junio 26, 2010

Mis canciones mundialeras

Como todos (y quizás peor que varios, por razones laborales) estoy metido hasta el cogote con el Mundial. Pero más allá de la tontera de los comerciales y las notas de los colegas a la tracalada de compatriotas enardecidos con polera roja o haciendo happy hour a las 10 de la mañana para ver el partido "como corresponde" (qué decir de los que salieron a celebrar después de perder torpemente por 2-1), hay gente que se toma el fútbol con un poco más de cariño e incluso le dedica algunas de sus más inspiradas creaciones.

Por eso quiero aprovechar en esta oportunidad de dejar algunas canciones vinculadas con el fútbol y que tienen incluso cierta relación con los mundiales.
La primera es de Peteco Carabajal, se llama "La canción del brujito" y trata de describir el instante en que Diego Maradona "recibe la gracia" que lo volvió una leyenda del fútbol mundial y que permitió que los argentinos ganaran el Mundial de 1986. Fue estrenada poco después de ese torneo y se dice, por eso mismo, que es la primera canción que se hizo al "Pibe de oro", bastantes años antes que otras creaciones más célebres como la de Los Piojos o la del Potro Rodrigo, bastante menos abstractas en su texto. Esta de Carabajal ni siquiera menciona abiertamente a Maradona sino que alude a un niño de un barrio pobre que debe jugar por los "genios del hambre y la esperanza" que vuelan junto a su corazón. La versión es de Santiagueños, el dúo del autor del tema con Jacinto Piedra, de corta pero trascendente vida en la segunda mitad de los '80.



La otra es una canción de Tabaré Cardozo inspirada en una de las historias más tristes del fútbol mundial. Se llama "Barbosa" y se refiere al arquero brasileño que tuvo la ingrata tarea de disputar el Mundial de 1950. Como se sabe el Scratch era anfitrión de ese torneo y se daba por hecho que saldrían campeones. En la final Uruguay dio el gran golpe de la historia del fútbol mundial y ganó 2-1. Aquel desolado país no halló mejor solución para descargar su ira haciendo imposible la vida de Barbosa hasta su muerte. La canción describe bastante bien su ingrata vida y momentos verdaderamente desoladores como que, una vez retirado, terminó cuidando el Maracaná y cada vez que regaba el pasto miraba el arco repasando la jugada del segundo gol o que cuando se remodeló el estadio le dieron los postes como recuerdo, que ocupó como leña para hacer un asado. Lo significativo es que este tema de homenaje venga, justamente, de un artista del país que ganó aquel memorable encuentro y que parece estar hastiado de vivir esa leyenda, cada vez más grande pero también cada vez más pesada de sobrellevar. Ojalá desde el lunes haya un nuevo Barbosa en Brasil, je.

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Eso era por ahora. Si alguien quiere compartir sus canciones son bienvenidas, pues.
Salutes!

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