2016

Las historias de “Tenemos las mismas manos”, capítulo VI: Primer epílogo (escrito con los discos haciéndose en la fábrica)


La primera pregunta que debe nacer, aunque muchos intuyan la respuesta, es que por qué el disco se llama “Tenemos las mismas manos”. En lo elemental se refiere a uno de los versos de “Si somos americanos”, la canción más conocida de Alarcón, idea más o menos habitual en los discos de homenaje o en las biografías de músicos (posbilemente la idea salió de uno de Violeta Parra llamado “Después de vivir un siglo”). Más allá de eso la frase tiene una multiplicidad de significados o más bien uno solo que hay que desglosar. En el “Tenemos” se desprende un sentido colectivo, a unir a los más de 100 músicos que fueron parte de este disco y que, pese a ser de agrupaciones y hasta estilos distintos, accedieron a ser parte de una fuerza comunitaria para saludar a un hombre que fue, a su vez, motor de muchas iniciativas en asociación con otros colegas, como las giras Chile Ríe y Canta, la Peña de los Parra. “Mismas” permite hacer una idea de continuidad y proyección de que la obra que hizo Alarcón tiene cierto paralelo o nexo en todos los que están creando y cantando en estos días. Están además muchas de las mismas temáticas e inspiraciones sonoras, en ritmos e instrumentos, presentes en muchos músicos nacionales. Las manos, por último, han sido una simbología de la artesanía, de cumplir un oficio, de la solidaridad, e incluso de la precariedad etc. Desde el “Pongo en tus manos abiertas” para Recabarren y las manos que son “lo único que tengo” en las canciones de Víctor Jara hasta las manos que hay que juntar para hacer la muralla y “todas las manos, todas” del himno americanista de la “Canción con todos”. Al decir “tenemos las mismas manos” decimos todo eso, que somos parte de un mismo caudal pese al paso de los años y la infinidad de cosas que han ocurrido y que las canciones que estaban olvidadas en su casi totalidad las tomamos como piezas relevantes del gran mosaico de la creación chilena, que tienen todavía mucho para decir.


En el primer texto de toda esta historia dije que el disco lo declaré cerrado cuando sentí que en las canciones y los intérpretes elegidos estaba “todo lo que quería mostrar”. Bueno, ¿qué es lo qué quería mostrar? No sé si lo tenga tan claro. En primer lugar quería romper con el estereotipo del profesor primario bonachón que hizo puras canciones ingenuas para que los niños bailaran en el acto de Fiestas Patrias. Alarcón era eso, por supuesto, pero también otra pila de ideas, algunas más logradas que otras, pero que tenían que ver con la época que se vivía y su constante curiosidad. Si bien algunas de sus búsquedas no se reflejan en el disco (como su fugaz paso por el go-go) sí hay varios de sus discos conceptuales o de sus tópicos más comunes retratados en el disco, además de un repaso bastante amplio por su discografía, a excepción de cosas muy específicas. Por otro lado mi idea era realzar la capacidad de Alarcón como un gran melodista, que quizás no se recuerda tanto porque su trabajo de intérprete era algo disparejo y a veces algo monótono, como le dijeron alguna vez en una revista. Por eso suponía (y espero) que todas estas canciones suyas, en voces, estilos e instrumentos tan diversos, podía ser un impulso para que mucha más gente conociera de su obra algo más que las canciones más populares (que igualmente están en el disco, tampoco hay que ser suicida). En parte por eso terminamos con un disco doble, porque hacer un disco de 15 canciones con las cinco o seis más conocidas implicaba hacer una muestra muy menor del trabajo de Alarcón, así que nos fuimos tentando y la cosa llegó a estos límites. Es además un regalo para sus seguidores que puedan conocer canciones que no alcanzaron a editarse en Chile o algunas que existieron como singles de otros intérpretes (con escasa difusión) y que él no cantó nunca. La intención es que, incluso para los que más lo conocían, puedan dar con alguna sorpresa.


También había una acción delicada con respecto a los discos tributo, de los que había resultados más bien pobres. Obviando los tributos a Víctor Jara que hizo el sello Alerce, el resto parecía hecho a la rápida y como una acumulación de figuras más que como un concepto desarrollado. En ese sentido siempre tuve como referente de disco colectivo el “Charango, autores chilenos” que Pedrotti había hecho el 2000. Por eso, también, la importancia de sumarlo en el proyecto para tener una voz con talento y experiencia en estos asuntos. De hecho, él mismo fue un oído muy estricto con los intérpretes, lo que permitió subir el estándar a que si hubiera quedado bajo mis deficientes pailas. Cuando Albornoz se sumó ya tuvimos dos evaluadores muy rigurosos.


Finalmente, y de esto también me di cuenta cuando el disco estaba prácticamente cerrado, veo en este trabajo un reconocimiento y una admiración profunda por los músicos que son de la misma generación de la mía. Nacidos en dictadura y adolescentes/jóvenes durante los nefastos años 90, totalmente criminales para cualquier pajarraco que sintiera el más leve interés por cualquier cosa que sonara a charango o a autoctonía. Muchos de ellos comenzaron a cantar cuando internet era un entretenimiento de científicos y cuando reunirse o dar con locales que difundieran esta música era prácticamente una quimera. Si uno osaba decir que le gustaba la música latinoamericana o algo así era usual recibir de vuelta un “ah, esos hueones que están todos muertos y le cantaban a Allende” o “anda a ponerte con un puestito a la Feria de Santa Lucía”. Prácticamente todos ellos han permanecido en la música por la convicción profunda de hacer lo que vale la pena hacer y he tenido la suerte (a algunos de cerca desde hace muchos años y a otros como simple auditor y posterior conocido/amigo) de ver sus progresos y esfuerzos por desarrollar sus carreras artísticas, pese a que todo parece indicarles que no vale la pena. Esa serena convicción me parece muy admirable. Y los que son algo mayores y están en este disco diría que en general han sido músicos que han apoyado y acogido a los que vinieron después, por lo que hay un espíritu común y familiar que seguramente fue lo que me permitió pedirles patudamente que se sumaran a esta historia.


Cuando las grabaciones concluían apareció otro personaje importante, Raúl Guerra, quien realizó todo el trabajo gráfico. Lo conocí primero como parte de Pasto Seco y después más en profundidad cuando se sumó al proyecto de Los Republicanos (él dice que además coincidimos en alguna junta del Colectivo Kahuín, puede ser). Siempre me impactó el gran trabajo que hacía con ilustraciones y diseños para afiches y discos de la movida cuequero-folklórica-trovadoresca, así que le pedí que asumiera esa pega y la hizo con la voluntad y talento que pone en todo lo que hace. Agradezco también la paciencia para acceder a cada sugerencia que le hice, incluso a veces dándome la razón, juas. Además, cuando empezó este trabajo me invitó a ser parte de Atlético Torreja, con el que tuve mi último título de pichanguero, pero esa también es otra historia.
El disco se masterizó en manos de Jorge Pluto Abarca, ingeniero de larga trayectoria y reconocido por ser el sonidista de las presentaciones de Congreso durante largos años. Pedrotti quería que él terminara el trabajo que él empezó y yo accedí, por la confianza que le tengo y porque si hay algo que nunca he logrado entender ni medianamente bien es qué cresta significa hacer la masterización de un disco.


Raúl tiene que hacer algunos retoques en los créditos pero el trabajo gráfico también está concluido. No lo podré decir hasta que tenga en mis manos el producto final, pero básicamente esta historia ha terminado y más de una vez pensé que nunca lo lograría. Queda saber qué pasará con esto, si será recibido con cariño, si habrá gente esperándolo, si tendrá algo de difusión, en fin. Puede ser mezquino tener interés en resolver esas dudas más “mundanas” ya que finalmente el producto está terminado, que es lo que importa, pero esto es lo mismo que la comunicación, no vale de nada hacer algo si no sale a rodar y a encontrarse con la gente. Esperemos que así sea, aunque me queden dudas. Por algo Pepe Osorio me decía “El escéptico”. Pero bueno, pase lo que pase, sepan que dejé hasta mi último esfuerzo por hacer el disco más digno posible. Es curioso hablar de “hacer un disco” sin haber tocado una mísera nota, pero bueno, supongo que se entiende. Y si no, mala suerte dijo el conejo.
Eso, creo, es todo. Si llegó hasta acá reciba mi admiración. Y espero que después de esto a don Rolo, después de tanto olvido y tanto silencio, le puedan llegar de vuelta las palabras que incluyó en “América nuestra” y que el Amaru revalorizó en su magnífica interpretación: “Despierta ya, la noche ha terminado”.

junio 10, 2016

Las historias de “Tenemos las mismas manos”, capítulo V: Las canciones, del 25 al 32


Tierra Sagrada - "El trabajo voluntario"

En el tramo final del disco me di cuenta que no había ningún artista de onda tropical/cumbiera/salsera, que además tienen gran éxito entre el público. Como la cosa no era meter a cualquiera ni darle bombo al bailable para vender más copias, el asunto era dar con el grupo correcto y que además se comprometiera con esta historia. En realidad el nombre estaba hace tiempo y nunca habíamos cerrado los plazos ni el tema y en verdad no se los había pedido formalmente. A los Tierra Sagrada los conocí a mediados de la década pasada gracias al Lulo, de los Legua York, quien llevó al Emilio a uno de los capítulos de la Radio en Movimiento. Vi su paso de grupo de música latinoamericana al “son y rumba” y me alegré del disco que incluía la canción “El verano de los pobres”, porque sentí que habían dado un salto grande en sonido y en impronta.

