enero 28, 2010

Apuntes huasos

Otra vez anduve paseando por Olmué. Es el cuarto Festival del Huaso que me toca ver y en realidad no dista mucho de versiones anteriores, salvo porque quizás hay una mayor presencia de música chilena y de diversos estilos. No están las cosas para hacer teorizaciones y ensayos pero sí quería comentar algunas cosas aisladamente.

Creo que este año fue primera vez que algunos artistas de la competencia se apoyaron en pistas grabadas para su presentación. Lo hicieron Los Huasos Quincheros y los Huasos de Algarrobal. Algunos de sus “adversarios”, de hecho, lo dejaron de manifiesto en algunas declaraciones a las radios. Cabría hacer la salvedad que los Huasos de Algarrobal compitieron el año pasado cantando “Viva Chile” cuando se eligió la mejor canción chilena y tuvieron un sonido miserable. Acoples enormes, micrófonos que no se oían, fue un martirio para todos. Eso podría explicar su decisión de apoyarse con pistas porque, según dice uno de los participantes de la competencia, “en el hostal siempre nos juntamos a guitarrear ¡y ellos cantan a toda raja!. No entiendo por qué doblaron”. Los Quincheros, en cambio, es sabido que hace algunos años cuentan con ayuda tecnológica para sus presentaciones.

En cambio Las Cuatro Brujas se lanzaron con lo que tenían para homenajear a Rolando Alarcón y más de alguien ha dicho que “ojalá que hubieran usado playback”, porque las dificultades vocales fueron evidentes. Algunos de los que están de punto fijo en el Patagual durante las pruebas de sonido llegaron a comentar que “incluso lo que hicieron en el momento de la transmisión fue lejos su mejor actuación porque en los ensayos fue desastroso”.

Bastante mejor le fue a la extraña dupla de Alexis Venegas y Carmencita Valdés, uno trovador y la otra cantora de rodeos. Ella, de hecho, decía que era la primera vez en su vida que se subía a un escenario, porque en los eventos “deportivos” (alargando un poco el concepto) “me tienen en una caseta de tres por tres”. Su alivio fue grande después de su participación y también enorme su desazón cuando le preguntaban por su futuro. “Yo jamás voy a salir de ese mundo. Tendría que tener un manager que me sacara, que me dejara cantar otras cosas, tendría que bajar de peso además”, agrega. Para callado comenta que además de su repertorio le encanta la música argentina y hasta tiene una ídola: Tamara Castro, tal como ella cantante de imponente figura y que falleció hace un par de años.

Le fue bastante bien a Los Trukeros, pese a que no pudieron hacer su presentación completa, ya que la última cueca la escuchó sólo el público del Parque que, en todo caso, estaba bastante admirado de su trabajo e incluso de las cuecas menos bailables. En todo caso en varios puntos del Patagual salieron parejas a lucirse. Pese a que sólo son cinco músicos (en algún momento fueron nueve) el grupo sonó con carácter y logró mantener la atención con pequeños detalles que dieron variedad dentro de un espectáculo compuesto sólo por cuecas.

Los músicos de la orquesta que dirige Germán Concha son un plato. Como deben estar buena parte de la mañana en los ensayos tienen largos momentos para distenderse e incluso “manejan tallas que ni siquiera yo conozco” dice Concha. La más notoria es cuando, durante los ensayos o en comerciales, ponen una conocida música circense que incluso fue la cortina de “El circo de las Montini”. Un guitarrista hace la base y el resto se pone a improvisar encima. El mejor momento fue cuando Gloria Simonetti hacía unos ajustes en su prueba de sonido y, al escuchar la melodía, se largó a bailar con una gracia que ya se la quisieran varias de las “showoman” que se autoarrogan el generoso apelativo. “Ahí está el caño” le decían los músicos, apuntando a un micrófono.

Justamente escuchando a Gloria Simonetti en el ensayo de las 11 de la mañana fue una de las veces que quedé con la boca abierta. Oyéndola me doy cuenta que la pobreza de la industria cultural chilena impidió que artistas de su talla tuvieran la carrera que les correspondía. La recuerdo cantando a dúo con Ginette Acevedo en el programa de Alfredo Lamadrid y creo que ellas y otros como Antonio Zabaleta y tantos otros intérpretes destacados como Claudio Escobar o José Luis Arce merecían otros compositores, otros discos, otros productores. Si se piensa que salvo los cantantes de Rojo no hay muchos intérpretes que hayan tenido éxito “mediático” da para pensar que nunca hubo condiciones mínimas para generar carreras dignas del potencial con que contaban y que, definitivamente, a la industria chilena le faltó elegancia y talento para tener más gente de quien sentirnos orgullosos.

Bueno, también anduve en la prueba de sonido de los Quilapayún. Eso lo cuento acá. Salutes a todos!

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