enero 27, 2008

La noche del corazón libre

Anoche hubo una dimensión de tiempo especial cuando se subió al escenario Mercedes Sosa. Después que ha cantado parece que no fuera nada desde que la presentó el animador pero a la vez han pasado tantas sensaciones que se siente algo raro en la garganta y uno se sorprende aplaudiendo de pie junto a toda la multitud que está en la plaza Próspero Molina. Cuando aparece en el escenario y se le ve sentada con una banda pequeñita de músicos uno se imagina a tantas glorias pasadas de la música y piensa “ojalá que no sea muy terrible”. Pero la señora se encarga de dar una tierna bofetada a los prejuiciosos.

Tanto por la elección de repertorio, por su pequeña orquesta, por los notables invitados que se fueron sumando paulatinamente al concierto, por la dinámica que va adquiriendo la actuación y especialmente por la genial sensibilidad que tiene la señora (que levanta eufórico al público o genera un silencio pavoroso en un santiamén) hace que todo sea simplemente deslumbrante. Uno no se da cuenta si llovió o no, si pasó mucho rato, si uno tenía hambre, frío, sueño o lo que fuera. Una mano invisible, pero buena, arrulla al espectador y lo hace parte de algo simplemente deslumbrante. Se requetepasó la señora, impresionante, la voz bellísima como siempre, obviamente que no es la misma que está en los discos pero sigue siendo expresiva, poderosa, tierna, etc. “Ah, ustedes no saben lo que se viene, lo que va a ser esto”, decía en plena mitad del concierto, absolutamente consciente de la potencia de lo que tenía entre manos. Así no más fue.

Cerca de una decena de invitados, canciones de todos los estilos, autores de todos lados (por nombrar sólo algunos se interpretó a Víctor Jara, León Gieco, Joan Manuel Serrat, Peteco Carabajal, Daniel Toro, la dupla Tejada Gómez / Matus, la dupla Falú / Dávalos y Alfredo Zitarrosa). Bueno, un regalo enorme, como para decir “guaaaa”. Además parece que la señora tiene la capacidad de desdecirse porque recuerdo haberle leído hace mil años como descueraba a Soledad y resulta que bien que cantaron ayer una muy linda versión de la “Zamba para olvidar” de manera muy hermanable. Bonito en todo caso, y la presentaba a la muchacha como “una estrellísima”. Bueno, a mí Soledad no me mata mucho que digamos por no decir otra cosa pero el gesto fue bonito igual y en determinadas ocasiones me ha sorprendido con sus interpretaciones, como es el caso de ayer y cuando cantó “Los rastros de Juan Bagual” para un disco de Peteco.

Durante la semana, de manera accidental, me puse a leer las memorias de la señora hechas a medias con un periodista amigo suyo y pude prepararme, de alguna manera, para el espectáculo. Y claro, mientras uno ha escuchado mil críticas a Mercedes Sosa porque cambió su filiación política, porque se hizo amiga de los peronistas o porque apoyó a Palito Ortega o porque pasea por Buenos Aires con un auto último modelo, el hecho es que en el libro parece sincera, uno cree lo que cuenta y queda enternecido por su vida y después de verla cantar más aún, cuesta creer que detrás de un artista de esa envergadura haya un ser humano deplorable. Claro, luego de leer el libro hay sólo un punto que queda medio dudoso. Ella insiste, y lo dice cien veces, que no le gusta cantar, que hacerlo en público es un sufrimiento enorme, que su profesión no le gusta. Si fuera así disimula demasiado bien porque todos quedamos convencidos que estamos en un trance.

PS: mientras terminaba de escribir esto en la radio del hostal suena su versión de “El olvidao” del Duende Garnica. Esto me hace agregar dos cosas, que su voz creo que está mejor que cuando grabó “Corazón libre” bellísimo disco del año 2005 o por ahí (gracias otra vez a la Rosita que me lo llevó en una de sus visitas a Cosquín) y que quizás si lo mejor de toda la actuación fue eso, que prácticamente no cantó temas de los “memorables” que les encontramos en las antologías, sino mucha y bellísima música de Mendoza, cosas de discos más o menos recientes y especialmente cosas que hablan de la Argentina de hoy. Esa es sin duda una de las mejores muestras de vigor de un artista, que sigue mirando para adelante y buscar nuevo repertorio cuando hace tiempo podría estar recostada en sus numerosos y merecidos laureles. Lo mejor de todo, por cierto, es que sigue eligiendo muy bien.

