diciembre 23, 2012

Vejara: folk, trova y rock por el precio de uno (la cámara americantora v.13)

Integrante 1: “Cuando partimos en los noventa decidimos este formato más rockero de trío, más comprimido, en vez de hacer el formato de la gran banda fusión, porque pensamos que no se había hecho de esa manera y podía causar impacto...”
(Silencio)
I2: Y así pos... (risas)
I1: No pasó niuna hueá, después de 18 años podemos decirlo (risas más fuertes)
I3: Pero yo creo que este año la hacemos (risas)

Con humor negro las cosas se pasan mejor a veces. Pese a todo lo que dicen, a que la sala no estaba particularmente llena o que sus presentaciones han sido más bien esporádicas, los Vejara me dieron un gran alegrón cuando tocaron en la tercera fecha del Festival Raíz porque, primero, sonaron con el brillo de siempre; segundo, porque había un público joven que parece de otra generación y que les tiene un respeto y admiración bien grande; y tercero porque se notaba alegría entre los integrantes, como que los Vejara fuera un ente que se fondea un tiempo, anda por ahí medio perdido pero cuando se rearma se activa de una manera automática. 


Después de ese concierto tan feliz, que debía ser de 40 minutos y debe haber andado por la hora y cuarto, van a estar unos seis meses separados y luego volverán a intentarlo de nuevo. Han hecho cuatro discos “oficiales”, los tocan poco y nada en la radio, creo que en la “radio de la música chilena” no les han dado ni pelota jamás en la vida, aprendieron a autogestionarse en todo y si bien conozco mucha gente que los admira de gran modo parece que nunca han podido dar “el salto” y tener un reconocimiento mayor.

La historia, conocida por muchos artistas de estos pagos, por no decir casi todos, lleva a su director, Javier Guíñez, comentar en Facebook “cómo me apestan los musicos llorones !!!!! hijo: póngale el pecho a la bala o cambie de pega”. Bueno, los Vejara (que además de Guíñez integran los hermanos Luis y Mauricio Barrueto) seguirán poniendo el pecho y yo estoy convencido que la van a hacer. No sé si este año, pero la van a hacer.
http://www.myspace.com/vejarahttp://es.wikipedia.org/wiki/Vejara

noviembre 26, 2012

Tomás González: una voz que canta en mi nombre (La cámara americantora v.12)



A comienzos de la década pasada había varios grupos vinculados a la raíz folklórica o de música más bien acústica con los más diversos matices, y muchos de ellos provenientes de instituciones que enseñaban música: algunos que recuerdo eran La Comarca, Cántaro, Zumaya, Carcamal, Fraude, Trompo, Santa Mentira, Bombyx Mori, Transiente en Valparaíso y otros. Entre ellos estaba Antípodas, grupo más bien de música instrumental y que integraban Marcelo Concha, Mario Berríos y Tomás González. Los dos primeros fueron a la radio para ser entrevistados en el Americanto (debe haber sido el 2003) cuando lanzaron su primer y único disco. De González hablaban mucho, en parte porque eran un grupo de amistad bien cerrada, y porque era compositor de varios de los temas, así que pasó a ser para mí una suerte de personaje conocido pero misterioso.





Pasaron los años y un amigo cuequero me contó que lo habían invitado a ser parte a un par de funciones del elenco musical de “Las condenadas” obra de teatro que tomaba la cueca como parte fundamental del relato musical que era parte de la obra. Además de los invitados, había un grupo estable en el que estaba González. De ahí nació el grupo Los Condenados, que duró algún tiempo y alcanzó a hacer grabaciones, pero creo que como parte de convenios con instituciones y cosas así. Algunos años después de eso lo encontré en Discomanía y le pregunté por ese grupo, pero me dijo que el disco no se había comercializado y que no había cómo oírlo.





Por el 2007 o 2008 lo vi acompañando a Patricio Manns en el Centro Cultural de España (otra vez junto a su amigo Concha) y me daba cuenta de su capacidad de músicos y su rapidez de reacción para que sonara como armónica cada pirueta que hacía Manns, ralentando las frases, cruzándose con la música, entrando cuando aún no le tocaba, etc. Había escuchado que era desafiante seguirle el ritmo pero ahí pude darme cuenta.

A través de amigos empecé a saber de algunos de sus videos y lo conocí de manera más detallada en el Festival de Olmué 2009, donde eran parte de la banda que acompañaba a Manns en la competencia de la canción chilena más importante o algo así. Todo quien ha estado en esos festivales sabe que los participantes de la competencia suelen tener mucho tiempo libre y que no son precisamente el foco de atención (más si eres el músico acompañante), así que antes y después de su participación arriba del escenario quedan largos vacíos que llenar con cualquier hueón que anduviera pasando. Bueno, tuve ese privilegio y conversamos bastante rato con Concha y González durante los tres días y nos reímos de las mil cosas que pasan en ese tipo de certámenes.





Al tiempo, mientras me enteraba que no trabajaban más con Manns por un episodio bastante vergonzoso que más vale no detallar, vi a Tomás González en un acto de homenaje a Guerrero, Parada y Nattino en la Plaza Brasil. Pude escuchar bastante poco en verdad y no fue hasta que hizo el lanzamiento de su disco solista en Matucana 100 (a fines de 2010) que pude darme una idea de su trabajo. Aunque no estuve en el recital ya comenzaron a verse videos con más frecuencia y luego de varias descoordinaciones por sus viajes como integrante de compañias de teatro logré llevarlo al Americanto en abril de 2011. Fue un programa muy divertido y donde pude apreciar mucho mejor su propuesta artística y recordar al divertido personaje que la revolvía en Olmué. Desde ahí he podido verlo unas tres veces en vivo, si mal no recuerdo, y he tenido la fortuna de ir enganchando a algunos cercanos en su música. Sinceramente siento en él a un vocero, a un tipo que habla por mí, que tiene la claridad y la altura de un autor de textos de música popular, al cruce de lenguajes sonoros, a la notoria influencia de las raíces y al uso de la tecnología como parte de una construcción y no como un adorno o una “cachaña” para darse onda.





Pero sobre todo me sorprende la variedad de recursos para crear canciones muy abiertas, muy sonoras, pero a la vez originales y no sensibleras. Si alguna vez me hubiera decidido a intentar hacer canciones, probablemente hubiera pretendido que pasaran remotamente cerca de las cosas que le he oído.

Me cuesta entender a veces que un músico de su altura tenga que pelear tanto para ganar espacios, que las radios o los diarios lo traten con indiferencia, que lo único por lo que se le nombre es para hacer chistes con el glorioso gimnasta nacional que se llama de igual modo.