Los contacté apenas me convencí que sería un buen regalo para el disco y para quienes lo tuvieran incluir “El trabajo voluntario”, canción fantasma de Alarcón, porque la compuso poco antes de morir, apenas la cantó en vivo en su última gira al norte con el elenco de Chile Ríe y Canta y no quedó grabación con su voz. Quico San Martín, vía correo electrónico, nos contó lo restante: “La creó Rolando el año anterior a su muerte y siempre como un aporte al gobierno de Salvador Allende, que ya se encontraba padeciendo el boicot de las fuerzas reaccionarias y fascistas de la derecha que desencadenó el desabastecimiento. Con esa canción llamó a participar al pueblo en la defensa de la obra del gobierno popular. Nosotros, como Los Emigrantes la cantamos junto a él y puedo asegurar que fue uno de sus caballitos de batalla en la última gira por el norte grande y chico. El pueblo que participaba de nuestras presentaciones, en cualquier lugar- escuelas, teatros, playas, etc.- cantaban junto a nosotros su estribillo: "qué lindo es ser voluntario del trabajo solidario, la Patria así se levanta y el pueblo trabaja y canta". Tenemos la foto donde él aparece en traje de baño, de pie y con su guitarra cantando en Tocopilla. Pienso que esa es una de las últimas fotos de Rolando si es que no es la última.

Otra cosa que hay que aclarar es que el ritmo era exactamente igual al que yo usé en los Estudios del Instituto Cubano del Arte y la Industria cinematográfica, en La Habana, por el año 1978, donde grabé a dúo con el músico canadiense Martín Duckler y con acompañamiento del destacado Grupo Manguaré, del Movimiento de la Nueva Trova Cubana”.


Por don Carlos Valladares teníamos una copia del tema por Enrique y Martín y se lo mandé al Emilio para que hiciera su versión. Cambió el tono del tema de mayor a menor, lo que provoca una variación en la melodía y agregó todo el arsenal de instrumentos del grupo. Creo que fueron trece los que participaron de esa maratónica grabación en Lo Cañas. El empeño y el buen humor lograron sacar la cosa adelante.

Una de las anécdotas que más recuerdo del disco fue protagonizada por ellos. Una de las integrantes tenía que tocar su parte y requería apoyo del cantante desde el estudio para que se orientara mejor. Como el asunto estaba costando le iba pidiendo cosas distintas: "Ya, cántame la primera estrofa"... "De nuevo, pero más fuerte"... "No, no tanto, no te escucho bien". La paciencia del colaborador comenzaba a desgastarse. "No, ahora sólo la primera frase"... "Ahora la primera palabra y la última nomás"... Al final llegó la reacción algo airada: "Y no querís que te cante las puras vocales también?". Fueron varios segundos de carcajadas.

Mención aparte para el pregón que agregaron los muchachos y que cierra el tema. Me lo mostraron antes de grabarlo y me preguntaron si estaba bien. Yo quedé encantado, porque calza perfectamente con el espíritu del disco y diría que con el de todos los que participamos de él.



Eduardo Peralta, “Doña Javiera Carrera”

Justo en la época en que hicimos un concierto para celebrar los 75 años de vida de Rolando Alarcón, Eduardo Peralta dedicó uno de sus Lunes Brassensianos ya clásicos en la época (y eso que hablamos de 2004) a la figura del profesor normalista. Desde ahí en adelante es muy extraño que al menos una vez al año no se toquen sus canciones en el Mesón Nerudiano, con invitados de toda índole.

Por eso era muy natural invitarlo al disco, aceptó rápidamente y en una mañana en el IPChile se mandó tres temas de una tirada: “Doña Javiera Carrera”, “Quién fuera como el gallo” y “San Pedro trotó cien años”. Después de grabar dijo “me quedo con la Javiera” y así hicimos. Al tiempo nos atrevimos a sugerirle agregar un contrabajo, para repetir esa onda que tenían varios de sus discos, que contaban con el aporte notable de Jorge Campos. Eduardo accedió y le sumamos el valioso aporte de don Roberto López.

Galo y Rodrigo, “Como el viento norte”

En la primera toma que participé, en el primer semestre de 1996, éramos un grupo no muy grande encerrado en una pieza del segundo piso de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago. Mientras unos jugaban brisca y otros temperaban el cuerpo, un flaco crespo agarró una guitarra y luego de las peticiones de temas de Silvio Rodríguez aflojó la mano y se puso a tocar cosas de Schwenke y Nilo y Eduardo Peralta, entre otros. Nos hicimos amigos de una. Era el Galo Ugarte, que pocas semanas después pasó a ser panelista del naciente Americanto y que a fin de año se escurrió y dejó el periodismo para entrar a música en la Universidad de Chile.

Mantuvimos contacto por todos esos años y supe de sus andanzas en grupos como Fraude, posterior Zahir, sus trabajos con el organillero Manuel Lizana, su musicalización de obras de teatro y sus andanzas por el tango. Pero en paralelo a todo eso estuvo inalterable el trabajo con su hermano, Rodrigo, con quienes hacen un dúo de trova de alto vuelo. Ganaron el Festival Víctor Jara de 1994 y desde entonces se presentan con bastante intermitencia y, de hecho, no tienen aún un disco “oficial”. Ambos tienen una grandeza artística y una calidez humana tan grande que para mí era evidente que tenían que estar en este disco. Cantaron en el cumpleaños 80 de Alarcón y optaron por grabar “Como el viento norte”, canción que tiene su gracia porque su autor nunca la interpretó y tiene dos versiones discográficas: la de Pedro Messone y la de Los Emigrantes, que creo que fue la que tomaron los muchachos como punto de partida para hacer su arreglo.

La jornada de grabación en Artenautas fue muy agradable y tuve ocasión de ver a Galo convertido en un director/dictador con los muchachos de vientos y cuerdas que dan un aporte fundamental al tema. Ahí el amigo de carácter afable y voz baja saca pecho y agita las manos con ímpetu para lograr la interpretación deseada. Como dato anecdótico puedo contar que unos cuatro años después de su grabación, el Galo cambió una nota de su voz cuando se terminó de armar “Coplas del pajarito”. 

Hoy el dúo está disuelto de facto. El Galo anda mostrando su primer disco solista y acompañando a Carmen Prieto y Rodrigo anda en el Quinteto del Revés y otros proyectos. Confío en que los veremos muy pronto cantando juntos nuevamente. Será volver a las jornadas en Periodismo, a las tertulias de Barco Ebrio y a recordar mil momentos de la vida de tantos, años bien ingratos para la cultura y la política, pero en las que ellos y varios otros fueron cruciales para no sentirnos tan solos ni perdidos.



Ensamble Serenata, “En el portal”

Cuando empezó el proyecto del disco le pregunté a Claudio Acevedo si Cántaro se animaba a hacer una versión de Rolando Alarcón, ya que suponía que para el Ensamble Serenata sería un lío considerando los tiempos de sus integrantes, como Hernán Jara y Guillermo Milla, que en esa época eran músicos de la Sinfónica (ignoro si lo siguen siendo). Finalmente salió todo al revés, porque los Cántaro justo por esas fechas comenzaban a lanzar su segundo disco e irse de viaje para las Uropas, así que Claudio me dijo con la bondad y entusiasmo que le caracterizan que “yo puedo armar un arreglo para el Ensamble, te aviso apenas lo tengamos”. Como el proyecto venía recién saliendo de su primera derrota en el Fondart no hice ni amago de apurarlos, pero al año siguiente el propio Claudio me avisó que tenía lista su versión para “En el portal”. 

Fuimos a la calle Clemente Fabres, en Providencia, donde Pedrotti tuvo sus estudios por corto tiempo, y la gente grabó con mucha rapidez. Caso aparte el de Milla y Jara, quienes graban sus instrumentos juntos y fueron una auténtica bala: hicieron una toma de corrido, como prueba, luego otras dos con micrófonos encendidos y sin interrupciones y finalmente se quedaron con la primera de estas últimas. Unas bestias. Este tema es uno de los que tuvieron vida antes que el disco, ya que el grupo quiso incluirlo en su CD “Por las calles” de 2010 y hasta preguntaron ceremoniosamente si había algún inconveniente con sumarlo, a lo que respondimos que obviamente no había problemas. De hecho cuando tocan la canción en vivo mencionan del proyecto, lo que no deja de ser publicidad gratis, juas. Cuando lanzamos el disco el grupo estaba en receso, pero igualmente Claudio y Mauricio Valdebenito nos acompañaron en el lanzamiento en Matta Sur y se subieron a cantar en la patota.




Rafael Manríquez, “Parabién de la paloma”

Siempre supimos que Rafael era un defensor de la obra de don Rolo, y decidimos acercarnos un verano que andaba promocionando “Que viva el canto”, magnífico disco antológico de canciones chilenas que hizo para el Smithsonian Institute y donde, de hecho, sumó canciones de Alarcón y otras que don Rolo había recopilado para un LP para ese mismo sello en 1960, cuando aún era integrante de Cuncumén. Algunos minutos de conversación en el Mesón Nerudiano (gentileza de Eduardo Peralta y sus lunes brassensianos) bastaron para ver que estábamos frente a un hombre de gran bondad.

A los meses de haber vuelto a Estados Unidos me animé a invitarlo al proyecto y aceptó tan rápido que a las pocas semanas tenía una versión del “Mocito que vas remando”. Sabiendo de la buena onda que habíamos armado le pregunté desvergonzadamente si en vez de esa canción no se animaba a hacer el “Parabién de la paloma” y, como me esperaba, aceptó inmediatamente y hasta dijo que era una de sus canciones preferidas. A comienzos de 2013 vino de nuevo a Chile y aprovechamos de grabar en el IPChile. Llegó con su guitarra, se sentó a ensayar, yo fui a comprar jugos y galletas y a la vuelta ya había terminado de grabar la guitarra, que no era nada sencilla en honor a la verdad. Después de grabar la voz pensó que sería bueno sumar más instrumentos, así que contactamos a Ignacio Hernández para que fuera al día siguiente a meter su acordeón y el Paulo se comprometió a hacer el arreglo para el bajo y las percusiones.

