octubre 29, 2012

Un destello llamado Nicasio Luna (La cámara americantora v.10)



Para más de alguien su figura debe ser un poco pintoresca, tanto por su atuendo típico patagónico, de “gaucho chileno” como él se define o por sus propias canciones, que aluden a ritmos o sonoridades que pueden sonar algo nostálgicas o abiertamente obsoletas, para quien piense que una guitarra milongueda o tocando un estilo puede venir bien para escuchar a Larralde en el tocadiscos un fin de semana pero no en un concierto.

Pero algo pasa cuando Nicasio Luna se sube al escenario y se pone a cantar. En primer lugar se pensaba que tenía un atractivo potente porque con “Señores yo soy del Baker” o “Con legítima razón” había puesto música al conflicto de Aysén que estalló a comienzos de año o al conflicto ambiental que implica la construcción de represas en el sur de Chile. Otros, quizás, también aluden al elemento semicompasivo del santiaguino que recibe al muchachón provinciano de atuendo costumbrista y sonrisa inocentona.



Eso, supongo, debería resistir un par de semanas. Pero Nicasio Luna, joven cantautor que está estudiando en Santiago, va pausadamente haciendo su camino, tal como lo hacen los arrieros al fin del mundo. Tanto en el Café Brazil como en la Radio Nuevo Mundo, cuando lo invité a grabar un Americanto, la reacción fue la misma: de la simpatía hacia el joven bonachón rápidamente se pasaba a la admiración y al asombro .

¿Dónde está el secreto, entonces? Aparte de varias de las cosas mencionadas (ritmos folklóricos en estado bastante puro, textos denunciantes en varios casos y simpatía natural) hay en Nicasio Luna algo que lo vuelve “moderno” y eso va tanto en algunos detalles de sus composiciones como en los arpegios que hace en algunos casos con la guitarra. Pero especialmente creo que va en la manera cómo logra hilar los textos, donde hay una mezcla entre elegancia y contundencia y una madurez sorprendente para su edad. Quizás ahí se pueda notar la influencia de la poesía popular, tanto chilena como argentina. No tanto en las imágenes o las expresiones como en el enfoque y la sutileza.



Luna se encuentra estudiando música en el Arcis. De la academia y la vida de la ciudad vendrán probablemente los dos grandes ejes que remecerán su formación y su vida. Él mismo dice que cuando puede se va al sur a “ser un poco yo” y reencontrarse con lo que siente como propio. Es obvio que con los meses el tiempo irá permeando su manera de ser y ahí entrarán nuevos sonidos y mundos en la estructura del cantautor. Más de alguien pueda pensar que ahí se perderá “la pureza” del artista silvestre pero lo más probable es de ese cruce salga lo más interesante del artista. No en vano gran parte de la música folklórica chilena se ha creado de ese modo y ha encontrado la manera de retomar su camino y ganar nuevos sonidos y nuevos encantos.



Sea ahora, con su atuendo de gaucho, o en los senderos que explore después, de todos modos vale la pena conocerlo y encontrarse con una manera nueva de entender la raíz pampeana, pero que tiene también los elementos más relevantes de la sabiduría de los antiguos. 

octubre 22, 2012

Republicanos de la Cueca: una presentación en cuatro actos

Ricardo Silva, amigo de largas y agitadas jornadas, me pidió que le hiciera la presentación del disco de los Republicanos de la Cueca. Luego de pasar la ignominia de ser invitado a la jornada de grabación en La Maquinita y que me dejaran afuera porque nadie escuchó cuando golpeé la puerta, accedí como una manera de sanar heridas, así como él perdonó mis continuas ausencias a las jornadas en el Club Matadero. En una noche sombría traté de dejar plasmadas mis opiniones del grupo y de su aporte más allá de la cueca, estilo que me parecía (y me parece) que se da para repetir estereotipos y generar una épica y una época que roza la caricatura. Por eso puse aquella vez que:

"Los Republicanos eligieron la cueca para expresar su canto y eso en realidad no debería decir mucho. O sea, seguramente sí, la cueca implica varias cosas, todas muy respetables. Pero así como algunos cantautores dicen que el verdadero valor de una canción puede medirse sólo cuando se canta a guitarra pelada, en total desnudez, quizás lo más significativo o no de un grupo de cueca pueda imaginarse yendo a lo que nos dice o lo que queda de cada grupo más allá de su atuendo, su parada o no de “taita” o la expresiva manera de cantar de la numerosa y creciente lista de cultores de este ritmo.
En este disco, y más allá de la diversidad temática, hay un largo viaje identitario. Cuando uno escucha sobre las calles de Puente Alto o de Yungay, en sus locales y sus personajes uno puede transportarse y vivir la cueca de su propio barrio; cuando el papá del autor escucha a Allende “como empuñando la mano” vemos a nuestros mayores emocionados con cada repetición de su último discurso o quizás tirando cojines o improperios al innombrable cuando salía en la tele. En la María Juana y “las mariposas” hay precisión para que se puedan imaginar figuras de la noche y sensaciones sugerentes incluso para los de vida buena y santa. Qué decir de las historias de amor y desamor, siempre se dice que cada una es irrepetible pero por la flauta que se parecen.
Por eso nos imaginamos mascullando algún amor fallido, a grito pelado para denunciar que “al pueblo mandaron al frente” y que mientras tanto sigue “el señor en su oficina”, o con hidalguía para dejar en claro que uno siempre “si se cae se levanta”, como lo hace el glorioso Atlético Torreja. Desafiando al Presidente o tomando los ejemplares versos de Manuel Sánchez para evocar “la voz clara de Víctor Jara (y de Rolando también)”, Los Republicanos se expresan con naturalidad, la misma que se escucha en las intervenciones entre cada tema, donde no se les quedó talla por decir. En ellos, finalmente, fluyen muchas voces, de un largo caudal de cantores anónimos y consagrados que han ayudado a dar forma al auténtico y rotundo canto popular, aquel que logra delinear una manera de entender el arte y la vida, algo que felizmente para ellos viene a ser una misma cosa. Y sí, esta vez y quizás las siguientes sean con cueca, pero yo insisto en que eso no es lo más importante. ¡Palmas!"






Amablemente el guatón me mandó un correo para decir que no entendió ni mierda, así que tuve que abordar por otro lado, siempre con la idea de reflejar que el grupo tenía su aporte más allá del estilo que cultivan. Por eso aproveché algunos conocimientos testimoniales y escribí esto:

"Conocí a Ricardo Silva, fundador de Los Republicanos, hace poco más de una década. Por esos años cantaba de poncho rojo (aunque hubiera más de 30 grados), tocaba quena y ponía cara de malo y/o de enojado, tal como sus mentores de poncho negro. Después le vi en algún café del centro cantando rancheras y temas de desamor con letras, lamentablemente, muy inspiradas en la vida real. También hace muchos años soñaba con armar una murga y hace poco se ha estrenado en los escenarios tocando guitarrón y sudando la gota gorda para collerearle al mismísimo Alfonso Rubio en alguna improvisación en su querido Club Matadero.
En medio de toda esa acumulación de canto y cultura popular está la cueca, donde logró encontrar en Los Republicanos el tono y el colectivo humano para generar una manera de entender el arte. Allí conviven la denuncia, la nostalgia, el amor y también el humor en seis músicos que saben todas las “cachañas” del estilo, con pulso firme, delicadeza y contundencia cuando es necesario para animar las interminables y siempre concurridas veladas del circuito capitaliano.
En este disco recorren las calles de Puente Alto o de Yungay, y en sus locales y sus personajes uno puede transportarse y vivir la cueca de su propio barrio; cuando el papá del autor escucha a Allende “como empuñando la mano” vemos a nuestros mayores emocionados con cada repetición de su último discurso o quizás tirando cojines e improperios al innombrable cuando salía en la tele.En la María Juana y “las mariposas” se desglosan sensaciones sugerentes incluso para los de vida buena y santa. Qué decir de las historias de amor y desamor, siempre se dice que cada una es irrepetible pero por la flauta que se parecen.
En Los Republicanos están los versos de todos, de ahora y de siempre. Así escuchamos la historia de tantas veces de que “al pueblo mandaron al frente” y que mientras tanto sigue “el señor en su oficina” en la guerra por el salitre o podemos evocar “la voz clara de Víctor Jara (y de Rolando también)” en los siempre sabios versos de Manuel Sánchez. Y también vemos en la historia del glorioso “Atlético Torreja” o de los habitantes del cerro San Roque las vidas populares pero de primera mano, sin idealizaciones ni sensiblerías.
Los Republicanos, en la larga sesión que dio origen al disco, hicieron una gran fiesta, con amigos generosos y relevantes del mundo cuequero, con canciones para sonreír pero también para oír con los dientes apretados, cantando sueños e injusticias. Eligieron la cueca y lo hacen con notoria sapiencia pero, más allá de eso, en ellos está un fragmento del largo y noble camino del canto popular chileno. ¡Palmas!"