Probablemente en su música se noten todas las cosas por las que ha pasado, los grupos que integró, los músicos con los que compartió, las obras en las que participó y especialmente la gente que fue descubriendo en su recorrido por varias partes del mundo. Por eso les di esta lata al comienzo de enumerar las partes en que lo vi en estos años, porque todo eso debería poder escucharse en alguna idea o un giro de lo que oímos en estos videos que comparto y que son de sus presentaciones en la Sala SCD y el Teatro del Puente. Muchos aplausos para Tomás González y dejo su música confiado en que hay una bola de nieve que hará lentamente su trabajo y finalmente permitirá que reciba el reconocimiento que creo que se merece.

noviembre 12, 2012

Un canto hablado por Nancy Torrealba (La cámara americantora v.11)

Tengo el recuerdo de haber visto a Nancy Torrealba en los ‘90 viendo “De buen humor”. Una mujer que cantaba temas de Violeta Parra y que contaba algunas cosas que le pasaron cuando murió la cantautora nacional y ella era una niña. Un amigo querido me preguntó por ella tiempo después, mencionándola como “la Violeta Parra chilena”, lo que a primera puede parecer una pelotudez pero no deja de tener cierto fondo filosófico, pensando en la universalidad de la señora.

Años después la vi en el concierto de homenaje a Tilusa que hicieron los hijos del actor-poeta, ahí pude conocer más de sus años de cantante en la Kamarundi y de las canciones como la respuesta al gorro de lana, que causaban mucha gracia entre el público.



Después me encontré con sus discos en la Nuevo Mundo y vi su participación en la franja de Tomás Hirsch con “La micro de Tomás”, hasta que en 2006 coincidimos en Cultura en Movimiento. Ahí pude apreciar su compromiso con todas las instancias que desarrollamos, como el “Festival de las Ideas” para el que hizo un tema alusivo que todavía canta en vivo. Desde entonces hicicmos buenas migas, fue un par de veces al programa, tuvo palabras muy bonitas para mi libro de don Rolando y dijo incluso que el tema que le dedicó nació inspirado en su lectura del texto.



Desde entonces que nos hemos encontrado en actos, conciertos suyos y colectivos y siempre hemos tenido un trato muy cordial, que se ratificó y acrecentó cuando me invitó a ser el presentador de su concierto por los 50 años que se realizó en La Granja. Alrededor de un encebollado como desayuno pudimos conversar y preparar las ideas para hilvanar el concierto que contó con un cuadro de danza, una banda de músicos acompañantes y la presencia destacada de su hermano Freddy, prodigio del charango.
Además de las intervenciones de continuidad escribí un breve texto a modo de presentación oficial que decía lo siguiente:

“He recorrido el mundo y nunca había hecho un concierto en mi casa, en La Granja. Se dice que uno nunca es profeta en su tierra pero yo lo soy al poder cantar en este sitio” dijo Nancy Torrealba para explicar la importancia del concierto de esta noche. De alguna manera festejamos 50 años de vida, 35 de carrera y la presentación del disco más reciente, pero más allá de eso celebramos una manera directa y vigorosa de entender el arte y cantar la vida.

Ha ocurrido mucha historia, en Chile y en ella, desde su primera presentación en la capilla del barrio en 1977, o en sus actuaciones a escondidas de sus padres en las fondas del Parque O’Higgins, en sus años de la Peña Kamarundi (de la que hablaremos más adelante) o también en su largo recorrido rescatando y compartiendo la obra de Violeta Parra, aprendida a punta de cassettes destartalados que sonaban de milagro en una compleja obra tecnológica y artesanal que tenía la familia. Difundir su obra era un riesgo y un valor, algo difícil de entender en una época en la que cada seis meses hay un disco tributo o un iluminado que dice “rescatar” a la cantautora más trascendente de nuestro país. Con ese trabajo Nancy tuvo varios reconocimientos y viajes a Europa, pero también sinsabores e ingratitudes, que la hicieron abrir un nuevo camino que recorre hasta hoy: a través del “canto hablado” o de la “educanción” ha encontrado un modo de comunicarse directamente con su público, para dejar un mensaje, una enseñanza, una idea dentro de los sonidos que vienen del folklore pero que también saben mezclarse con otros lenguajes. Toda esta aventura se entrecruza con su vida personal, por ejemplo en sus años viviendo en el norte con sus dos hijos o en su delicado trabajo con lanas, que dio origen al taller “Violetazul” y que le ha permitido conocer todas las ferias habidas y por haber.

Hoy saludamos eso y mucho más. Dos cassettes como solista, tres discos compactos, viajes por todo el mundo marcan una carrera hecha de modo autodidacta, básicamente a pulso pero a la vez con muchas convicciones. Disfrutemos en esta noche, entonces, del canto inagotable de Nancy Torrealba. 




Gracias por la invitación Nancy, por hacerme parte de esa tan bonita tarde-noche en La Granja en el fabuloso Espacio Matta y gracias también por seguir con tu canto inagotable, narrando nuestras vidas y los personajes que no pueden irse al olvido.

octubre 29, 2012

Un destello llamado Nicasio Luna (La cámara americantora v.10)



Para más de alguien su figura debe ser un poco pintoresca, tanto por su atuendo típico patagónico, de “gaucho chileno” como él se define o por sus propias canciones, que aluden a ritmos o sonoridades que pueden sonar algo nostálgicas o abiertamente obsoletas, para quien piense que una guitarra milongueda o tocando un estilo puede venir bien para escuchar a Larralde en el tocadiscos un fin de semana pero no en un concierto.

Pero algo pasa cuando Nicasio Luna se sube al escenario y se pone a cantar. En primer lugar se pensaba que tenía un atractivo potente porque con “Señores yo soy del Baker” o “Con legítima razón” había puesto música al conflicto de Aysén que estalló a comienzos de año o al conflicto ambiental que implica la construcción de represas en el sur de Chile. Otros, quizás, también aluden al elemento semicompasivo del santiaguino que recibe al muchachón provinciano de atuendo costumbrista y sonrisa inocentona.



Eso, supongo, debería resistir un par de semanas. Pero Nicasio Luna, joven cantautor que está estudiando en Santiago, va pausadamente haciendo su camino, tal como lo hacen los arrieros al fin del mundo. Tanto en el Café Brazil como en la Radio Nuevo Mundo, cuando lo invité a grabar un Americanto, la reacción fue la misma: de la simpatía hacia el joven bonachón rápidamente se pasaba a la admiración y al asombro .