Cuando ya estaba de nuevo en Estados Unidos le mandamos lo que llevábamos por mp3 y respondió un simple “qué lindo está quedando este tema”. Fue lo último que supimos de él, porque pocas semanas después tuvo el accidente automovilístico que terminó con su vida. Concluimos el tema unos meses después con bastante pesar, recordando las jornadas que vivimos, el almuerzo que compartimos en el Juan y Medio y su eterna buena disposición y afecto hacia nuestro proyecto, que desde su muerte nos hemos comprometido a dedicárselo donde podamos mencionarlo.

Porfiados de la Cueca - “Cueca al Che”

Este grupo y esta canción deben haber sido de las primeras que se sumaron al disco y finalmente fue de las últimas que se grabó. Para 2006 ya habíamos gastado suficientes horas de “trabajo” con Marcelo Campos en el Colegio de Profesores hablando de música en su oficina como para no contar con ellos y como para que fuera a hacerse el sueco con la propuesta. Revisé de las pocas cuecas que tenía grabadas Alarcón y le propuse la “Cueca al Che” porque me parecía que la letra era interesante para enfantizar su rol de cantor "rogelio" más allá de lo que dice la caricatura del profesor de canciones ingenuas. Además era un texto de Fernando Alegría, personaje que quería que estuviera en el disco. Los cabros la trabajaron con toda calma e hicieron una versión en 2008. Al poco tiempo se fueron la cantante y la primera guitarra de ese entonces (Javiera y "el Muñeco" Juan Pablo Villanueva), lo que coincidió con que Pedrotti me pidiera que la guitarra había que hacerla otra vez, porque tenía un problema.

Como el disco estuvo parado un buen tiempo nadie hizo mayor asunto, pero cuando entramos en la recta final le mandé el tema a Campos y esperé varios días para que me dijera cuándo grabábamos lo que faltaba. Pasaban los días y no tenía rastros del amigo, así que en un fin de semana de paseo por la Quinta Región lo llamé. Fue un bonito momento, porque estaba cayendo la noche, se veía el mar y  Con Con desde lo alto, con la Camila (mi señora, apoyo de vida y asistente en varias cosas del disco) hablábamos de los proyectos pendientes mientras avanzaba la espera de Domingo y, como tantas otras veces, me puse a delirar con el disco y recordé que lo de Los Porfiados estaba a medio hacer. En medio de esa circunstancia tan especial llamé a Campos y oí las delicadas palabras de mi amigo: “Oye, Fomedad (así me dice de cariño por mi alegría contagiosa). Quería preguntarte si podemos hacer todo de nuevo mejor porque me da vergüenza haber grabado una hueá tan re fea!”. En realidad yo creo que le puso mucho, pero la nueva versión quedó bastante mejor, el Leo Yáñez hizo un arreglo con una introducción que aludía a “El aparecido” de Víctor Jara (también dedicada a Guevara) y le hicieron ciertas variantes a la melodía, pero que igualmente dejan la versión más parecida a la original que la primera vez.

Cuando ya estaban grabando las exclamaciones y gritos de entusiasmo de la cueca, Campos quería cerrar con alguna frase medio politiquera. Mientras analizaba cuál podía ser le pedí el micrófono a Pedrotti y le comenté “di alguna hueá como ‘Ahora y siempre, Comandante!’”. Más por el apuro de decir algo que por convicción profunda terminó gritando eso, que fue mi tercer y último aporte "creativo" a las grabaciones del disco.

Al poco tiempo de hecha la grabación se fueron del grupo el Leo Yáñez y Lushow, uno de los fundadores, así que supongo que Campos nunca más grabará alguna cosa que le pida si es que no quiere terminar cantando solo. A todo esto, “¡Feliz cumpleaños Lushow!”. 

PD: hace poco me he enterado que Los Porfiados están en receso. Espero que Campos retome las ganas otra vez, porque de creatividad nunca se va a quedar corto.



Javier Guíñez - “El alma de mi pueblo”

Debo admitir que la primera vez que oí a los Vejara me cayeron como patada en la guata. Fue a fines de los 90 en la radio de la Usach, los encontré medios espesos en sus declaraciones, encontré una ridiculez el nombre que tenían y mi oreja de tarro hizo que no me parecieran ninguna maravilla. "Qué se creen estos hueones" creo que la frase que dije delante de mi polola de la época. Me hicieron cambiar rápidamente de opinión cuando los vi en algún acto que hizo el Alejandro Stuart como lanzamiento de una exposición que armó en el Museo de Arte Popular Tomás Lago. Tocaron en formato acústico y quedé bien impresionado. Los conocí personalmente en 2006, para el “Festival de las Ideas”que armó el PC y donde Cultura en Movimiento tuvo un rol de cierta importancia. De esas dos o tres veces que los oí para el Festival ninguna me marcó tanto como en la Plaza de los Artesanos de Pirque, donde tocó un desfile de cantautores chilenos y extranjeros que en realidad ya me tenían un poco harto con su parada del consecuente revolucionario que hay que oír casi obligado porque tiene mucho que denunciar, más allá de cómo lo haga. En medio del tono sombrío que dejó buena parte del elenco, cuando los Vejara se enchufaron y tocaron “Arriba quemando el sol”, sentí ver jugar al Barcelona después de haber estado una tarde pegado al CDF.

En esa época hicimos algo de amistad dentro de lo que se puede con Javier Guíñez, tipo de una amabilidad extraña, respetuoso, atento y muy generoso y chistoso cuando entra en confianza, pero de difícil acercamiento inicial. Fueron un par de veces al Americanto, tratamos de hacerle un concierto de Activarte como parte de los artistas que nos parecía que merecían mayor apoyo de producción y siempre estuvo la idea de que participaran del disco. Después de dudas para elegir la canción (en un momento optaron por “Duerme el guerrillero”) se quedaron con “El alma de mi pueblo”, pero el tiempo pasó, yo nunca los apuré, y cuando me decidí a cerrar el disco el Lucho Barrueto se fue a Brasil. Ante ese escenario Guíñez no se hizo tanto lío y me propuso grabar solo, opción que me satisfacía mucho porque su disco“El eje del mal” (en el que toca todos los instrumentos, grabó, mezcló, masterizó e hizo el diseño y el material multimedia) me pareció un gran trabajo. Cuando hablamos por fono me dijo “en unas tres semanas lo hago” y yo dudé, ya con cierto carrete de escuchar promesas de músicos atareados. Diría que al final me mandó el tema completamante listo antes de las tres semanas. No me aguanté la curiosidad y lo escuché con mi celular apenas llegó. Debo decir que me emocionó profundamente y de hecho sentí que tenía que ser el tema que preparara el final del disco antes de “Si somos americanos”, ya que ahí estaba resumido mucho de lo que yo quería que hubiera en el disco, la actualización de un tema no tan conocido y un sonido novedoso desde el cruce de instrumentos folklóricos con rockeros y hasta algunos sampleos. Además había un mensaje elegantemente político y el rescate de la sensación inquietante que dejan muchas de las canciones que se hicieron por 1971 o 1972 (por Alarcón y otros), donde había un ambiente de triunfo algo melancólico o desconfiado.

Alarcón murió en febrero de 1973, con apenas 43 años, pero con la historia política a medio terminar no alcanzó a saber las brutalidades que pasaron después y las pellejerías que vivieron muchos de sus hermanos de canto. En ese sentido la grabación de las últimas palabras de Allende que Guíñez suma hacia el final del tema entregan un desenlace oportuno a todo el disco y repiten un mensaje (“tengo fe en Chile y su destino”) que mantiene una triste vigencia.



Cantamérica, “Si somos americanos”

- “Bueno, Pepe, y recuerda que hay que hacer la grabación para el disco de Rolando”.
- “Qué bonita idea esa del disco, pero en verdad no creo que pueda volver a cantar”.
- (reto colectivo) “Pero cómo se te ocurre decir eso, si ni te vas a dar cuenta cuando estés arriba del escenario de nuevo”.

Todos los que estábamos en la pieza del hospital de la Fundación López Pérez pensamos que José Luis Hernández exageraba por un decaimiento temporal, pero tenía toda la razón y parece que él lo tenía mucho más claro que todos. Cuando tuvimos esa conversación le quedaba una semana de vida. Pese a todo tenía un buen semblante y uno, por eso, creía que sería posible verlo cantar de nuevo.

Sentí profundamente su partida, porque fue uno de los más generosos y entusiastas cercanos a Rolando Alarcón que me apoyó en cuanta cosa quise hacer y porque, bueno, tenía que estar en ese disco. Acá escribí algunas cosas pocos días después de su muerte. 

Como pasó muchas veces en este proceso las cosas ocurrieron solas. Fui a reportear Olmué 2009 para la Nuevo Mundo y ahí estaban los Cantamérica, grupo de Pepe Hernández, para defender “Si somos americanos” en esa prueba absurda de "La canción chilena de todos los tiempos". Ellos, con el Pepe como solista, habían defendido “Niña sube a la lancha” en Viña 2000 y ahora estaban ahí por petición de Enrique, hermano de Rolando, quien apreciaba mucho a Pepe Hernández y buscó al grupo pese a que él ya había fallecido. Llegué al Patagual en la tarde justo cuando cuando los Cantamérica hicieron su primera prueba de sonido. Por mi parte tenía varias sensaciones cuando los vi preparándose porque todavía no sacaba el libro, me sentía en deuda con Alarcón y sabía que los Cantamérica no pasarían ni a palos a la segunda fase de un concurso que se definía por votación del público. Al lado de Isabel Parra, Manns con algunos de los Inti Coulon, Katherine Orellana o Pedro Messone estaba claro que tendrían pocas chances.