Esa ensalada llamada Cosquín


Además de la señora Mercedes Sosa la octava luna de Cosquín tuvo como siempre una larga lista de invitados. Algunos notables como Luis Salinas, doña Suma Paz, un dúo muy joven e innovador con apellido Santucho, Luna Monti con Juan Quintero y el trío de Víctor Heredia con Pedro Aznar y el rosarino Jorge Fandermole, que brindaron un muy lindo concierto de cierre con versiones colectivas de temas de ellos y varias canciones o poemas de Atahualpa Yupanqui.

Pero en medio de este prestigioso elenco también pasaron algunos de discretos méritos artísticos, o sea interesantes pero tal como pudimos escuchar por decenas en esta semana de peñas e incluso menores que varios de ellos. Pero además hubo un caso particularmente extraño, una cantora de la que prefiero no dar más datos pero que se mandó fácil una media hora de música correntina con una voz deplorable y un espectáculo primario por decir algo. No consiguió ni diez aplausos y bien que estuvo cantando muchísimo rato, más por ejemplo que Monti y Quintero que sacaron ovaciones con su particular estilo. La señora era una versión fallida de las leyendas litoraleñas, desafinaba, su flasete era penoso y más de un gallito se alcanzó a escuchar. Sin duda, había mano mora.

Ahí me cobró sentido una frase que me dijo una amiga argentina y que vive en el mundo de las producciones. “En Cosquín hay números en la que los artistas pagan y, según la plata que tengan, los hacen estar más rato en el escenario. Y en varios festivales es así”. Yo siempre he sido desconfiado de esas cosas pero acá parecía demasiado evidente el contraste entre esta cantora y todo el resto del elenco. Todas las noches de paso se ve algún pastel de este tipo. Cosa rara. O sea, o es una falta de criterio brutal de parte de los organizadores, cosa difícil de creer, o hay factores extra artísticos que priman en el Festival. Iba a poner algo màs pero se me olvidó, juas.

enero 24, 2008

La tercera luna de Cosquín

“Aquíiiiiiiiiiiiii Coooooosquíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin”. La frasecita aquella la leí y la oí no se cuántas veces. Humildemente soñaba con oírla, en vivo y en directo, en la Plaza Próspero Molina. Así fue, la oí fuerte, emocionada además porque era el exacto 47 aniversario del festival lo que provocó el quiebre del animador cuando hacía la presentación.


La jornada era la tercera del festival y tenía las entradas en precio medio comparado a las jornadas donde estaban las “estrellas” (Jorge Rojas, El Chaqueño Palavecino y Los Nocheros) y a la de otros días en que estaban más baratas. Increíblemente uno de los más baratos era cuando cantaba Mercedes Sosa, bueh. Los platos fuertes eran Los Tekis, folklore andino tecnologizado, Divididos en un repertorio folklórico y el tributo a Carlos Carabajal que organizaban sus hijos Peteco, Graciela y Demi con su nieta Roxana. El lugar estaba lejos de estar lleno pero tenía público, supongo que habría poco más de cinco mil personas para un lugar que repleto hace 10 o 12 mil. Hace tiempo había leído que salvo los días de las “estrellas” la plaza no se llena y que ha habido dudas hasta de la viabilidad económica del Festival, en fin.

Además de ellos hubo varios números en una estructura muy dinámica gracias a algunos sabios recursos. Por ejemplo cuando cantaba un cantautor se le ponía delante de la cortina para ajustar el escenario y, por cierto, que el escenario estaba dividido en dos con lo que una mitad se ajusta mientras canta el otro. Don Carlos Valladares me había contado que cuando él fue como parte del dúo Los Emigrantes con Rolando Alarcón en 1971 había dos espacios para cantar en el escenario principal, lo que permitía el dinamismo del espectáculo. Bueno, ahora hacen lo mismo pero con más estilo.