¿Dónde está el secreto, entonces? Aparte de varias de las cosas mencionadas (ritmos folklóricos en estado bastante puro, textos denunciantes en varios casos y simpatía natural) hay en Nicasio Luna algo que lo vuelve “moderno” y eso va tanto en algunos detalles de sus composiciones como en los arpegios que hace en algunos casos con la guitarra. Pero especialmente creo que va en la manera cómo logra hilar los textos, donde hay una mezcla entre elegancia y contundencia y una madurez sorprendente para su edad. Quizás ahí se pueda notar la influencia de la poesía popular, tanto chilena como argentina. No tanto en las imágenes o las expresiones como en el enfoque y la sutileza.



Luna se encuentra estudiando música en el Arcis. De la academia y la vida de la ciudad vendrán probablemente los dos grandes ejes que remecerán su formación y su vida. Él mismo dice que cuando puede se va al sur a “ser un poco yo” y reencontrarse con lo que siente como propio. Es obvio que con los meses el tiempo irá permeando su manera de ser y ahí entrarán nuevos sonidos y mundos en la estructura del cantautor. Más de alguien pueda pensar que ahí se perderá “la pureza” del artista silvestre pero lo más probable es de ese cruce salga lo más interesante del artista. No en vano gran parte de la música folklórica chilena se ha creado de ese modo y ha encontrado la manera de retomar su camino y ganar nuevos sonidos y nuevos encantos.



Sea ahora, con su atuendo de gaucho, o en los senderos que explore después, de todos modos vale la pena conocerlo y encontrarse con una manera nueva de entender la raíz pampeana, pero que tiene también los elementos más relevantes de la sabiduría de los antiguos. 

octubre 22, 2012

Republicanos de la Cueca: una presentación en cuatro actos

Ricardo Silva, amigo de largas y agitadas jornadas, me pidió que le hiciera la presentación del disco de los Republicanos de la Cueca. Luego de pasar la ignominia de ser invitado a la jornada de grabación en La Maquinita y que me dejaran afuera porque nadie escuchó cuando golpeé la puerta, accedí como una manera de sanar heridas, así como él perdonó mis continuas ausencias a las jornadas en el Club Matadero. En una noche sombría traté de dejar plasmadas mis opiniones del grupo y de su aporte más allá de la cueca, estilo que me parecía (y me parece) que se da para repetir estereotipos y generar una épica y una época que roza la caricatura. Por eso puse aquella vez que:

"Los Republicanos eligieron la cueca para expresar su canto y eso en realidad no debería decir mucho. O sea, seguramente sí, la cueca implica varias cosas, todas muy respetables. Pero así como algunos cantautores dicen que el verdadero valor de una canción puede medirse sólo cuando se canta a guitarra pelada, en total desnudez, quizás lo más significativo o no de un grupo de cueca pueda imaginarse yendo a lo que nos dice o lo que queda de cada grupo más allá de su atuendo, su parada o no de “taita” o la expresiva manera de cantar de la numerosa y creciente lista de cultores de este ritmo.
En este disco, y más allá de la diversidad temática, hay un largo viaje identitario. Cuando uno escucha sobre las calles de Puente Alto o de Yungay, en sus locales y sus personajes uno puede transportarse y vivir la cueca de su propio barrio; cuando el papá del autor escucha a Allende “como empuñando la mano” vemos a nuestros mayores emocionados con cada repetición de su último discurso o quizás tirando cojines o improperios al innombrable cuando salía en la tele. En la María Juana y “las mariposas” hay precisión para que se puedan imaginar figuras de la noche y sensaciones sugerentes incluso para los de vida buena y santa. Qué decir de las historias de amor y desamor, siempre se dice que cada una es irrepetible pero por la flauta que se parecen.
Por eso nos imaginamos mascullando algún amor fallido, a grito pelado para denunciar que “al pueblo mandaron al frente” y que mientras tanto sigue “el señor en su oficina”, o con hidalguía para dejar en claro que uno siempre “si se cae se levanta”, como lo hace el glorioso Atlético Torreja. Desafiando al Presidente o tomando los ejemplares versos de Manuel Sánchez para evocar “la voz clara de Víctor Jara (y de Rolando también)”, Los Republicanos se expresan con naturalidad, la misma que se escucha en las intervenciones entre cada tema, donde no se les quedó talla por decir. En ellos, finalmente, fluyen muchas voces, de un largo caudal de cantores anónimos y consagrados que han ayudado a dar forma al auténtico y rotundo canto popular, aquel que logra delinear una manera de entender el arte y la vida, algo que felizmente para ellos viene a ser una misma cosa. Y sí, esta vez y quizás las siguientes sean con cueca, pero yo insisto en que eso no es lo más importante. ¡Palmas!"






Amablemente el guatón me mandó un correo para decir que no entendió ni mierda, así que tuve que abordar por otro lado, siempre con la idea de reflejar que el grupo tenía su aporte más allá del estilo que cultivan. Por eso aproveché algunos conocimientos testimoniales y escribí esto:

"Conocí a Ricardo Silva, fundador de Los Republicanos, hace poco más de una década. Por esos años cantaba de poncho rojo (aunque hubiera más de 30 grados), tocaba quena y ponía cara de malo y/o de enojado, tal como sus mentores de poncho negro. Después le vi en algún café del centro cantando rancheras y temas de desamor con letras, lamentablemente, muy inspiradas en la vida real. También hace muchos años soñaba con armar una murga y hace poco se ha estrenado en los escenarios tocando guitarrón y sudando la gota gorda para collerearle al mismísimo Alfonso Rubio en alguna improvisación en su querido Club Matadero.
En medio de toda esa acumulación de canto y cultura popular está la cueca, donde logró encontrar en Los Republicanos el tono y el colectivo humano para generar una manera de entender el arte. Allí conviven la denuncia, la nostalgia, el amor y también el humor en seis músicos que saben todas las “cachañas” del estilo, con pulso firme, delicadeza y contundencia cuando es necesario para animar las interminables y siempre concurridas veladas del circuito capitaliano.
En este disco recorren las calles de Puente Alto o de Yungay, y en sus locales y sus personajes uno puede transportarse y vivir la cueca de su propio barrio; cuando el papá del autor escucha a Allende “como empuñando la mano” vemos a nuestros mayores emocionados con cada repetición de su último discurso o quizás tirando cojines e improperios al innombrable cuando salía en la tele.En la María Juana y “las mariposas” se desglosan sensaciones sugerentes incluso para los de vida buena y santa. Qué decir de las historias de amor y desamor, siempre se dice que cada una es irrepetible pero por la flauta que se parecen.
En Los Republicanos están los versos de todos, de ahora y de siempre. Así escuchamos la historia de tantas veces de que “al pueblo mandaron al frente” y que mientras tanto sigue “el señor en su oficina” en la guerra por el salitre o podemos evocar “la voz clara de Víctor Jara (y de Rolando también)” en los siempre sabios versos de Manuel Sánchez. Y también vemos en la historia del glorioso “Atlético Torreja” o de los habitantes del cerro San Roque las vidas populares pero de primera mano, sin idealizaciones ni sensiblerías.
Los Republicanos, en la larga sesión que dio origen al disco, hicieron una gran fiesta, con amigos generosos y relevantes del mundo cuequero, con canciones para sonreír pero también para oír con los dientes apretados, cantando sueños e injusticias. Eligieron la cueca y lo hacen con notoria sapiencia pero, más allá de eso, en ellos está un fragmento del largo y noble camino del canto popular chileno. ¡Palmas!"