Más allá de eso tenía muchas ganas de escucharlos así que me senté y alcancé a saludar a Jaime Hernández, integrante del grupo y hermano del Pepe, mientras armaban los micrófonos. Había un detalle que yo no entendía pero que él me aclaró poco antes de que cantaran. Los Cantamérica eran cuatro pero habían pedido cinco micrófonos; el del medio estaba desocupado y en un momento pensé que era porque vendría alguien más a cantar en la noche. En medio de la cháchara le dije:

- Me alegro que los hayan elegido a ustedes a cantar este tema, más sabiendo cómo quería el Pepe a Rolando”.
- Por supuesto, para nosotros era imposible decir que no. Y por eso pusimos el quinto micrófono, para que el Pepe nos acompañe esta noche y estemos los cinco”.

Con todas esas emociones mezcladas era un poco lógico que se me escaparan las lágrimas incesantemente mientras duró toda la canción. Me pasó lo mismo cuando cantaron en la noche del festival y me dio lo mismo que no pasaran a la fase final (acá otra cosa que escribí en esa época). Me sentía enormemente orgulloso (sin tener monos que pintar) de que Alarcón hubiera sido defendido de esa forma en el Festival y desde entonces supe que esa versión sería el broche final del disco. 

Como con muchos de los temas planeados desde temprano, pasaron sus años antes de concluirlo, pero cuando le comenté a Jaime que ya quería cerrar el disco, los cabros de Cantamérica se acomodaron como pudieron y lograron sacarlo en pocas semanas, con la grabación de don Claudio González, uno de los integrantes, mientras tenían algunas ventanas de los ensayos del Bafona. En un momento quise incluir la voz del Pepe como introducción a este tema pero al final desistí. Creo que el mejor homenaje es hacer como en Olmué, sumándolo al elenco del grupo en los créditos del disco, porque quizás no se escucha muy fuerte pero en todas estas oportunidades ciertamente estuvo cantando con ellos.

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Bueno, esas son las historias de este proyecto. Van los discos subidos por un amigo a Youtube por si alguien quiere escuchar todo de corrido.





junio 03, 2016

Las historias de “Tenemos las mismas manos”, capítulo IV: Las canciones, del 17 al 24



Mosquitas Muertas - "Mi abuela bailó sirilla"

Cuando empezó todo esto la idea fue participara La Mano Ajena y con otra canción, porque Mi abuela bailó sirilla la tomaría otro grupo, que al parecer ya no sigue tocando. Pasaron los años, el disco se estancó, La Mano Ajena entró en receso, nos perdimos de vista con el amigo Latorre (otro de los grandes valores que conocí en Musicología) y de pronto irrumpieron Las Mosquitas Muertas, grupo rock dedicado a niños. Cuando ya me convencí de que los otros amigos no podrían hacer el tema me tenté con ofrecerles la abuela que bailaba sirilla, aprovechando que es un tema muy interpretado en los colegios y que tiene una cosa medio lúdica que le gusta a los niños. Ellos aceptaron de inmediato y nos fuimos por un tubo. No debe haber pasado un par de meses cuando estábamos en Lo Cañas grabando el tema, que tomó su tiempo porque eran varios instrumentos y la afiebrada cabeza del director Latorre hacía que se le ocurrieran cosas nuevas cada vez que escuchaba cómo iba quedando. Dentro de las experiencias de vida del disco, agradezco a Las Mosquitas haber conocido el theremin, mágico instrumento del año de la cocoa que alguna vez vi tocado en vivo por la Mano Ajena pero que escuchar a un metro de distancia es otra cosa. La jornada terminó tarde y cerramos bajando en la mágica combi que tenían las Mosquitas, una Wolkswagen celeste del año del Ñauca que será muy mágica pero no era infalible y casi nos deja tirados a medianoche por Tobalaba con Quilín. Al final la maquinita aperró, a mí me dejaron en el centro y la aporreada combi pudo llegar sin dramas a la parada final en Maipú.


Guillermo García - "Paloma mía"

Una de las canciones que quería que estuviera a toda costa en el disco era “Paloma mía”, escrita por Alarcón para un teleteatro de tantos de los que dirigió su amigo Sergio Riesenberg y que contaron con su colaboración musical. Pese a que era más bien desconocida, siempre me gustó la melodía y la guitarra principal, que don Carlos Valladares me contó alguna vez que la ejecutó Jorge Muñoz, maestro de la guitarra que tocó en Los Patricios y acompañó en algunos discos a Jorge Yáñez.

Con Guillermo García somos amigos hace más de una década. Es responsable de que haya producido mi primer concierto en 2002, cuando vino a Chile a ver a su familia y terminó lanzando su disco por idea mía. Desde la reagrupación de los Quilapayún en 2003 vino prácticamente todos los años y de todas las veces que nos juntamos nunca me animé a invitarlo al disco, para que no pensara que estaba aprovechando la amistad para embarcarlo en algo más bien incierto o para no sobrecargarlo con la pila de cosas que hacía y hace en Bélgica. Hace unos cinco o seis años le comenté del disco y a modo de broma me dijo “pa que invitai pos”. Un pensamiento salió rápidamente de mi cabeza: “cagó este hueón”. Creo que el Ismael Oddó le llevó el cd con las canciones en un viaje que hizo a Europa y al tiempo me mandó un mail diciendo “hay dos que están dentro de lo que me gustaría hacer: ‘Piel de niña’ y ‘Paloma mía’”. Yo lo alenté de inmediato a hacer la segunda y la grabamos cuando vino en 2010 en Madreselva, donde el querido Alfonso Pérez, porque Pedrotti en esa época estaba sin estudio. Estuvimos una mañana y nos acompañaron Richard y Nelson de Ventiscka. Richard aportó con unas guitarras de apoyo y Nelson me recordó a Bombo Fica en sus comienzos, cuando entraba con el instrumento al escenario, contaba una pila de chistes y remataba diciendo “Y del bombo les hablo la próxima semana”. “Lo traje a puro huevear”, remató sabiamente Nelson, luego que Guillermo decidiera no ocuparlo. Y hay que decir que es bien grandecita la cuestión..

Romina Núñez - “Yo canto a la libertad”

Inicialmente la eligió Mauricia Saavedra, pero cuando tuvimos que pedirle que hiciera los versos de entrada el arreglo que tenía hecho Paulo quedó sin intérprete. Una mañana de enero de 2015 le preguntaba a él cómo podríamos resolverlo y me dijo “la Romi, tiene la voz indicada para el tono en que está y yo he trabajado en festivales y cosas así y es súper profesional”. Le manifesté mis dudas porque estábamos un poco apurados y era complejo sumarla tan a la rápida. “Nah hueón, si es tu amiga. Te invitó a su matrimonio pos!”, remató sabiamente Albornoz.

Efectivamente con ella nos conocemos desde que era Cuncumén y siempre mantuvimos comunicación en todos estos años. Me asesoró largamente en un asunto personal hace una década, trató de hacer de celestina en otro momento, he tratado de ayudarla en algunas cosas de difusión cuando he podido y ahora hablamos de aventuras de padres porque tenemos hijos con bastante poca diferencia. Así que la llamé un miércoles y aceptó de inmediato, el jueves le mandé la versión de don Rolo y el arreglo que tenía avanzado Paulo, el sábado me mandó una maqueta con su interpretación y el lunes grabamos en Lo Cañas a una velocidad extrema.
La elección fue además muy indicada porque ella con el Pancho, Galo con el Rodrigo, el Tato, los Ventiscka y Guíñez fueron los más persistentes acompañantes en todas las presentaciones del disco. Después caímos en que tenía varias coincidencias con don Rolo, como haber sido ambos cuncumenes, profesores de música y nacidos el 5 de agosto, así que salúdenla con confianza.



Bizikleta - “El último trolebús”

Cuando volvió a Chile luego de varios años por las uropas, Sebastián Seves acababa de grabar el último disco de Cántaro y venía muy entusiasmado por el proyecto de Bizikleta, que tenía con Rodrigo González y del que acababa de salirse Simón González. Yo, por mi parte, seguía pensando en los discos de poemas de Alarcón que no estaban incluidos en la selección de canciones del disco, así que confiado en carácter amable y en el sentido del humor del Tato le pregunté si le interesaba estar y si quería tomar algo del disco de poetas soviéticos que hizo Alarcón para Dicap en 1971. Luego de escucharlo atentamente, me respondió que el que le parecía más adecuado para su grupo era “El último trolebús”.

Yo coincidía con que el tema era probablemente el más logrado, pero teníamos el “pequeño inconveniente” de que era uno de los pocos temas en que Alarcón no había participado en la composición, ya que el texto y música era de Bulat Okudzhava. El asunto me hacía problemas porque era un disco que tiene de subtítulo “Canciones de Rolando Alarcón” y había una que no era suya. Como suele hacerse en estos casos, hice un meticuloso trabajo de autoconvencimiento de que no tenía nada de malo, que finalmente 30 de los 32 temas era de Alarcón, que en cuantos discos tributos a los próceres chilenos no había canciones del folklore o de otros autores, que lo que importaba era la interpretación, que el arreglo de Advis le había dado una personalidad muy propia a la versión de Alarcón. Incluso busqué en Youtube la versión del autor original para darme argumentos. No vamos a decir que me convencí pero al menos ya tengo unas pocas ideas para echar mano si alguien me lo pregunta alguna vez, cosa que no ocurre hasta hoy.



