enero 24, 2008

La tercera luna de Cosquín

“Aquíiiiiiiiiiiiii Coooooosquíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin”. La frasecita aquella la leí y la oí no se cuántas veces. Humildemente soñaba con oírla, en vivo y en directo, en la Plaza Próspero Molina. Así fue, la oí fuerte, emocionada además porque era el exacto 47 aniversario del festival lo que provocó el quiebre del animador cuando hacía la presentación.


La jornada era la tercera del festival y tenía las entradas en precio medio comparado a las jornadas donde estaban las “estrellas” (Jorge Rojas, El Chaqueño Palavecino y Los Nocheros) y a la de otros días en que estaban más baratas. Increíblemente uno de los más baratos era cuando cantaba Mercedes Sosa, bueh. Los platos fuertes eran Los Tekis, folklore andino tecnologizado, Divididos en un repertorio folklórico y el tributo a Carlos Carabajal que organizaban sus hijos Peteco, Graciela y Demi con su nieta Roxana. El lugar estaba lejos de estar lleno pero tenía público, supongo que habría poco más de cinco mil personas para un lugar que repleto hace 10 o 12 mil. Hace tiempo había leído que salvo los días de las “estrellas” la plaza no se llena y que ha habido dudas hasta de la viabilidad económica del Festival, en fin.

Además de ellos hubo varios números en una estructura muy dinámica gracias a algunos sabios recursos. Por ejemplo cuando cantaba un cantautor se le ponía delante de la cortina para ajustar el escenario y, por cierto, que el escenario estaba dividido en dos con lo que una mitad se ajusta mientras canta el otro. Don Carlos Valladares me había contado que cuando él fue como parte del dúo Los Emigrantes con Rolando Alarcón en 1971 había dos espacios para cantar en el escenario principal, lo que permitía el dinamismo del espectáculo. Bueno, ahora hacen lo mismo pero con más estilo.

Aparte de los mencionados se puede comentar que pasaron números como el trovador Rafael Amor, argentino radicado en España desde largo tiempo y del que algo conocía gracias a Diego Dana. El caballero se las mandó y tuvo una ovación enorme gracias a su talento y sensiblidad. Además estuvo un trío japonés que tocaba música instrumental y que remató con una chacarera cantada dificultosamente pero que conmovió a la concurrencia. Hubo un par de grupos vocales de incuestionable certeza pero no particularmente llamativos y el cantor Rubén Patagonia, de quien había escuchado algunos comentarios por su apego a la causa indigenista. Su espectáculo puede ser medio discutible en cuanto al vínculo de su música con su causa (a veces parecía el repertorio de Enigma o Era) pero al menos se mandó un discurso sorpresivo. Hizo un vivo llamado de solidaridad y apoyo por Patricia Troncoso, mapuche chilena en huelga de hambre hace casi tres meses. Lo supo toda Argentina porque estaban televisando.

Pero bueno, yo fui a ver el tributo a don Carlos y salí plenamente satisfecho. Tal como en el disco se hizo el espectáculo en dos partes: el patio y el escenario. En el primero los músicos salían como en la casa invitando a todos a instalarse en la casa de don Carlos y cantando de una manera más rústica si se quiere. En la segunda estaban con pinta de “músicos” y con arreglos más “amononados”. Pero en ambas partes la respuesta fue igual. Eufórica, baile por todas partes, ovaciones, etc. Un lujo por cierto.

Tirando para las tres nos vinimos, la cosa seguía y de hecho nos perdimos los Divididos pero bueh, no se puede hacer todo en la vida. Hay que juntar energías, pensando que quedaban seis noches. Aquíiiiiii Coooosquíiiiiiiiiiiiiiin, ¡qué lindo!.

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