agosto 29, 2008

El que busca siempre encuentra

Hace doce años andaba en mi primer gran viaje, andaba leseando por Perú. Ya habíamos pasado Arequipa, Ayacucho, el mítico Huancavelica (el pueblo fantasma de la artesanía) e íbamos rumbo a Huancayo. Por primera vez en todos los buses que ya habíamos tomado, en medio de las mágicas melodías de “El venao” “Y que se le moja la canoa” y “Caracas, Caracas” y otras ternuras del estilo el conductor del bus se compadeció y puso un cassette de música criolla. Eran básicamente valses, boleros y otros en un compilado de intérpretes de los que sólo pude reconocer a Lucho Barrios.

Cansado de escuchar mis cassettes que ya había repasado como cinco veces a lo largo del viaje me quedé oyendo la música del bus mientras veía los intimidantes barrancos que el bus bordeaba con toda eficacia. El hecho es que quedé colgado de una canción verdaderamente desgarradora, de un tipo que le escribía al amigo porque estaba tan enfermo y solo y solicitaba un poco de compañía. Era tremendamente triste, estremecedora.

Desde mi vuelta busqué el tema majaderamente, le pregunté desde entonces a todo aquel que me parecía con conocimientos suficientes para que me diera luces al respecto. No hubo caso, parece que la canción nunca llegó a Chile. Después probé con internet, poniendo en los buscadores frases que creia recordar o los posibles nombres que podía tener el tema. Naca la pirinaca.

Había congelado mi obsesión por el temita hace un largo tiempo hasta que ayer me puse a buscar discos recientes de música peruana para poner en el programa, y llegué a un blog donde tenían cosas de todas las épocas y llegué al cd de un caballero llamado Felipe Rodríguez y que interpretaba “sus 15 mejores éxitos”. Vi el título de uno de los temas y me corazoné por completo, ese debía ser. Lo he descargado y efectivamente, 12 años después he encontrado esta maravilla. Desgarro al por mayor.

Rastreando por internet he encontrado más datos, bastantes años después de mi primera búsqueda, y da la idea que es un tango, de hecho tiene giros argentinos en su escritura, pero es raro porque en todotango.com, sitio que tiene 3 mil letras de ese estilo, no lo incluye. Si fue tanto no es precisamente popular. Por otro lado se le atribuye la letra al señor Orlando Contreras pero es poco probable ya que se trata de un salsero. En otras partes dice simplemente que es un texto anónimo. Parece, en todo caso, una muestra notable de folklore latinoamericano porque si fue escrita en tango da la idea que fue muy popular en Colombia, ya que uno de sus intérpretes más mencioado es Oscar Agudelo, de esta nacionalidad, pero por otra parte fue parte del repertorio de este músico cubano de apellido Contreras. Yo por otro lado lo conocí en Perú y la versión que bajé es de Felipe Rodríguez, cantante de ese país.

Coincidencias de la vida además al ver la letra he visto que el texto está escrito en décimas, por lejos mi formato favorito de poesía popular, lo que puede haber influido en que el tema me quedara grabado tanto tiempo. En fin, un gusto ha sido este hallazgo que no queda muy claro de dónde es pero puede tomarse como parte del folklore del continente. Por eso quería compartirlo.

El texto dice así

Desde un tétrico hospital
donde se hallaba internado,
casi agónico y rodeado
de un silencio sepulcral,
con su ternura habitual,
la que siempre demostró,
quizá con esfuerzo o no
desde su lecho sombrío,
un tísico amigo mío
esta carta me escribió.

"Querido amigo quisiera,
que al recibir la presente,
te halles bien, y que la suerte
te acompañe por doquiera.
Por mi parte, mal pudiera
decirte que estoy mejor,
si al contrario, en mi dolor,
postrado en mi lecho abjecto
ya soy un pobre esqueleto
que a mi mismo me da horror.

"La carta es para decirte
que si podés algún día,
vení a hacerme compañía
vos que tanto me quisiste;
estoy tan solo y tan triste
que lloro sin contenerme,
ya nadie suele quererme,
todos se muestran impíos,
de tantos amigos míos
ninguno ha venido a verme.

"Hoy yo te doy la razón
pues veo en mi soledad,
que esa llamada amistad
es tan sólo una ilusión.
Cuando uno está en condición
tiene amigos a granel.
pero si el destino cruel
hacia un abismo nos tira,
vemos que todo es mentira
y que no hay amigo fiel.

"Bueno, aquí ya me despido,
y al poner punto final
recibe un abrazo leal
de quien siempre te ha querido.
A tu mamá, que no olvido,
también mis recuerdos dale,
mucha devoción mostrale
y de cariños colmala...
Vos que la tenés cuidala.
¡Si supieras cuánto vale!"

Llegó el domingo, y ansioso
por aquel amigo leal,
penetré en el hospital
angustiado y pesaroso,
me dirigí silencioso
al lugar donde sabía
que su lecho encontraría.
mas...¡ay!... no bien lo encontré,
asombrado me quedé
al ver la cama vacía.

Hay una versión en video de Oscar Agudelo, por acá.

Eso, quería compartir mi alegría. Todo coleccionista o melómano obseso sabrá lo bonito que es tener estos encuentros, ¿no?

Salutes a todos