El tema se hizo gracias a la magia de la tecnología, porque Rodrigo y un muchacho francés llamado Gael grabaron prácticamente todo en Francia y Tato se fue al IPChile a sumar su voz. Él es profe allá y por eso la grabación se hizo con tal distensión que un alumno suyo que hacía de ayudante técnico no tuvo empacho en decirle que “usted de los que ha dado más jugo de todos”, por una frase que se grabó un par de veces. He preferido ni enterarme de la suerte de ese pobre muchacho. La interpretación en vivo, con guitarra y el contrabajo de Felipe Martínez, se ha convertido en una de las favoritas de varios conocidos que fueron a las presentaciones.








Sankara - "Canción de Juan el Pobre"

Apenas conocí al grupo Merkén, y gracias a ellos al dúo Sankara, supe que tenían que estar en el disco, porque eran de los últimos conjuntos que había conocido que tenían interés en rescatar la forma del ensamble latinoamericano y recuperar cierta estética de la Nueva Canción (actualizada, por cierto). Además, en su trabajo de taller y tertulias en la casa de Santa Elvira vi un sentido colectivo y comunitario que me emocionó mucho y me dio cierta envidia (desde mis años universitarios que quise ser parte de algo así). Todo eso supuse que empalmaba perfecto con el disco que estaba haciendo, así que les propuse a Felipe y Fernanda en un recordado almuerzo en el que conocí de los encantos del higienismo y me dijeron que como Merkén estaban muy complicados de tiempo pero que el dúo Sankara se animaba feliz a la aventura. Escucharon el disco, eligieron la “Canción de Juan el Pobre” (finalista del Festival de la Nueva Canción Chilena en 1969) y a las pocas semanas hicieron una grabación en el IPChile.

Como pasó con Pancho Miranda Banda, optaron por usar la versión que registraron para su segundo disco, que fue parte del Proyecto Germen de la Usach, porque les parecía más madura en interpretación. Más de alguien me ha preguntado si eso me hace algún tipo de problemas (que las canciones pensadas para el disco se usen en discos de los artistas antes de que salga editado el colectivo) y yo respondo que obviamente que no, básicamente porque me he demorado tanto en hacer esto que no tengo cara para impedir que los músicos ocupen lo que ellos hicieron a cambio de un fuerte abrazo. Además, desde el fatalismo que me ha acompañado por años, pensaba que si el disco no salía nunca igual quedaría parte del esfuerzo en algunos de los cd de los artistas. Además, hay que ser un poco rayado para creer que todo Chile conocerá este disco, así que cualquier intento extra vale por proyectar el legado de Alarcón, que es el objetivo central de todo el proyecto.



Héctor Pavez Pizarro - "Esquinazo del guerrillero"
Hubo dos canciones de Alarcón que yo siempre quise que cantara Héctor Pavez. Uno era “Se olvidaron de la patria”, homenaje a los mineros de El Salvador fallecidos en una huelga de 1966, y “Esquinazo del guerrillero”. Cuando lo invité al disco ya teníamos varios años de conocernos y él ya había hecho su espectáculo “Jara, Pavez, Alarcón”, que incluso le produjimos alguna vez con Activarte en el Ical. Estuvo con todo éxito en los 80 años de Alarcón y cuando avanzamos en la grabación del disco le mandé el “Esquinazo” para ver si se animaba, cosa a la que accedió sin problemas.

Llevó al IPChile a Roberto Padilla, tremendo músico que grabó las guitarras, el bajo, la quena y cualquier otra cosa que suene en esa canción. El tema es para mí un aporte especial del disco, porque el “Esquinazo” encuentro que tiene una melodía muy llamativa y que en la versión de Alarcón no fue tan explotada, en parte porque se grabó en un disco colectivo de escasa difusión y también porque su interpretación está un poco “descuadrada” o “corrida” para hacer calzar algunos versos. Pavez la ajustó con todo cuidado y creo que ayudará significativamente a que el tema tenga algo más de reconocimiento popular. Esta canción tuvo su momento internacional, porque alguna vez la grabó Joan Baez, para su legendario disco “Gracias a la vida”, dada su amistad con el escritor Fernando Alegría, el autor del texto. Más antecedentes de esa historia pueden encontrarlas en la biografía de don Rolo.



Alexis Venegas - "Mocito que vas remando"
En el Año Nuevo de 2009 o 2010 prendí la tele tratando de dormir y vi unas sesiones que hacía Chilevisión con músicos chilenos que adaptaban clásicos populares a una onda swing, jazzera o cómo se llame. Apareció Alexis Venegas adaptando a 4/4 el “Mocito que vas remando” con una onda bien especial. Poco después me lo encontré en el Festival de Olmué de 2010, donde defendió las canciones de Clara Solovera junto a Carmencita Valdés y el arpista José Veliz. Después de cantar estuvo conversando con los Inti Coulon que defendieron con Pascuala Ilabaca las canciones de Víctor Jara y se quedó un rato sentado. Le hice un par de preguntas para la Nuevo Mundo y cuando ya entramos en confianza a punta de Fantas le consulté por el arreglo del “Mocito”. Me dijo que era idea del canal pero cuando le pregunté si le tincaba grabarlo se entusiasmó de inmediato. Guardé su correo, teléfono, mantuvimos cierto contacto por Facebook pero no me animé a recordarle el tema.



En 2013, sin embargo, un grupo que se había animado a hacer el Mocito tuvo problemas de fecha para hacer la grabación y me acordé de todo lo que hablé con Venegas y muy desvergonzadamente lo llamé para hacerle cumplir la palabra que había empeñado hace tres años y de la que me imagino que ni siquiera se acordaba. No sólo se acordaba perfecto, sino que dijo que en un mes podía tener el tema grabado. El único problema era que había que convencer a su productor musical de entonces, Roberto López, tipo rudo según se decía. Para mi fortuna López había sido parte de un equipo de futbolito que tuvimos con Albornoz, Seves, Simón González, uno de los Barrueto de los Vejara, el vientista Nicolás Ortiz (Antara, Eli Morris) y otros próceres de las artes. Siempre he dicho que la pichanga me ha abierto muchas puertas y esta fue una de esas ocasiones. Hay hartas fotos de la grabación que muestran a López con unos lentes oscuros impresentables para estar en un lugar con luz artificial y otras de Albornoz mostrando toda su sutileza tocando semillas de percusión. Alexis llegó volando porque había ido a cantar temprano para el Día de la Mujer en la Posta Central o un lugar así y después se iban con López a la Quinta Región a otro concierto por la misma festividad. Quizás por eso salió todo de una tirada y con una mezcla perfecta entre camaradería y profesionalismo. Cuando escuché el tema pensé que si tuviera que hacer singles “radiables” para el disco ese debería ser uno de ellos. Así lo hice cuando decidí incluirlo en los compendios de Portaldisc, esperando que sonara en alguna parte, con resultados más bien desalentadores.




Amaru - "América nuestra"
Alguna vez llegué a la conclusión que muchas de las cosas que he hecho desde que entré a Periodismo en adelante sirvieron de algún modo para este disco. Los Amaru, por ejemplo, los conocí en ese engendro extrañísimo que era un grupo de conversación en Yahoo sobre el Quilapayún, donde fueron a dar coleccionistas, músicos, profesores y gente de muchos lados del mundo. Hicimos dos juntas con Ricardo Venegas en 2000 y 2001 y ahí pude ubicar a Gonzalo Vargas, con quien mantuve contacto cuando empecé a hacer el Americanto y me enteraba de las actuaciones de su grupo. Tipos de una calidez impresionante, tanto él como Raúl Céspedes se embarcaron de inmediato en esta historia y me sorprendieron con la elección del tema que quisieron versionar: “América nuestra”, canción que fue parte del teleteatro “Sopa de pollo con cebada” y que es más bien desconocida.


Ellos hicieron un muy lindo arreglo vocal y un dúo de quenas al más puro estilo nuevacancionístico sobre un ritmo de rasguido doble, muy usado en Argentina. Se grabó durante una tarde/noche no tan extensa pero en algún momento dio hambre colectiva. Fuimos al supermercado de Chile España con Irarrázaval con Gonzalo mientras me hablaba de lo que bien que les había ido en la gira a China y de lo contento que los tenía el nuevo integrante que acababan de sumar pero que no había participado de la grabación. Me explicaba que se había integrado muy bien y que ya no tenían los problemas que vivieron con el músico anterior, quien les había dado muchos problemas y especialmente en China no se había comunicado bien con ellos. Por unos pocos meses el famoso “Antares de la Luz” estuvo a un paso de ser parte de este historiado disco.

El Amaru sacó otro CD en 2008 y se disolvió poco después cuando el estimado Rodrigo Faulbaum se fue a hacer clases al sur. Por eso, este disco tiene la pequeña gracia de contener un tema inédito de un grupo lamentablemente disuelto. A través de Max Zegers pude reencontrarme con Raúl Céspedes, a quien le di algunos discos para que le enviara a Gonzalo y otros muchachos. Por las fechas en que presentaba su disco “Madejas para guitarra” Raúl me comentó que Gonzalo estaba delicado de salud. Falleció pocos meses después por un cáncer y no alcancé a saber sus comentarios del disco, cómo iba su vida como técnico de los Inti Illimani, cómo estaba él, en fin. 

mayo 27, 2016

Las historias de “Tenemos las mismas manos”, capítulo III: Las canciones, del 9 al 16



Verónica Lepe y Paulo Albornoz - "El árbol de la noche triste"

Cuando Paulo empezó a colaborar en la parte de la producción musical del disco, prácticamente decantó de manera natural que hiciera un arreglo. Dijo que lo haría con su entonces polola y hoy esposa, Verónica Lepe, mujer de bella voz que más de una vez se ha lucido en guitarreadas con celebridades pero que nunca se animó a hacer presentaciones. Ojalá la grabación sirva de impulso para tomarse la cosa con un poco más de continuidad.