Esta vez el Guatón, ya no tan amablemente, encontró que era muy poco serio centrarme en su figura y con eso dejar de lado a los otros integrantes. Yo trataba de decirle que su rol en el grupo es crucial, no en vano lo fundó e hizo la mayoría de las canciones, y que además su trayectoria ayudaba a entender el camino del grupo. En parte por esas ideas y entendiendo las objeciones armé otro texto que, finalmente, fusionaba los dos anteriores. Quedó así:

"Los Republicanos eligieron la cueca para expresar su canto y eso en realidad no debería decir mucho. O sea seguramente sí, la cueca implica varias cosas, todas muy respetables. Pero para llegar a ese sendero sus integrantes anduvieron por la Nueva Canción, el “canto a lo poeta”, el rock, la raíz folklórica, la música tradicional chilota y por algunos otros proyectos que no alcanzaron a salir de sus cabezas.
Como Los Republicanos encontraron rápidamente el tono y el colectivo humano para generar una manera de entender el arte. Allí conviven la denuncia, la nostalgia, el amor y también el humor en seis músicos que saben todas las “cachañas” del estilo, con pulso firme, delicadeza y contundencia cuando es necesario para animar las interminables y siempre concurridas veladas del circuito capitaliano, partiendo por su querido Club Matadero.
En este disco recorren las calles de Puente Alto o de Yungay, y en sus locales y sus personajes uno puede transportarse y vivir la cueca de su propio barrio; cuando el papá del autor escucha a Allende “como empuñando la mano” vemos a nuestros mayores emocionados con cada repetición de su último discurso o quizás tirando cojines e improperios al innombrable cuando salía en la tele.En la María Juana y “las mariposas” se desglosan sensaciones sugerentes incluso para los de vida buena y santa. Qué decir de las historias de amor y desamor, siempre se dice que cada una es irrepetible pero por la flauta que se parecen.
En Los Republicanos están los versos de todos, de ahora y de siempre. Así escuchamos la historia de tantas veces de que “al pueblo mandaron al frente” y que mientras tanto sigue “el señor en su oficina” en la guerra por el salitre o podemos evocar “la voz clara de Víctor Jara (y de Rolando también)” en los siempre sabios versos de Manuel Sánchez. Y también vemos en la historia del glorioso “Atlético Torreja” o de los habitantes del cerro San Roque las vidas populares pero de primera mano, sin idealizaciones ni sensiblerías.
Los Republicanos, en la larga sesión que dio origen al disco, hicieron una gran fiesta, con amigos generosos y relevantes del mundo cuequero, con canciones para sonreír pero también para oír con los dientes apretados, cantando sueños e injusticias. Eligieron la cueca y lo hacen con notoria sapiencia pero, más allá de eso, en ellos está un fragmento del largo y noble camino del canto popular chileno. ¡Palmas!"




Fuera por cansancio o por apuro de sacar el disco, el Guatón dejó pasar esta presentación y supuestamente es la que está en el CD. Como los patudos todavía no me lo regalan todavía no sé si lo usaron, pero bueno, si no está, acá tienen mis opiniones sobre los muchachotes y su aporte al movimiento pero, más que eso, al actual escenario del canto popular chileno. ¡Palmas!.

PS: Más de un mes después de haber escrito este post, el Guatón me dijo que finalmente el texto no entró para el diseño en que se realizará el disco, así que me dijo si no era mucho lío acortarlo un poco. Lo hice (un par de días dp de cuando lo necesitaba, seamos sinceros) y quedó esta versión, que AHORA SÍ creo que es la definitiva. Honestamente creo que es la que quedó mejor, es bonito comprimir.


"Los Republicanos eligieron la cueca para expresar su canto, pero para llegar a ese sendero sus integrantes anduvieron por la Nueva Canción, el “canto a lo poeta”, el rock, la raíz folklórica, la música tradicional chilota y algunos otros proyectos.
En Los Republicanos encontraron el tono para hacer convivir la denuncia, la nostalgia, el amor y también el humor con el oficio de los que saben todas las “cachañas” del estilo, con pulso firme, delicadeza y contundencia cuando es necesario, para animar el circuito capitaliano, partiendo por su querido Club Matadero.
En este disco recorren las calles de Puente Alto o de Yungay, y en sus locales y sus personajes uno puede transportarse y vivir la cueca de su propio barrio o de su propia vida; cuando el papá del autor escucha a Allende “como empuñando la mano” o en las sensaciones sugerentes de María Juana y “las mariposas”. Qué decir de las historias de amor y desamor, siempre se dice que cada una es irrepetible pero por la flauta que se parecen.
En sus versos están los versos de todos, de ahora y de siempre, sea en los dramas de los trabajadores salitreros, o en la evocación de “la voz clara de Víctor Jara (y de Rolando también)” en los versos de Manuel Sánchez. Y también vemos en el glorioso “Atlético Torreja” o el cerro San Roque las vidas populares de primera mano, sin idealizaciones ni sensiblerías.
En la larga sesión que dio origen al disco, Los Republicanos hicieron una gran fiesta, con amigos generosos y relevantes del mundo cuequero, con canciones para sonreír pero también para oír con los dientes apretados, cantando sueños e injusticias. Aunque eligieron la cueca, en ellos está un fragmento del largo y noble camino del canto popular chileno. ¡Palmas!"

septiembre 03, 2012

La cámara americantora v.8: ¿de dónde es la música de Emily Pinkerton?