Esta vez el Guatón, ya no tan amablemente, encontró que era muy poco serio centrarme en su figura y con eso dejar de lado a los otros integrantes. Yo trataba de decirle que su rol en el grupo es crucial, no en vano lo fundó e hizo la mayoría de las canciones, y que además su trayectoria ayudaba a entender el camino del grupo. En parte por esas ideas y entendiendo las objeciones armé otro texto que, finalmente, fusionaba los dos anteriores. Quedó así:

"Los Republicanos eligieron la cueca para expresar su canto y eso en realidad no debería decir mucho. O sea seguramente sí, la cueca implica varias cosas, todas muy respetables. Pero para llegar a ese sendero sus integrantes anduvieron por la Nueva Canción, el “canto a lo poeta”, el rock, la raíz folklórica, la música tradicional chilota y por algunos otros proyectos que no alcanzaron a salir de sus cabezas.
Como Los Republicanos encontraron rápidamente el tono y el colectivo humano para generar una manera de entender el arte. Allí conviven la denuncia, la nostalgia, el amor y también el humor en seis músicos que saben todas las “cachañas” del estilo, con pulso firme, delicadeza y contundencia cuando es necesario para animar las interminables y siempre concurridas veladas del circuito capitaliano, partiendo por su querido Club Matadero.
En este disco recorren las calles de Puente Alto o de Yungay, y en sus locales y sus personajes uno puede transportarse y vivir la cueca de su propio barrio; cuando el papá del autor escucha a Allende “como empuñando la mano” vemos a nuestros mayores emocionados con cada repetición de su último discurso o quizás tirando cojines e improperios al innombrable cuando salía en la tele.En la María Juana y “las mariposas” se desglosan sensaciones sugerentes incluso para los de vida buena y santa. Qué decir de las historias de amor y desamor, siempre se dice que cada una es irrepetible pero por la flauta que se parecen.
En Los Republicanos están los versos de todos, de ahora y de siempre. Así escuchamos la historia de tantas veces de que “al pueblo mandaron al frente” y que mientras tanto sigue “el señor en su oficina” en la guerra por el salitre o podemos evocar “la voz clara de Víctor Jara (y de Rolando también)” en los siempre sabios versos de Manuel Sánchez. Y también vemos en la historia del glorioso “Atlético Torreja” o de los habitantes del cerro San Roque las vidas populares pero de primera mano, sin idealizaciones ni sensiblerías.
Los Republicanos, en la larga sesión que dio origen al disco, hicieron una gran fiesta, con amigos generosos y relevantes del mundo cuequero, con canciones para sonreír pero también para oír con los dientes apretados, cantando sueños e injusticias. Eligieron la cueca y lo hacen con notoria sapiencia pero, más allá de eso, en ellos está un fragmento del largo y noble camino del canto popular chileno. ¡Palmas!"




Fuera por cansancio o por apuro de sacar el disco, el Guatón dejó pasar esta presentación y supuestamente es la que está en el CD. Como los patudos todavía no me lo regalan todavía no sé si lo usaron, pero bueno, si no está, acá tienen mis opiniones sobre los muchachotes y su aporte al movimiento pero, más que eso, al actual escenario del canto popular chileno. ¡Palmas!.

PS: Más de un mes después de haber escrito este post, el Guatón me dijo que finalmente el texto no entró para el diseño en que se realizará el disco, así que me dijo si no era mucho lío acortarlo un poco. Lo hice (un par de días dp de cuando lo necesitaba, seamos sinceros) y quedó esta versión, que AHORA SÍ creo que es la definitiva. Honestamente creo que es la que quedó mejor, es bonito comprimir.


"Los Republicanos eligieron la cueca para expresar su canto, pero para llegar a ese sendero sus integrantes anduvieron por la Nueva Canción, el “canto a lo poeta”, el rock, la raíz folklórica, la música tradicional chilota y algunos otros proyectos.
En Los Republicanos encontraron el tono para hacer convivir la denuncia, la nostalgia, el amor y también el humor con el oficio de los que saben todas las “cachañas” del estilo, con pulso firme, delicadeza y contundencia cuando es necesario, para animar el circuito capitaliano, partiendo por su querido Club Matadero.
En este disco recorren las calles de Puente Alto o de Yungay, y en sus locales y sus personajes uno puede transportarse y vivir la cueca de su propio barrio o de su propia vida; cuando el papá del autor escucha a Allende “como empuñando la mano” o en las sensaciones sugerentes de María Juana y “las mariposas”. Qué decir de las historias de amor y desamor, siempre se dice que cada una es irrepetible pero por la flauta que se parecen.
En sus versos están los versos de todos, de ahora y de siempre, sea en los dramas de los trabajadores salitreros, o en la evocación de “la voz clara de Víctor Jara (y de Rolando también)” en los versos de Manuel Sánchez. Y también vemos en el glorioso “Atlético Torreja” o el cerro San Roque las vidas populares de primera mano, sin idealizaciones ni sensiblerías.
En la larga sesión que dio origen al disco, Los Republicanos hicieron una gran fiesta, con amigos generosos y relevantes del mundo cuequero, con canciones para sonreír pero también para oír con los dientes apretados, cantando sueños e injusticias. Aunque eligieron la cueca, en ellos está un fragmento del largo y noble camino del canto popular chileno. ¡Palmas!"