enero 24, 2008

Las callecitas de Cosquín



…no paran de moverse. Son las cuatro de la mañana y San Martín está desbordada, números callejeros, puestos de comercio abiertos, locales con mesas en la vereda, en fin. Eso por supuesto que es el reflejo de todo lo que se vive acá. Recién leía un libro sobre Mercedes Sosa y contaba de los primeros festivales, el 65, justamente el que la lanzó a la fama de alguna manera y decía que era tal cual, que la animación comenzaba tarde y que ella se acostaba a las 21 horas para salir a cantar cerca de las tres de la mañana. Así que debe ser la cultura trasnochadora de los argentinos nomás, esa que extrañan tanto cuando están en Santiago, pobrecitos.

Esta agitación es la misma que se vive con el folklore. De hecho hay escenarios y peñas a la misma hora que se hace el festival en la Plaza Próspero Molina, la gente que merodea por las calles debe ser tranquilamente dos o tres veces la que está viendo el escenario Atahualpa Yupanqui y quizás me quedo corto. Es posible ver la inmensa cantidad de artistas todavía no llamados por la fama, con afiches promocionando sus discos, anunciando actuaciones en las fechas, con el fono de las contrataciones que anhela el reconocimiento. Uno de los gestores de peña contaba que muchos de ellos tienen que pagar “derecho a piso” para estar en algunos espacios, la mítica “payola” que existe en las radios por ejemplo. O sea, hay un mecanismo de industria muy potente que, por cierto, debe generar inmediatamente un caudal de perversión.

Pero visto desde otra manera esa misma deformación de la industria quiere decir que hay industria, y a su vez quiere decir que hay mercado. Suena feo decirlo así pero el hecho es que se nota a la legua que el folklore prende acá. Y que hay tal variedad de públicos que permite la existencia de miles de propuestas, están las superestrellas, los más “prestigiosos” generalmente reconocidos por los pares, los experimentales, las viejas glorias lejos de su cuarto de hora, los emergentes, los clones, bueno, todos. Y ese fervor es cosa de verlo en la cantidad de artistas que hay, la manera cómo los escuchan en la calle, por ejemplo, y el entusiasmo con que baila la gente, no se necesitan decretos, ni campañas de fomento ni nada.

El folklore es lo que se arraiga en la gente a fin de cuentas. Y eso puede tener una misma raíz desde muy lejos pero varía, a veces no. Pero lo importante es que tiene que tener un caudal de gente que lo mantenga pero no como un deber si no como un disfrute. Y en eso los argentinos pueden estar de lo más tranquilos. ¿Cómo andamos por casa?, en fin, tema para otro día.

1 comentario:

PAT.- dijo...

Que envidia, querido Manuel!!! Lo tuyo no tiene desperdicio! Que no daría por andar por Cosquin de parranda hasta las 4 de la mañana! Seguí escribiendo, que lo que se ve pór tele del festival es bastante pobre! Besotes!

PAT.-