La cantautora estadounidense Emily Pinkerton vino nuevamente a Chile hace pocas semanas. Según comentaba es la sexta vez que anda por acá desde que decidió conocer el país a mediados de los 90. Razones no le faltaban: había nacido en la localidad de Valparaiso (sin tilde) en el estado de Indiana, un pueblo creado en Estados Unidos durante el siglo XIX e inspirado en la ciudad chilena, por esos años un lugar clave para el comercio marítimo.

En primer lugar conoció ese puerto y algo de la música chilena al integrarse a un conjunto de música folklórica. Por ahí comenzó a deleitarse con el canto más tradicional, a interesarse en músicas menos institucionales e instrumentos más ligados a la tierra como el guitarrón y después tuvo algunos aprendizajes directos con algunos de los exponentes más renombrados del canto a lo poeta, como Alfonso y Santos Rubio y Osvaldo Ulloa. Alfonso, de hecho, se hizo un seguidor del banjo (el instrumento que ella más domina) y cada vez que viene Emily han desarrollado un aprendizaje mutuo y único. Alfonso se volvió un seguidor y conocedor del instrumento norteamericano y Emily ha llegado a ser participante de un encuentro de guitarroneros improvisando versos con Angélica Muñoz, “La Chepita”.



Algo de todo ese aprendizaje lento y profundo está en su más reciente disco, “Ends of the earth”, donde si bien se escuchan preferentemente sus creaciones sobre la música de su tierra hay varias incursiones en ritmos latinoamericanos y en temáticas populares chilenas, como “Little angel” que reúne parte de las enseñanzas y viviencias que le entregaron Santos Rubio y Osvaldo Ulloa, fallecidos poco antes de que el disco se terminara y homenajeados en el mismo. Todo está cruzado, por supuesto, con el particular sonido del banjo y hace que surjan preguntas sobre el origen o la identidad de la propuesta o, más aún, de la viabilidad de que tenga difusión en alguno de los dos países.

Lo más lógico, en todo caso, parece ser escuchar el disco sin hacer disquisiciones identitarias e industriales, sino concentrarse en la dulce voz de Emily, en el interesante entramado de los sonidos de todos los instrumentos acústicos, en su versatilidad y la de sus músicos para pasearnos por varias partes de toda América y en abrir la mente y los sentidos de la misma manera como ella ha sabido capturar las cosas esenciales de dos mundos que parecen muy lejanos desde el prejuicio pero que en manos sensibles pueden ser un lenguaje común y único a la vez.  

Lo que vemos acá son grabaciones de una reunión informal en mi casa con interpretación de temas tradicionales chilenos y venezolanos armados sobre la marcha pero sirven para entender la mixtura presente en su interpretación y parte de su particular personalidad musical.

agosto 26, 2012

La cámara americantora v.7: Sexto piso

Luego de crear y ser parte por muchos años del grupo Cántaro, Claudio Acevedo (profesor de la facultad de Artes de la Universidad de Chile y además integrante de Ensamble Serenata) se decidió a armar otro conjunto con una linea matriz similiar: difusión y creación de la raíz folklórica latinoamericana.
Quizás por el elenco que tenía a mano o por el propio interés de buscar otras sonoridades llegó a la formación de Sexto Piso, que también trabaja los ritmos latinoamericanos pero que tiene en su formación cello, contrabajo, piano y saxo: sonidos que no estaban en Cántaro y que sin duda ayudan a darle otra sonoridad al conjunto y evitar de entrada las comparaciones.



El sábado 11 de agosto se presentaron en el Teatro Huemul, recinto de un tradicional barrio de Santiago Centro, como parte de un ciclo de conciertos de su Facultad. Aparte de muchas composiciones propias (instrumentales, con textos del grupo o sobre textos de poetas) hay versiones interesantes como una del repertorio de Congreso (“Pasillo de amor”) o una chacarera de Atahualpa Yupanqui cantada a la usanza del Neofolklore o más bien de los conjuntos argentinos que inspiraron este movimiento en Chile.



Luego del concierto Claudio Acevedo me comentaba que tienen repertorio de sobra para hacer un primer disco, tal como pudo percibirse en esa presentación. Me ha tocado escuchar a muchos músicos que bromean con los grupos de “música lateroamericana” o con los “cansautores”, pero al menos la reacción de la gente que suele encontrarse con esta música parece dar razones para pensar que se trata de un formato que tiene acogida y que sabe cómo despertar atención entre las audiencias. Los próximos pasos del grupo y de otros que están desarrollando el estilo podrán demostrarlo.

agosto 14, 2012

La cámara americantora v.6: el dúo Sankara

Para los seguidores de la música latinoamericana y de las formaciones del tipo Nueva Canción una de las buenas noticias del año fue la aparición del conjunto Merkén, que lanzó su primer disco con el a veces añorado cruce de ritmos folklóricos y creaciones con elementos doctos, diversidad instrumental y muchos juegos de voces. Acostumbrados a que estos grupos nazcan con ímpetus pero no se sostengan por mucho tiempo (sea por desinterés del público o por la complejidad de mantener tantos músicos reunidos en una idea común sin ver logros muy rápidamente) su llegada fue una pequeña luz para quienes creyeron que el modelo estaba extinguido.

Desde este trabajo salió también el primer disco del dúo Sankara, integrado por dos jóvenes que también son parte de Merkén (Fernanda Mosqueda y Felipe Valdés) y que tienen los mismos conceptos artísticos aunque resumidos para dos voces y el charango y la guitarra en la gran mayoría de los veces. 


El resultado es igual de alentador y retoma un modelo que quizás no fue muy usual en la música chilena de este estiloe, dúo mixto. Por la facilidad práctica, además, es probable que veamos más a menudo en escena al dúo que a Merkén, así que los dejo con este fragmento de una presentación en La Barcaza que permite apreciar el trabajo y mirar con más tranquilidad lo que está pasando con la música de raíz folklórica en buena cantidad de jóvenes que la toman y la trabajan con cariño y mucho rigor.




julio 22, 2012

La cámara americantora v.5: el Quinteto del Revés en el Club Matadero

Conocí al Galo Ugarte hace muchos años, en 1996. En esa época él vivía una confusión vocacional intensa: daba vueltas por periodismo de la Usach pese a que todos sabíamos que lo suyo era la guitarra; ya tenía varias canciones hechas y un triunfo en el festival Víctor Jara junto a su hermano Rodrigo. Para su dicha duró poco tiempo por esos lados, el suficiente para dejar muchos amigos, hacer de panelista en los primeros Americanto en la radio Usach que animábamos con Andrés Figueroa y convencerse que lo suyo era la música y partir hacia el Conservatorio de la Chile. 