Aparte de los mencionados se puede comentar que pasaron números como el trovador Rafael Amor, argentino radicado en España desde largo tiempo y del que algo conocía gracias a Diego Dana. El caballero se las mandó y tuvo una ovación enorme gracias a su talento y sensiblidad. Además estuvo un trío japonés que tocaba música instrumental y que remató con una chacarera cantada dificultosamente pero que conmovió a la concurrencia. Hubo un par de grupos vocales de incuestionable certeza pero no particularmente llamativos y el cantor Rubén Patagonia, de quien había escuchado algunos comentarios por su apego a la causa indigenista. Su espectáculo puede ser medio discutible en cuanto al vínculo de su música con su causa (a veces parecía el repertorio de Enigma o Era) pero al menos se mandó un discurso sorpresivo. Hizo un vivo llamado de solidaridad y apoyo por Patricia Troncoso, mapuche chilena en huelga de hambre hace casi tres meses. Lo supo toda Argentina porque estaban televisando.

Pero bueno, yo fui a ver el tributo a don Carlos y salí plenamente satisfecho. Tal como en el disco se hizo el espectáculo en dos partes: el patio y el escenario. En el primero los músicos salían como en la casa invitando a todos a instalarse en la casa de don Carlos y cantando de una manera más rústica si se quiere. En la segunda estaban con pinta de “músicos” y con arreglos más “amononados”. Pero en ambas partes la respuesta fue igual. Eufórica, baile por todas partes, ovaciones, etc. Un lujo por cierto.

Tirando para las tres nos vinimos, la cosa seguía y de hecho nos perdimos los Divididos pero bueh, no se puede hacer todo en la vida. Hay que juntar energías, pensando que quedaban seis noches. Aquíiiiiii Coooosquíiiiiiiiiiiiiiin, ¡qué lindo!.

Las peñas de Cosquín


Hasta ahora hemos estado en tres peñas, con características bien distintas pero cada una muy exitosa en su plan. La primera fue la de los Coplanacu, un espectáculo bien diverso, tan diverso que parte del público se impacientó cuando no aparecía el baile, mucho tango electrónico, fusión rockera y fusión electrónica que hacía difícil bailar al parecer. Pero en la segunda mitad estuvo Emiliano Zerbini y los dueños de casa y quedó la grande. Era un lugar bien amplio como un gimnasio de colegio, bien armado pero nada muy ostentoso que digamos, lo importante estaba sin duda en el escenario. Por el arrastre de los Coplanacu es muy grande, cabrán unas mil personas yo creo sin mayor drama y está pensada para público en general.

La segunda fue la de los Carabajal. Esta era más convencional y tenía claramente un enfoque más de adulto. Se hace en un centro de alguna colonia de Cosquín (creo que era de los españoles) y era un lugar más cómodo y los números eran más tradicionales. Muchos cantores, ballets y espectáculo para disfrute con la comida, cabía menos gente pero prendía más rápido creo yo, seguramente por eso mismo. Los dueños de casa se las mandaron con su número en todo caso, excelente.

La tercera era otra cosa. La Fisura Contracultural, conducida por Pablo y Jorge Luis Carabajal, un espacio abiertamente juvenil y centrado en “la onda” de los anfitriones y los que llegan. Es la más económica y tiene un discurso más ultrón, como lo indica su nombre, de hecho en la propaganda ponen “Cosquín, ¿capital del folklore?” y se refieren al boom comercial que tiene el folklore en estos nueve días y que después se evapora. “En Santiago cantamos chacarera todo el año” dijo un oriundo de la zona para encender el duelo regional. Además comentaban que era la única peña que le pagaba a todos quienes se subían a cantar. Era la más barata y casi no tenía sillas porque lo importante era el espacio para el baile y el encuentro de los clanes. Comienza tarde, pasadas las tres y por eso mismo es la que llega hasta más entrado el día. Es el lugar más “de carrete” de las tres. Quedan como diez más por conocer, obviamente que no alcanzaremos a verlas todas: la de Facundo Toro, la de la hija de Hernán Figueroa Reyes, la oficial, la de los correntinos, la de los salteños, una que se llama “El encuentro” y vaya a saber uno qué otras se me olvidan.

