septiembre 18, 2008

Cumbia que te vas de ronda

Mi obsesión melómana me llevó buscar algún disco donde pillara un tema que me tenía rayado por la musicalidad de su estrofa inicial: “Rosa María se fue a la playa / se fue a la playa / se fue a bañar”, además un texto estremecedor por donde se le mire sobre la cruda realidad de los balnearios. Bueno, tanta amistad y jornadas instalado en Discomanía me hizo llegar hasta un disco cuádruple que incluía el famoso tema. Se llama “Las dos caras del 18” y se compone de 50 cuecas y 50 cumbias para cumplir con el deber patriótico de punta a cabo.

Honestamente la antología de cuecas todavía no la oigo y no sé cuándo lo haré. Pero sí me fui de hacha a Rosa María y los discos bailables. Y en honor a la verdad fue un momento mágico, como si se me abrieran muchísimas puertas de la memoria popular. De a poco, escuchando los bronces, las timbaletas, los huiros y el sonido opaco de muchos temas probablemente extraídos de vinilos o de matrices poco felices logré escuchar montones de cosas que tenía vagamente instaladas en mi memoria: “La gallina no”, “La araña peluda”, esa que dice “Adiós que te vaya bien, que te parta un rayo...” y no sé qué más, “Así como empezaron papá y mamá”, “Que me coma el tigre” y tantos otros. Bueno, y otros clásicos de carta cabal como “El lechero”, “Macondo”, “La piragua”, “Morena de 15 años”, “La pollera amarilla”, “Los marcianos llegaron ya”, “La banda borracha”, “El tiburón”, “Lupita” y muchos más. Bueno, además hay ahí, por cierto, un paseo rítmico formidable, chá chá chá, mambo, cumbia, un poco de onda ranchera, en fin. Qué decir de las licencias lingüísticas, “Alicia me lo acaricia”, “la corneta de mi abuelo”, “A Tite lo entierran hoy” y tantas otras muestras de nuestra maestría con el doble sentido más pedestre. Un lujo.Conocí también otras obras de alto impacto emotivo como "Cartero del amor" y otras injustamente olvidadas.

Escuchando el disco entendí muchas cosas. Conocí las canciones brasileñas que dieron origen a algunos clásicos de cantos de estadio como el del “Saqueeero... hijo de puuutaaaa... la puuutaaaa... que te parióoooo...” la que los hinchas de la “U” le cantaban a Liminha y otras linduras. Comprendí por qué el Quilapayún hizo esas orquestaciones de las canciones contingentes. Bueno, logré darle algo de forma a lo que se entiende hoy como “cumbia chilena” y de dónde viene el entusiasmo de una generación como la mía cuando canta la Chico Trujillo, la Patogallina o cualquier grupo que hace una reconstrucción de algo que tenemos tan hondamente arraigado. Seguramente algún amigo de la comunidad folklórica ariscará la nariz con lo que diré ahora pero escuchando el disco sentí la misma idea identitaria que puedo tener oyendo una tonada con guitarra traspuesta o el tema más trascendente de la Nueva Canción. Será más lento, con menos gracia, más chillón que lo que se entendía como cumbia en Colombia pero el asunto tiene su brillo en sí mismo y con eso basta. En resumen, se pasó el disco, tengo por fin a Rosa María en mi casa y la cumbia chilena se las manda.

* este texto lo craneé / pal 18 del año pasado / pero seré de quedado / que jamás lo publiqué

1 comentario:

rodrigo nuñez dijo...

son todos grupos chilenos o no sobre todo pepe y su combo