Allá empezó a aumentar sus conocimientos y desarrollar otros proyectos: además de las actuaciones y grabaciones intermitentes con el dúo trovero armó un grupo de música instrumental que primero se llamó Fraude y después Zahir. De ahí han salido obras interesantes como la Suite organillera, que esperamos ver grabada prontamente. También estuvo varios años haciendo un trabajo muy valioso con Manuel Lizana, al adaptar y hacer repertorio para organillos chilenos, que fueron posteriormente exportados a México y Alemania. Parte de ese proceso quedó plasmado en el documental “Cartas a un amigo alemán”, que puede encontrarse en Discomanía.


Aparte de eso su hermano, el Rodrigo, lleva un tiempo metido en las agrupaciones de tango y paulatinamente el Galo tuvo algunos tanteos, primero acompañando con su guitarra a Genaro Prieto, ex integrante del grupo Aymará. Y ya desde hace algún tiempo ambos están metidos en el Quinteto del Revés, probablemente de los mejores grupos que hay en el país de este género, muy complicado pero también muy fascinante.


Este tema está grabado en el Club Matadero, la noche del 30 de junio, y muestra a mi entender el gran momento en que se encuentra el grupo, que esperamos que siga haciendo su camino en un estilo que parecía reservado para adultos mayores pero que hace tiempo está renovando su público.  

julio 15, 2012

La cámara americantora v.4: desde Valparaíso, Claudio Martínez

Claudio Martínez tiene un largo camino y un nombre en la ruta cultural de Valparaíso pero en Santiago le ha resultado más difícil ganarse un espacio más continuo. Como tantos otros talentos de su generación y de épocas anteriores, tiene gran reconocimiento entre sus colegas pero ha hecho pocas presentaciones en la capital y no le han dado lugar en las radios, incluso en las más progresistas y qué decir en las que “hacen patria” y “difunden la música chilena”.

Pese a esto él mantiene su ímpetu y anda por todos lados difundiendo su muy recomendable disco doble “Las ideas tienen alas”, donde está resumida buena parte de su trayectoria y sus múltiples búsquedas y sonidos: canciones de amor, introspectivas, sociales, políticas y de homenaje con diversos ritmos latinoamericanos, con banda y a guitarra pelada.

El vienes 29 se presentó con su guitarra en el café Crónica Digital, frente a la Plaza Brasil. El ambiente más bien intimista vino perfecto para escuchar sus canciones nuevas y las que están incluidas en su disco, ese en el que puso, cuando me lo firmó, “gracias por hacer música junto a nosotros, sin guitarra, pero con las mismas fuerzas, por los mismos sueños, a través de las mismas rutas espinosas”. Parte de eso, esas rutas espinosas que él conoce tan bien, está reflejado en esta canción con aires chacareros, “Cuesta”.

julio 08, 2012

Nelson Schwenke y el inicio de la leyenda del sur

La muerte de Nelson Schwenke, ocurrida hace algunas semanas, dio pie para que se reuniera en su funeral buena parte de lo más destacado del canto popular chileno de diversas generaciones. El fallecido músico era parte del dúo Schwenke y Nilo, de gran fama en los años ‘80 por sus composiciones que eran parte central del movimiento “Canto Nuevo” o que suelen etiquetarse en la llamada “canción de autor”, género bastante extraño en su etimología. Su fallecimiento, tan trágico como absurdo (fue atropellado mientras hablaba por teléfono en una concurrida esquina de Santiago), permitió ver en sus funerales a músicos de Inti Illimani (en sus dos versiones) e Illapu, a muchos de sus colegas de la época del Canto Nuevo y a varios otros trovadores de menos recorrido pero que reconocen en el trabajo del dúo a un hito de la música popular del país. Había también, por supuesto, miles de anónimos seguidores que tenían gratitud con él y su compañero Marcelo Nilo porque el grupo los acompañó en momentos importantes de sus vidas, muchos probablemente ligados a oscuros momentos de la dictadura de Pinochet. Por eso mismo estuve un buen rato allá, por más que mi relación con el dúo fuera un poco más tardía.

I
“El pequeño Juan” le decíamos a César Morales Navia, un compañero del Instituto Nacional. Para una manga de adolescentes que todavía no nos desarrollábamos físicamente y que dábamos crecientes muestras de chapotear en “la edad del pavo” (denominación en varios países hispanos a un período de poca concentración y lenta reacción ante el mundo, entre otras cosas), su porte de poco más de un metro ochenta y su corpulencia le volvían un sujeto temible por su sola contextura. Pero el famoso “Pequeño Juan” era la bondad con patas y poco antes de que me fuera del colegio me dijo: “escucha a Schwenke y Nilo, te van a hacer bien” o algo así. Yo, que recién me empezaba a maravillar con mis 14 años con las quenas, zampoñas, charangos y ritmos latinoamericanos de los emblemas de la Nueva Canción, no me animé o no me interesé, pero el hecho fue que no le hice caso de inmediato.

Recién el ‘95, ya saciado mi ímpetu inicial de los grupos emblemas, empecé a expandir mis inquietudes hacia otras ramas de la música chilena como el Canto Nuevo o el folklore más tradicional y aproveché que un hermano de un ex compañero de colegio tenía el volumen 2, 3 y 4 del dúo para adentrarme en su trabajo. Como era época de poco presupuesto opté por comprar un cassette de 90 minutos para meter lo que más me gustó de los tres trabajos, que fue prácticamente todo; habrán quedado fuera unos ocho temas en total. Con ese material me compré el volumen 1 y el 5 y corrí cuando salió el 6. Si bien no me gustaron todos por igual, siempre valoré de ellos la calidez melódica de sus composiciones y la manera de trabajar los textos, que podían mostrar realidades crudas y dolorosas pero que tenían un enfoque de alto vuelo y de permanencia, ya que aún pueden escucharse como cosas muy vigentes. Mis favoritas, en todo caso, se cruzaban con mis vivencias de la época, que iban por buscar un sentido en medio del sinsentido, cierta inquietud por el futuro y un aroma a decepción ante todo, que suele volver de cuando en cuando. “Nos fuimos quedando en silencio”, “Arde estrella mía” y “Uno se va quedando” fueron, por eso, leales compañeros de largos momentos no muy esplendorosos.