El tema elegido es de los que mutó de manera considerable. Alarcón lo hizo en México durante la gira que hizo con el elenco de La Pérgola de las Flores (donde actuaba de músico y extra) y tenía originalmente cierta idea de huapango. De hecho, está inspirado en un árbol con ese nombre que existe en ese país. Paulo le dio unos toques de tonada y estuvo meses (puedo dar de fe de eso, fueron MESES) puliendo detalles y decidiendo qué hacer en el interludio, si meter algún instrumento o no. Finalmente optó acertadamente por incluir el violín y en los tramos finales se decidió a incluir más voces en los estribillos, doblando la de la Vero y sumando la suya. Comenzamos grabando en el IPChile y cerramos en el trecho final de todo el disco en Lo Cañas, haciendo estos ajustes y sumando el bajo de don Roberto López.

Cuando hicimos el “último” concierto del disco, en la Sala Master, el amigo Mauricio Gutiérrez cantó un tema y eligió justamente este, con su interpretación pero con algunos elementos que claramente venían de la versión de Paulo y la Vero. Una de las ideas del disco era esa, que las canciones comenzaran a cobrar nueva vida en muchas más versiones que las que se grabaron, así que escucharla fue un alegrón muy grande.



Los Republicanos - "No pasarán"
Cuando ya estaba el disco prácticamente resuelto en cuanto a la idea y los temas seleccionados, opté por matar dos pájaros de un tiro. Primero, incluir algún tema del repertorio de la Guerra Civil Española, que aún hoy mantiene vigente el nombre de Alarcón en varias partes del mundo. Era lógico que el grupo más adecuado para cantar algo al respecto eran Los Republicanos, tanto por el nombre como por su cercanía con estas temáticas. De paso, aprovechaba de incluir en el disco a Ricardo Silva, uno de los amigos con el que hemos estado metidos en más proyectos y tonteras varias en ya más de una década.

La canción la tomaron un poco “a dedo”, porque si bien les dije que podía ser cualquiera de la Guerra Civil, les dije que el “No pasarán” sería mejor porque, según los créditos del disco, era el único de autoría de Alarcón. De eso, en todo caso, duda hasta gente muy meticulosa como los amigos de Cancioneros.com, quienes dicen en su web que es “tradicional”.

Hicieron al comienzo una versión bien interesante, con cierta solemnidad de Nueva Canción pero con sus instrumentos (acordeón, guitarra, bajo, batería), lo que daba una mezcla bien potente, con una décima aportada por ellos en el medio del tema. Pero la ausencia de uno de los integrantes en la grabación y otros asuntos hizo que nadie quedara muy convencido de la primera toma que se hizo. Por eso partió todo el lote a Lo Cañas un año después de esa jornada y yo llevé hasta unos pastelitos comprados en un glorioso local de calle El Hualle, por si la tanda salía larga. En la segunda versión hicieron una cosa entre foxtrot, corrido y charleston que quedó harto más chasconeada y se llevó todo aire de Nueva Canción y hasta la emocionada décima que escribió el Raúl. Justamente a él me lo traje de vuelta desde Lo Cañas y al ver su cara de extrañeza y notar sus pantalones completamente manchados de blanco recordé que no había bajado los pastelitos que había llevado para la grabación. Desde entonces Raúl habla de sus jeans pasados a pie de limón.

Al comienzo del tema Ricardo Silva dice un término amexicanado que, aunque me insista que dice otra cosa, yo escucharé toda mi vida como “Chiguayante”. Saludos a Chiguayante, entonces. Merecido homenaje, y grande guatón!.

Omar Lavadié y Rodrigo Ratier - "Coplas del pie"

En algún momento pensé que un objetivo de este disco era que hubiera temas de la mayor cantidad de LP posibles de don Rolo. Pasaban los artistas invitados y me daba un poco de lata que no hubiera nada de las “Canciones desde una prisión”, musicalización de un poemario de Leonardo Castillo, escritor argentino que narra su paso por las cárceles de la dictadura de Onganía. De ese LP había dos temas que me hubiera gustado que se grabaran: las “Coplas del toro vuelto” y “Coplas del pie”. Luego de un intento fallido con un amigo sobrepasado por su agenda que iba a cantar las del toro, sugerí a Omar Lavadié (vocalista de La Flor de Orquesta y cantante de tangos, latin jazz y lo que pase por el lado) que se animara con las “Coplas del pie”, que tiene ritmo de zamba. Como Omar viene de Punta Arenas (con varias participaciones en el Festival de la Patagonia en el cuerpo) intuía que no le sería complicado abordar el tema, cantado solo con el pianista con quien solía presentarse en un importante casino del que no podemos decir el nombre pero que queda casi en Paine. Finalmente ese músico no pudo sumarse por problemas de agenda, pero Lavadié hizo una pirueta notable y sacó del sombrero una solución aún mejor: invitar a Rodrigo Ratier, pianista y compositor argentino radicado en Chile hace casi dos décadas y especialista en tango, jazz y folklore. En una tarde armaron el arreglo para piano y voz y bastaron dos tomas en Lo Cañas (que hicieron sin repetir ni equivocarse y grabando ambos a la vez) para cerrar el asunto. Como licencia hicieron leves variaciones en la melodía de la segunda estrofa, pero creo que mantiene toda la idea del tema. Fue casi de chiripa, pero me parece que lo intimista del elenco y del arreglo le da un matiz al disco que no estaba hasta ese momento.

La Chinganera y Manuel Sánchez - "Cueca del amor"

El tema tiene bastante valor porque es prácticamente desconocido por el público. Di con él por un single que tenía don Carlos Valladares en una versión más bien rústica de Isabel Parra.

Muchos años después el amigo Víctor Tapia compró un single de Margarita Alarcón, creo que en Chillán, donde venía el tema con piano, contrabajo, en fin, más cuidado. La Chinganera, sin embargo, lo eligió sin siquiera haber escuchado la música, buscó las cuecas que tenía Alarcón en algunos cancioneros y lo tomó porque el texto le pareció adecuado. Después de eso le envié la versión de Isabel Parra, la única que tenía en ese momento.


De alguna manera podemos decir que este disco también es un damnificado del terremoto y tsunami del 27 de febrero de 2010. En medio de toda la catástrofe que vivió el centro/sur de Chile en varios de sus pueblos costeros, una de las cosas que se llevaron las olas de la Octava Región fue el computador de La Chinganera que tenía la grabación que había hecho con guitarrón meses antes en la casa de Javier Guíñez y a la que le había agregado instrumentos de algunos músicos de la zona.

Cuando ya estaba instalada en Santiago y había comenzado su trabajo con Manuel Sánchez hicieron una versión juntos, con el guitarrón de Manuel, la guitarra y bombo de La Chinganera y la participación fuera de micrófono de la Amparito, tercer hijo de la Chinganera que esperó pacientemente las horas de grabación y dejó bellos recuerdos gráficos en mi libreta de apuntes. Creo que fue la primera o segunda canción que hicimos en el IPChile, al que nunca dejaremos de agradecer.





Ventiscka - "El hombre"

Junto a las canciones más conocidas de Rolando Alarcón, era muy raro para mí que un disco que resumiera su carrera no incluyera una versión de “El hombre”, canción con la que ganó Viña en 1970. De modo medianamente dedocrático se lo planteé a Ventiscka, grupo que vi muchas veces en diversas actuaciones y que sentía que haría un montaje en la onda “Nueva Canción” en que estaba hecho el tema. Richard Beltrán, director del grupo, aceptó de inmediato pero pasaron unos pocos meses hasta que estuvieran listos para grabar. En un momento pensé que no iba a salir, pero llegaron con un delicado trabajo realizado a medias entre Richard y Claudio Largo (ex Illapu y Punahue y en ese entonces integrante del grupo). El tema salió en menos de una mañana, que se pasó volando con las tallas del Nelson y sus logradas imitaciones de los más conspicuos integrantes de la Nueva Canción Chilena.

En el estribillo el grupo quería recrear las voces de Los Emigrantes con zampoñas pero al Richard no le salía con la agilidad que buscaba, porque los tubos que debía soplar estaban a cierta distancia. Aprovechando mi “vasta experiencia” de zampoñero y todo lo aprendido en mis clases con Eric Maluenda en 1991 dije “pero mejor que toquen pareados pos, una zampoña el Richard y otra el Nelson”. Pareció que hubiera dicho una fórmula química, casi que me abrazaron. Fue mi segundo y penúltimo aporte creativo durante las grabaciones del disco.

Tomás González - "El trigo"

Con Tomás González hicimos cierta afinidad cuando acompañó a Patricio Manns en el Festival de Olmué de 2009, que yo andaba reporteando acreditado para La Hora pero juntando material para la Nuevo Mundo y en verdad conociendo el tema para mi tesis de musicología. Luego de entrevistarlo en el Americanto en 2011 y de escuchar su disco “Lengua muerta” tenía muchas ganas de que estuviera en este proyecto. Cuando se lo planteé aceptó de inmediato pero el montaje del tema no fue tan inmediato que digamos. Le pasé el famoso cd con los mp3 de don Rolo y después de varios meses de apretadas (muy amables, por cierto) diría que llegamos a una lista reducida de posibles, propuesta por él, después de una función de una obra de teatro en la que él colaboraba en el montaje y componiendo la música. En Chucre Manzur, ya bien entrada la noche, escuché nuevamente sus risotadas cuando afinamos el asunto y concluimos que el tema debía ser “El trigo”, que trabajó minuciosamente. Luego de grabar las voces y algunos efectos en el IPChile siguió armando el asunto en su casa, invitó a su amigo Guille Arancibia a sumar un bajo y entregó todo listo. También es de los temas que, pese a no variar su melodía, tiene una auténtica reinterpretación de la canción y diría que incluso tiene mayor sentido entre el arreglo y el texto que en el original.