Las enumero para tratar de verbalizar la agitación de por acá y dimensionar cómo la capital comercial/cultural del folklore es claramente sobrepasada a lo que se supone que es la fiesta de la plaza. Ligado al posteo anterior, son datos para la causa y para mostrar cómo es de amplio el espectro para la música folklórica por acá.

Las callecitas de Cosquín



…no paran de moverse. Son las cuatro de la mañana y San Martín está desbordada, números callejeros, puestos de comercio abiertos, locales con mesas en la vereda, en fin. Eso por supuesto que es el reflejo de todo lo que se vive acá. Recién leía un libro sobre Mercedes Sosa y contaba de los primeros festivales, el 65, justamente el que la lanzó a la fama de alguna manera y decía que era tal cual, que la animación comenzaba tarde y que ella se acostaba a las 21 horas para salir a cantar cerca de las tres de la mañana. Así que debe ser la cultura trasnochadora de los argentinos nomás, esa que extrañan tanto cuando están en Santiago, pobrecitos.

Esta agitación es la misma que se vive con el folklore. De hecho hay escenarios y peñas a la misma hora que se hace el festival en la Plaza Próspero Molina, la gente que merodea por las calles debe ser tranquilamente dos o tres veces la que está viendo el escenario Atahualpa Yupanqui y quizás me quedo corto. Es posible ver la inmensa cantidad de artistas todavía no llamados por la fama, con afiches promocionando sus discos, anunciando actuaciones en las fechas, con el fono de las contrataciones que anhela el reconocimiento. Uno de los gestores de peña contaba que muchos de ellos tienen que pagar “derecho a piso” para estar en algunos espacios, la mítica “payola” que existe en las radios por ejemplo. O sea, hay un mecanismo de industria muy potente que, por cierto, debe generar inmediatamente un caudal de perversión.

Pero visto desde otra manera esa misma deformación de la industria quiere decir que hay industria, y a su vez quiere decir que hay mercado. Suena feo decirlo así pero el hecho es que se nota a la legua que el folklore prende acá. Y que hay tal variedad de públicos que permite la existencia de miles de propuestas, están las superestrellas, los más “prestigiosos” generalmente reconocidos por los pares, los experimentales, las viejas glorias lejos de su cuarto de hora, los emergentes, los clones, bueno, todos. Y ese fervor es cosa de verlo en la cantidad de artistas que hay, la manera cómo los escuchan en la calle, por ejemplo, y el entusiasmo con que baila la gente, no se necesitan decretos, ni campañas de fomento ni nada.

El folklore es lo que se arraiga en la gente a fin de cuentas. Y eso puede tener una misma raíz desde muy lejos pero varía, a veces no. Pero lo importante es que tiene que tener un caudal de gente que lo mantenga pero no como un deber si no como un disfrute. Y en eso los argentinos pueden estar de lo más tranquilos. ¿Cómo andamos por casa?, en fin, tema para otro día.

enero 21, 2008

Aquíiii Cosquíiiin


Desde el sábado en la noche comenzó el Festival de Cosquín, por lejos el más importante y trascendente festival folklórico de Latinoamérica. Son “nueve lunas” donde pasan cerca de 10 artistas por jornada, todos vinculados al folklore salvo algún invitado especial, como alguna vez fue Charly García, Les Luthiers o Julio Boca. Este año le toca a Divididos.

El equipo multidisciplinario del Colectivo Unitario Americanto Autónomo anda por acá pero sólo esta noche podrá estar en la Plaza Próspero Molina, donde se desarrolla el festival en sí. Las noches anteriores han sido “sólo” andar de peña en peña y ver los espectáculos callejeros existentes con escenarios organizados por los municipios o artistas que se instalan por ahí. Por eso no quiero apresurarme en emitir juicios y hacer comparaciones con Olmué porque para eso hay que meterse a la plaza misma y ver la cosa en terreno. Pero al menos en lo que hay como ambiente se puede decir que no hay parangón posible, cuantitativa y cualitativamente y que en realidad no es sino cómo vive cada país su vínculo con el folklore.