Por esa misma época los empecé a ver en vivo en algunos locales como el Centro Cultural del Banco del Estado (cuando tenían un interesante ciclo de conciertos los viernes en la tarde con entrada liberada) y también en el ya desaparecido gimnasio Manuel Plaza, en Plaza Egaña. Unos pocos años después los vi en el espectáculo de sus 20 años y en todos ellos vi a varias de sus formaciones de músicos acompañantes y sobre todo disfruté de su calidez y calidad interpretativa y sobre todo con los memorables monólogos de Nelson Schwenke, uno de los tipos más hilarantes que he visto arriba de un escenario. Lamentablemente sólo quedó registrado de esto un fragmento en el disco de los 20 años que editó Alerce. Después tuve la ocasión de hablar un par de veces con Marcelo Nilo para el Americanto e incluso para el diario La Hora, como quedó reflejado en este post anterior, cuando estaban a punto de hacer su concierto por los 30 años, con acompañamiento de orquesta sinfónica. (http://americanto.blogspot.com/2009/11/schwenke-y-nilo-y-el-diario-que-te.html)

II
En esa conversación Nilo comentó de un proyecto que estaba pronto a salir, un libro del periodista Rodrigo Pincheira (muy renombrado en el sur del país por su trabajo en algunos diarios de Concepción) donde estaría toda la vida del dúo a partir de unas conversaciones que habían sostenido con el autor. El libro finalmente se publicó en 2010 pero prácticamente no tuvo canales formales de distribución, así que los santiaguinos debieron contactarse con el propio Schwenke para adquirirlo a través de Facebook o esperar alguna visita de Pincheira para comprárselo directamente.

De ese modo lo conseguí, siempre a última hora, cuando ya casi no quedaban ejemplares, gracias a la gestión de un amigo que vio al autor en una jornada de la Asempch (gente estudiosa de la música popular chilena). Lo recibí un jueves a la hora de almuerzo en Discomanía (tienda de discos dedicada casi exclusivamente a la música chilena y atentida por dos grandes amigos, Pepe y la Eliana). Lo empecé a revisar en el metro y aunque el trecho era más o menos corto leí unas buenas decenas de páginas, básicamente porque el relato es muy fluido y porque, pese a no tener una línea cronológica, sí sirve para adentrarse bien hondamente en la manera de pensar del dúo. Eso era cerca de las tres de la tarde. Pasadas las nueve empezaron a llegar noticias desde las redes sociales. Como suele ocurrir con estos asuntos eran contradictorias e inquietantes, pero al poco rato las cosas iban quedando trágicamente claras: el dúo, tal como se le conoció, ya era parte del pasado.

Por eso el libro cobró otro sentido cuando pude verlo con calma al día siguiente. Si bien siempre los Schwenke y Nilo se caracterizaron por tener una calma y una certeza sobre el lugar que les correspondería en la historia de la música chilena, leer algunas de sus anécdotas, las cosas que les decían los jóvenes o la alquimia por la que se mantuvieron juntos por más de 30 años tuvo un impacto emocional mucho mayor. El libro está descontinuado, pero si alguna vez Pincheira lo reedita o si lo encuentra por ahí no lo piense dos veces: hay un pedazo grande de nuestra historia y las reflexiones esenciales de un dúo que hizo su prestigio canción por canción, concierto por concierto, recomendación por recomendación, como la que me dio amablemente el “Pequeño Juan” hace más de veinte años.

enero 30, 2012

Gracias por miles

Ayer festejamos los 10 años del Americanto en La Pintana. El afiche está en el blog de El Natre, los agradecimientos y las fotos están en Facebook, pero más allá de eso quería compartir los saludos que nos enviaron algunos amigos del mundo de la cultura y las comunicaciones para que se leyeran durante el concierto. Como esos textos suelen perderse en el mismo momento del recital yo quisiera dejar acá las palabras de cada uno de ellos como una manera de expresarles mi gratitud y cariño por haber tenido esta consideración y por haberme ayudado a dimensionar en los momentos previos al espectáculo el aporte que se ha intentado hacer en este tiempo, el camino no tan corto que se ha recorrido de manera casi imperceptible y principalmente el afecto y la admiración enorme que siento por cada uno de ellos.


Osvaldo Torres: Latino-américa en el canto, el canto de américa-latina,
Todo junto, junto a todos
En esta vertiente sanguínea que nos une a través de la lengua colonial; entonces el canto, la oralidad de la música, y el cantar de la palabras; todos obrando por todos a través del SENTIDO del canto,
Como un trueno, una corriente vertiginosa, que arrastra los sentidos sensibles de los hombres y mujeres que entienden al fin la palabra del canto,
Entonces: “Del vientre terrenal dolido, Esta naciendo la arcilla, y el viejo viento partero, lo saca desde la entraña. Ahí esta esta el primer grito, ahí nace el primer canto y la aurora de los hombres confundida en su quebranto….
Hay que ser como el tambor de cuero duro y porfiado. Si mas nos ataca el palo, más fuerte debe ser nuestro canto.
Entonces queridos amigos, el canto tampoco es un ser solitario necesita de ustedes y por sobre todo de hombres y mujeres que a través de la nuevas tecnologías lo reparten y lo difunden como un polen sagrado del espíritu.
Que canten los jóvenes abrámonos todos las puertas y ventanas. Siempre!!!
Muchos años más de AMERICANTO Y DE TU TENAZ ESPERANZA QUERIDO AMIGO MANUEL VILCHES.


Nano Acevedo: En medio del bombardeo de contenidos extranjeros, en medio del desprecio y de la constante omisión; del ninguneo diario y de la censura que aún persiste. 
Hay trincheras que se abren como pétalos, puertas que conducen a los ríos de nuestra sangre.
Espacios que hombres solitarios, o colectivos, abrieron para cautelar las tradiciones.
Esto ha sucedido siempre. Ante la avalancha de basura mediática, es necesario alzar las trincheras de lo propio, de las raíces, de la identidad.
Hombres y mujeres se han jugado por difundir el cantoral de los pueblos, a lo largo del país. Seres anónimos, sin más norte que aproximar sonidos y relatos.
En forma de videos, grabaciones, fotografías, notas y canciones; los hay muchos y buenos, en todas partes.
En esta ocasión, celebro el décimo aniversario de Americanto y su creador Manuel Vilches.