Max Berrú - "La canción de la noche"

Lo sumamos para el segundo Fondart, aprovechándome nuevamente de la gentileza de don Max que mucha gente le conoce (una década antes me había prestado unos valiosos vinilos de música ecuatoriana, pero dejo constancia que se los devolví intactos). Apenas pensé en él entré en la obsesión de que su tema tenía que ser “La canción de la noche”, una de mis favoritas de Alarcón y que a mucha gente le gusta, pese a que no es tan conocida al lado de sus "clásicos". Como él tenía la banda de los Insobornables y le daba a los bronces y la onda mexicana pensé que la canción podía entrar perfecto en ese mundo. Lo mismo creía Raúl Céspedes, uno de sus más fieles acompañantes y quien fue clave para asegurar la participación de Max (él conocía el proyecto porque años antes había grabado para el disco con los Amaru). Fue una de las primeras grabaciones que hicimos en el IPChile y nos vino de perillas porque don Max entró casi como estrella de cine. Bajaron autoridades exclusivamente para saludarlo y él lució todo el encanto que ha desparramado por el país desde hace más de 50 años. Sus hijos Tocori y Cristóbal llegaron para apoyar la grabación y este último alcanzó apenas a grabar las dos trompetas antes de salir corriendo para volver al trabajo. La foto que le sacamos a Max con el bombo y que está en el librillo es una de mis favoritas, porque refleja su sensibilidad y calidez.

Pancho Miranda Banda - "Camarada Elías Lafertte"

Cuando Pancho Miranda fue (calzado) invitado para ser parte del disco era parte del grupo Triburbana. Yo sabía de su existencia por un compañero de diario que era su amigo del barrio y me contaba algo de su onda. Sinceramente no recuerdo si había escuchado al grupo antes de sumarlo al disco, pero como vi que Pancho era pololo de la Romina Núñez (en esa época integrante del Cuncumén) pude conocerlo algo y me cayó bastante bien. Se sumó de inmediato al proyecto y yo estaba hecho unas pascuas porque tendría un ingrediente rockero pero con conocimiento del folklore que garantizaba algo mejor intencionado que tanta cosa insípida que da vueltas en tantos discos tributos de los que es mejor ni acordarse. Pocas semanas después de que le pasé el cd con los MP3 de la discografía de Alarcón me llamó a la casa (cómo será de viejo el disco que empezó cuando la gente se llamaba por teléfono a la casa). Su voz era amable pero algo dura, al parecer venía con una propuesta complicada:

- “Manuel, escuché mucho el disco que me pasaste y tenemos el tema elegido”
- “Ajá”
“Pero quiero que sepas que es el tema perfecto para el grupo, así que si ya lo tomó alguien o a ti no te parece para nosotros será muy complicado y diría que no podríamos participar del proyecto”.

A esa altura yo ya estaba muerto de miedo, y no tenía muy claro por qué
- "Este… ya… dime entonces…”
-“Queremos cantar…”
-…
-“Camarada Elías Lafertte”.

No sé si será necesario explicar que nadie, nunca más en todos estos años, ha siquiera nombrado remotamente la canción a Elías Lafertte, incluida en uno de los discos más desconocidos de Alarcón y prácticamente desaparecida de la memoria popular. Obviamente no le puse ningún problema y se largaron con el tema. Pasaron algunas cosas entre medio, como que el grupo se separó y Pancho se largó con un proyecto que lleva su nombre. La Romina pasó a ser la bajista, tocaron en el concierto por los 80 años de Alarcón en el ICAL y pocos meses después grabaron el tema en Artenautas con Pedrotti. Sin embargo hicieron después otra versión para su primer disco, “Tiempos modernos”, y finalmente fue la toma que usamos porque a ellos les dejó más conformes, en gran parte porque ya tenían un año más de “carrete” con el tema.



Bueno, luego de toda la historia hay que darle la razón a Pancho, el tema estaba perfecto para su sonido, le hizo algunas variaciones en la melodía para entrar en su onda y verdaderamente parece un tema nuevo, muy vigente además para mostrar una figura un tanto olvidada del sindicalismo chileno. La versión de Alarcón está en “El alma de mi pueblo”, disco que, comentario al margen, creo que fue en el que logró sus textos más acertados, dentro de su siempre sencilla manera de componer. Si lo pilla en internet échele una oída, vale bastante la pena.



Con ese tema cerramos el primer cd, porque su sonido es suficientemente enérgico para dejar la cosa bien arriba y también porque, finalmente, no fueron tantos los amigos de sonido rockero que participaron del disco, así que hubo que repartirlos bien estratégicamente.

PS: sólo cuando terminamos de diseñar el disco con Raúl aprendí que el apellido del señor era Lafertte y no Lafferte. En fin.

mayo 13, 2016

Las historias de “Tenemos las mismas manos”, capítulo II: Las canciones del 1 al 8


Mauricia Saavedra - Versos por Rolando Alarcón:
Inicialmente la invité a que cantara un tema de don Rolo y ella eligió “Yo canto a la libertad”, que tiene su historia y que leerán más adelante. El asunto es que el CD partiría con un tema de El Temucano sacado de un cassette de Alerce, que finalmente me explicaron los ingenieros a cargo de la parte final que no estaba en condiciones de usarse (nunca pudimos dar con el master). Por eso, mientras paseaba a mi perro en una mañana del verano de 2015 me di cuenta que la mejor solución era hacer otro tema de homenaje a Alarcón como entrada para pasar después a las versiones. Recién pensando en eso recordé que Mauricia había hecho unos versos (también a petición mía) para un acto por el cumpleaños 80 de don Rolo en el Ical. Le sugerí la idea una noche de enero (lo recuerdo porque hablamos por teléfono en una de las pausas del Festival de Música Contemporánea que me tocó animar) y ella me propuso una adaptación de esos versos para hacer las actualizaciones pertinentes. Me pidió la opinión y yo patudamente le hice una sugerencia de un verso en la que hablaba de América y ella generosamente lo aceptó de inmediato. Fue mi primer y antepenúltimo aporte creativo en el disco.

Después tuvimos el lío para hacer la grabación. Mauricia es de Sagrada Familia y no podía venir a Santiago porque estaba haciendo arreglos en su casa y por sus actividades artísticas de verano, así que en un momento pensamos ir a su casa con un “estudio móvil”, pero los encargados tuvieron una pana de última hora. Ella, como siempre, no se hizo ningún problema y se consiguió el estudio Alcalá de Curicó para hacer la toma y dos o tres días después llegó un sobre a la casa de mis padres con la mezcla. Cuando puse el disco y escuché la canción debo admitir que me emocioné bastante: después de tantos años el disco estaba prácticamente listo. Y bueno, no deja de ser curioso que la primera canción del disco haya sido en realidad la última en concretarse.



Vasti Michel - Voy a recorrer el mundo:
Los afiches que hizo con estéticas de la lira popular para lanzar su primer disco me llamaron la atención cuando me los topé a la salida del metro Ñuble. A pito de eso la entrevisté por primera vez para el Americanto, creo, a comienzos de 2009, y cuando hice el homenaje por los 80 años de Alarcón decidí frescamente que podía ser una invitada perfecta. Con el entusiasmo que se le conoce se embarcó altiro. Esa vez se estudió dos temas de don Rolo para interpretar en el Ical: “La canción de la noche” y “Voy a recorrer el mundo”. La primera salió maravillosamente con su guitarra y la segunda también, con la salvedad de que en la última estrofa algunos versos se quedaron atravesados y no quisieron salir. Cuando poco después le ofrecí grabar para el disco ella se lo tomó como una cosa personal y dijo que haría otra vez “Voy a recorrer el mundo” para corregir la pifia de esa vez, que en rigor no le importó a nadie. Subimos a Lo Cañas cuando Pedrotti no tenía estudio, así que pusimos un par de micrófonos en su living e hicimos un par de tomas para que la Vasti eligiera. Al rato agregó unas semillas y sería todo. Debe ser de los temas que se grabó más rápido. Hace unos pocos años se fue al sur y lamentablemente quedó fuera de todo el proceso de difusión posterior, pero si no seguro que la hubiéramos tenido entre las más dispuestas participantes.

Napalé - Yo defiendo mi tierra:
Teníamos contacto desde que lanzaron “Frontera Sur” en 2003. Ahí los entrevisté ese mismo año y después fueron parte de los conciertos que hicimos con Activarte (amago de productora que tuvimos con Ricardo Silva y Pepe Osorio), así que teníamos una relación de confianza y afecto desde muy temprano. Por eso mismo fueron de los primeros que se embarcaron, para el primer Fondart que postulamos en 2006. Como no pasaba mucho con el disco y ellos se metieron en su trabajo siguiente, “Cruzando territorios” (2007) pasó un tiempo para que terminaran el arreglo del tema que eligieron, “Yo defiendo mi tierra”, pero apenas lo concluyeron y lo grabaron pasó a ser parte de los recitales y tuvo siempre muy cálida recepción. Hicieron una nueva versión (pero del mismo arreglo) para su último disco, “Consonancias” pero nosotros mantuvimos para el disco la que grabaron en 2009 en Artenautas. Esa vez pudimos ver la prolijidad y el profesionalismo del grupo, que refrendamos cuando poco después intercambiamos un par de correos con Jorge Lillo para zanjar si el tema se llamaba “Yo defiendo mi tierra” o “Yo defiendo a mi tierra”. Nada de raro, en todo caso, que en los dos discos salga con nombres diferentes.