De eso pretendo escribir después, por ahora quiero compartir las fotos que he sacado hasta el momento y decir que incluso sin entrar a la Plaza Próspero Molina uno puede estar de frente con parte importante del folklore argentino en las peñas que tienen artistas como el dúo Coplanacu, Los Carabajal y Facundo Toro por decir algunos, sin contar con los que andan por estos mismos escenarios: Cuti y Roberto Carabajal, Horacio Banegas, Emiliano Zerbini y hasta el propio Chaqueño Palavecino que dicen que se dará algunas vueltas por las peñas después de actuar en el escenario principal. Bueno, esto es Cosquín, tal como me lo habían dicho, un asunto tan grande que aunque uno lo viva todo el día queda la impresión de haberse perdido algo.

Ah, las fotos están por acá.
Salutes

enero 08, 2008

30 años de trova de Eduardo Peralta (debo las fotos porque olvidé la cámara, seré gil)

En la llamada “Sala 2” de la SCD en Santa Filomena se hizo el lanzamiento de los 30 años de carrera del trovador chileno Eduardo Peralta. La ocasión sirvió también para entregar la nutrida agenda de actuaciones que le espera hasta fines de marzo y recordar de la reciente edición de “100 canciones”, libro que reúne las letras de... sí, 100 canciones (muy bien, un siete), algunas editadas en sus discos y otras que esperan su momento.

La jornada comenzó con la presentación del poeta y gestor cultural Ricardo Gómez López, ideólogo entre otras notables iniciativas de la revista Rayentrú y del sello Leutún y quien recordó la complicada situación de los trovadores, históricamente perseguidos y “actualmente obviados” en sus propias palabras.

Después vino la parte de Peralta, una amena conversación con los presentes intercalada con su repertorio, temas antiguos, de sus más recientes discos y otros inéditos más alguna infaltable traducción de Georges Brassens. Riguroso como nunca lo soy anoté todos los temas que interpretó, muchos de ellos a pedido del público.

El hombre es una flecha, La buena Margot (Brassens), Mi siquiatra, Violética y la farándula, Chamarrita del amigo, Este niño Vicente, Ay París, El joven titiritero, Mis zapatos, Canción a tu ex marido, Para inventar una canción urbana, Pequeña opinión personal, Sólo quiero caminar, Como un gorrión (Serrat, con Cristina Gálvez), Je ne regrette rien (Piaf, con Cristina Gálvez), Juan González.

La jornada estuvo llena de momentos bonitos, como cuando el público comentaba la importancia de las canciones de Peralta durante los '80 como una manera de recuperar el humor, cuando apareció el sobrino rockero para acompañar destempladamente la canción al ex marido o cuando ocurre ese tan bonito instante en que el cantautor olvida la letra que él mismo escribió y la audiencia le tiene que ir soplando.

Supongo que este no fue sino el puntapié inicial de otras cosas que vendrán y de más envergadura, porque 30 años merecen otro festejo, otro marco más numeroso y otra recepción comunicacional. Si bien es cierto lo que dijo Gómez López suponemos que el lanzamiento del DVD en marzo y los discos que vienen en camino permitirán otra resonancia de algo que comenzó partiendo demasiado “piola”. Sólo como paralelo puedo decir que mientras escribo esto veo en la señal por internet del canal estatal argentino la transmisión del Festival Jesús María y que la otra semana vienen las nueve lunas del Festival de Cosquín. Quizás si un paralelo con lo que hará Olmué nos permita ver cómo vamos en nuestro vínculo de música nacional e industria cultural y nos empecemos a urgir. Pero eso es otro tema, por mientras mis respetos y felicitaciones a Peralta. Ojalá que resulte algún Americanto por tan importante aniversario.