Guillermo García: Como miembro de este amplio movimiento que es el canto libre latinoamericano, me hago partícipe feliz de este aniversario de Americanto. Emisiones como esta, son una necesidad en esta tan adversa realidad en la que estamos viviendo, y el esfuerzo de mi amigo Manuel Vilches por mantenerla viva es una prueba de que se puede, con la conciencia, abrir puertas y ventanas para comunicar y entregar lo que somos, lo que queremos, lo que soñamos, lo que dice nuestra poesía, nuestro canto. Gracias Manuel por este espacio que nos brindas a todos, gracias por la fraternidad compartida, por las ganas de un mejor futuro, una gota con muchas otras, harán siempre el aguacero...




Marina Leiras, comunicadora argentina: Un hermoso paisaje, una bella ciudad como Santiago, una buena sintonía musical, alimentarse los sentidos con la cultura extraordinaria y profunda de Chile hace mejor nuestras vidas, por eso desde Buenos Aires me es grato aprender cada Domingo con el programa de radio "Americanto" que se emite por radio "Nuevo Mundo" a las 09:00hs en 930 AM del dial. "Americanto" es un programa en donde la cultura Chilena y Latinoamericana danzan en nuestros oídos dejándonos abiertos a la vida, sin fronteras, y con ganas de seguir aprendiendo y conociendo.
Un abrazo con admiración y cariño!


Sergio Campos: En esta celebración de diez año de trabajo inteligente al servicio de la cultura de nuestro pueblo, espero que sea la ocasión propicia para respirar profundo y adquirir nuevos bríos, que enriquezcan aún más tu aporte.
Tienes capacidad, talento y capacidad. Por eso tengo la certeza que tu contribución irá en aumento.
Adelante con AMERICANTO, en la legendaria Radio Nuevo Mundo.
Un abrazo fraterno de tu otrora maestro, ahora amigo y querido compañero




Andrés Figueroa, fundador e impulsor inicial del Americanto: Que la memoria llena de futuro continúe en el aire, en el éter urgente, en la nave cultural que atenta contra el silencio y el olvido conveniente para los pocos dueños de todo.
Que Americanto festeje su vida y la vida de quienes lo escuchan recién ahorita o desde hace 10 años en punto. Que sirva siempre para la parte del corazón donde va la cabeza que busca a los compañeros.
Que aunque es bien sabido que la música no cambia la historia, Americanto aliente el combate social para un buen día acabar con la organización de la miseria.
Que la cultura sea bella y de todos y todas, que salte desde el pie, volcánicamente, que sea fin y también instrumento de liberación para los trabajadores y los pueblos de aquí y de más allá, que ahora la lucha es mundial y es preciso destruir la soledad.
Que Manuel no pierda jamás su vocación profunda por la identidad musical de Chile y América Latina, y en consecuencia, la vida le sea larga y amorosa y nunca le escasee el ojo crítico, el juicio estético, el costado izquierdo amanecido.
Que muchas gracias a la distancia, que están en buenas manos musicales, que la rabia se les vuelva compromiso acerado, y el compromiso los reúna para cambiar la vida. En el horizonte, y para eso también afortunadamente existe Americanto, están ustedes torciendo los intereses enemigos del pueblo trabajador, están ustedes musicando las notas libres e iguales del porvenir.

enero 23, 2012

La Jose y los Cántaro

El Americanto no llevaba ni un año cuando conocí a Claudio Acevedo, profesor de un taller de música latinoamericana de la U. de Chile. De uno de sus grupos más entusiastas nació Cántaro, conjunto que lanzó su primer trabajo a fines de 2002 y del que me enteré en realidad cuando Acevedo fue a dar una entrevista como integrante del Ensamble Serenata.

Ese día fue nefasto porque nos dimos cuenta que íbamos a grabar una emisión para el domingo 21 de septiembre, día que la radio no transmitía, por lo que estábamos gastando tiempo por las puras. Y ahí, en medio de lo gracioso de la conversa y viendo cómo arreglar la plancha de llevar a un entrevistado por las puras, concordamos para que fuera a presentar el CD "Música de raíz latinoamericana" lleno de temas con ritmos del continente y un muy bonito diseño hecho a partir de vestuarios blancos y perros para colgar ropa.

Pasaron los años y los Cántaro en su gran mayoría decidieron partir a Europa, poco después de grabar su segundo disco. De eso han pasado ya más de cinco años y por lo que se sabía les iba bastante bien, ya que además de sus estudios y crecimiento profesional el grupo cantaba por las uropas y hasta tenía alianzas con otros músicos. Alguna vez anduvieron por acá, aprovechando las visitas de todos para las fiestas de fin de año.

Estos mismos festejos hicieron que varios de ellos pasaran por acá en estos días y ya logré contactar a algunos, para saber del tercer disco del grupo "Buen puerto" como de sus carreras solistas.

La primera con quien hablé fue Josefina Echenique, La Jose, una de las compositoras y de las voces principales del grupo. Conversamos mucho rato, con lo que hicimos una emisión de la radio (americanto.podomatic.com) y cerramos con la grabación medio artesa de este tema, que será parte de su primer disco solista. La luz ni la calidad técnica de la filmación creo que estarán muy deslumbrantes pero al menos permite apreciar su trabajo. Pueden escuchar más acá


enero 20, 2012

Dos amigos, veinte años: Osvaldo Torres por Willy Oddó

Para los 20 años de la muerte de Willy Oddó se hizo una ceremonia muy íntima y sin mayores aspavientos, en la que su hijo Ismael convocó a familiares, músicos y amigos para compartir imágenes y viviencias con el inolvidable integrante de Quilapayún.
Cuando ya pasaron los discursos “oficiales” y se difundieron algunos videos con la magistral voz del homenajeado, Ismael sacó la guitarra y envalentonó a que los artistas presentes entonaran algunas canciones.

Como parte de ese encuentro estaba Osvaldo Torres, quien ya llevaba unos pocos días en Chile y se aprestaba para dos intensos conciertos en La Reina. Generoso y sencillo como siempre, tomó la guitarra y entonó este tema, que es parte de un disco semi maldito que aún no puede salir a la venta pero que resume buena parte de sus inquietas ideas artísticas de los últimos años.

Él mismo explicaba que la canción, llamada “Dos amigos” fue hecha para otra persona que conoció por largo tiempo pero que podía reflejar también el cariño por Willy Oddó y, en términos más amplios, por los Quilapayún que conoce desde hace tanto y con quienes ha tenido una interesante y profunda interacción artística en el último tiempo.

La cámara no es de las más profesionales y la luz no nos acompañaba a esas alturas pero igual vale la pena escuchar el tema y capturar algunos segundos de una jornada muy enriquecedora y que, por arte de magia, logró traer de vuelta a un artista excepcional y, para quienes lo conocieron, un hombre inigualable.