Horacio Hernández - Coplas de los números:
Como una manera de tantear cuánto está Rolando Alarcón en la memoria de los chilenos, cada cierto tiempo le pregunto a la gente que conozco por cosas accidentales si lo conoce. Lo hice con el señor que me llevó una vez en un auto por Chillán y me dijo “pero claro” y se puso a cantar de inmediato: “A la una me levanto, a las dos te ando buscando...”. Cuando lo escuché me di cuenta de lo importante y lo pegajoso que era ese tema, que para ese entonces (creo que comienzos de 2011) no figuraba en el disco. Por eso, cuando Horacio Hernández me planteó la posibilidad de incluirlo me pareció una muy buena idea, en parte por lo que mencioné antes y también por la muy buena razón que me dio: “de las veces que canté en las micros esa canción no me fallaba nunca. Rolando Alarcón siempre me ayudó con su música, porque sus canciones están en la memoria de la gente y me felicitaban cuando las entonaba”. La reacción de ese conductor en Chillán parece ratificarlo.

Esto pasó cuando él aún era integrante de La Gallera, y creo que todavía no entraba a Los Marujos ni armaba su grupo de “Horacio Hernández y las malas juntas”, así que en la grabación la hizo con dos de los muchachos de ese grupo: Cristian Mancilla en el tiple y Giancarlo Valdebenito en el contrabajo. Optaron por grabar “a la antigua”, los tres simultáneamente repartidos estratégicamente en el estudio, de manera que no se mezclaran los sonidos pero que a la vez pudieran mirarse. Creo que la interpretación tiene esa frescura, la misma que posee la canción. Horacio después dobló su voz, le metió un bombo y quedamos listos.



Francisco Villa - Voy por la vida cantando: 
En mis vanos intentos de ser parte de organizaciones asociativas he tenido todo tipo de militancias. Una de las más provechosas fue Cultura en Movimiento, porque si bien el grupo ya estaba algo de capa caída cuando entré al menos me dio la chance de hacer amigos que aún me encuentro en algunas andanzas. Aparte de la parejita Silva/Osorio, mencionada más arriba, uno de esos era Pancho Villa, quien no se hizo problema para adaptar el “Voy por la vida cantando”, también grabado en Lo Cañas de modo un poco artesa antes de que existiera el estudio, pero con micrófonos de primera. Poco después de eso el Pancho hizo un saludo para el cumpleaños 80 de Alarcón que aún da vueltas por internet. Su presencia es significativa porque representa a una generación de transición, de hecho era de las promesas que alcanzó a estar en los últimos años de la “Chile Ríe y Canta” a fines de los 80 y comienzos de los 90, justamente uno de los lugares en los que Alarcón se sintió más a gusto. Me parece increíble que el muchacho que vi cantando en el Cuánto vale el show de 1990 terminara participando en este trabajo y siendo un respetado amigo, valiente y generoso.



Los Emigrantes - Coplas del pajarito
Si alguien tenía que estar en el disco de homenaje a Alarcón eran Los Emigrantes. Si bien dejaron de cantar regularmente después del Golpe (aunque hicieron un bonito disco durante el exilio de ambos, uno en Cuba y otro en Canadá) y posteriormente estuvieron distanciados geográficamente (Carlos Valladares vivía en Santiago y Quico San Martín se instaló en Chillán cuando volvió a Chile), cuando tenían chances y se les proponía algo ellos se animaban y se vestían otra vez de camisas negras. Yo al menos los vi en agosto de 2004 para los 75 años del nacimiento de Alarcón, cuando fueron el número estelar, y en el lanzamiento del libro que coescribimos con Carlos Valladares, para enero de 2010, en una sala SCD bien llena. En ambas veces sacaron ovaciones y mostraron la clase que tiene la gente de oficio y buen gusto. La grabación fue casi en medio de esas presentaciones, a fines de 2006 o comienzos de 2007, y tiene la particularidad de que ellos dejaron sus voces sobre una guitarra de apoyo y de ahí quedó todo en manos de Edgard Galo Ugarte. Don Carlos me pidió que le consiguiera alguien que pudiera grabar cuatro y percusiones, creo, y yo sugerí al Galo, amigo de larga data ya por esos años y quien, con la generosidad que acostumbra, se embaló y agregó violín, flauta y armó un arreglo muy interesante. Como dato ocioso puedo contar que, por razones de todo tipo de todos los afectados, el violín se grabó unos seis años después que todo el resto de los instrumentos. La magia de la tecnología.

Algo más. Los que estábamos en el estudio nos sorprendimos cuando vimos que en las “Coplas del pajarito” había dos estrofas que difícilmente podían haber sido escritas por Alarcón, ya que aludían a episodios más recientes. Ahí Los Emigrantes nos explicaron que para su amigo este tema era una suerte de contracara de “El patito” y que cuando la cantaba en vivo él solía añadir alguna frase de la contingencia. En el caso de las que escribieron ellos (cada autor cantó la estrofa respectiva) aluden a cosas que, en todo caso, siguen teniendo sentido pese a que el tema se grabó hace ocho años.

En julio de 2015 murió don Carlos, amigo a quien le debo muchas cosas, entre ellas meterme en el mundo de Alarcón. Por suerte alcanzó a escuchar el trabajo terminado y aunque sus hijos me decían que “lo ha escuchado mucho y le encanta” yo intuía que más de algo le debe haber provocado muecas. Cuando pude hablar con él, ya enfermo, me dijo con su sincera elegancia que “me gustaron unas más que otras” y terminó con una sonrisa. La de este disco fue, entonces, la última grabación del dúo y el cierre de una discografía más bien breve pero de gran calidad.

Julius Carlson - Canción de cuna negra
¿Qué hace un guitarrista estadounidense de origen alemán tocando música de Rolando Alarcón, autor del que conocía poco y nada? Visto así no hay respuesta racional posible. Sí puedo contar que Julius pasó por Chile a comienzos de la década pasada, luego de andar de enamorado por la Isla de Pascua. Desde acá lo mandaron a estudiar a Argentina porque le dijeron que no pasaba nada con el folklore chileno. Allá se hizo especialista en la chacarera, recorrió los puntos más recónditos de Santiago del Estero, aprendió todos los rasguidos posibles y cuando quiso entrar a alguna universidad en Buenos Aires (por el año 2002 o 2003) le dijeron que lo olvidara porque allá la educación superior, y todo el país en rigor, estaba por el suelo. Le dijeron que en Chile las cosas iban bien. así que partió de vuelta, se metió a Musicología de la Universidad de Chile, aprendió de importantes estudiosos chilenos, supo gran cantidad de cosas sobre nuestra música y presentó una maravillosa tesis sobre… la chacarera. Eso sirvió para que nos hiciéramos amigos de inmediato. Desde su vuelta a Estados Unidos hace más de una década nos hemos visto unas tres veces, pero siempre admiré su conocimiento profundo de la música, su dedicación y profesionalismo de artista e intelectual pleno. Como dato puedo decir que allá sacó dos doctorados a la vez, de musicología y etnomusicología, mientras hacía clases y dirigía la revista etnomusicológica de su universidad.

En algún momento sentí que al disco le faltaba algún tema instrumental y le planteé la idea para ver qué tal. Le propuse tres temas que patudamente me parecieron que podían servir para versionarse sin texto (Alarcón no compuso obras instrumentales, al menos para sus discos). Me dijo de inmediato que sí y a las pocas semanas ya tenía la versión de la Canción de cuna negra. Varios meses después le dije que había un pequeño detalle con el formato en que teníamos el tema, que los wav y los bits y no sé qué cosa. A las dos semanas mandó una nueva grabación, tal como le pedimos y con el arreglo mejorado. Gran valor el Gringo, un tipo fuera de serie y un orgullo tenerlo en el disco y contar con él como amigo.

PD: Por asuntos de pega estuve revisando las composiciones que han sido parte del Festival de Música Contemporánea de la Universidad de Chile y me encontré con que en 2009 Rafael Díaz presentó su obra para piano “Siete llamadas desde la Canción de Cuna Negra de Rolando Alarcón”. Parece que no era tan ilógico, finalmente, pensar esa pieza como una obra instrumental. Bonitas coincidencias que me hacen pensar, a veces, que no tengo tanta oreja de tarro.



Cuncumén - Los Areneros
Junto a Los Emigrantes eran otros que debían estar sí o sí. No en vano Alarcón fue su primer director y el que les dio el sonido que se mantiene hasta hoy. A su directora, Mariela Ferreira, la conocí en 1997 cuando fui a su casa de Bilbao para preguntarle si la cumbia era parte del folklore chileno. Tuve suerte de que no me pegara, al contrario, me trató muy bien. Desde entonces les he ayudado en algunas cosas, la más gloriosa el festejo de los 50 años en el Teatro Providencia, una odisea financiada con cheques del grupo y de mi madre. Afortunadamente salió todo genial y desde momento me autotitulé de gestor, juas.
Además, del elenco que grabó el tema, hubo tres que coincidieron con él en el grupo y una de ellas (Lidia Durán, hoy ex integrante) fue su alumna y lo recordaba siempre con mucho afecto. Obviamente fueron de los que estuvieron en el primer proyecto presentado al Fondart y grabaron rápidamente, además de abrir los conciertos de saludo por sus cumpleaños 75 y 80 en 2004 y 2009. Tan rápido grabaron que después se engolosinaron y hasta analizaron la posibilidad de hacer otro tema, pero finalmente optaron por dejar “Los areneros”, que estaba originalmente en “Geografía musical de Chile” (1962), el último LP en el que Alarcón fue director del grupo. Pedrotti decidió hacerlo “a la antigua”, todos grabando a la vez con micrófonos ambientales. Del original se respetaron hasta los gritos introductorios.