agosto 12, 2007

La “Falta y resto” y la búsqueda del carnaval chileno

El síndico Quintana me hizo conocer la murga Falta y Resto. Corría 1996, primer año del Americanto en radio Usach, hecho patudamente con unos pocos cassettes y ganas de meter la cuchara. Le agradezco sentidamente el obsequio que hizo esa vez, un cassette de 90, tdk quizás, con Jaime Roos y la Falta, con el "Pepe Revolución". Después pude ir recopilando más gracias a otros amigos musiqueros como Oscar Pino, entre otras cosas parte del grupo Zapallo. Así pude saber y sentir algo de las voces, el sentido del humor, la fuerza, en fin, una cosa ejemplar las murgas, otro milagro de América Latina, y en eso los Falta y Resto son de los puntales.

Bueno, cuando intruseé la página del teatro IFT para ver lo del Dúo salteño vi que para mi gran fortuna al día siguiente estaba la murga ahí mismo. Así que Ana me hizo reserva para ambos y listo. Demasiada maravilla junta. Anoche fue la cosa y estuvo más menos como se esperaba: notable a mi gusto. El canto murguero es alucinante, quizás si emparentado con una manera de cantar recurrente en América y al que algunos estudiosos le ven su origen en España y qué se yo, lo que le daría ciertas coincidencias con el canto cuequero, en su impostación, en su entonación al límite, en fin, materia para gente que sepa. Bueno, verlo en vivo y por uno de los grandes es sin duda una felicidad enorme, por más que sea en un teatro y no en el marco natural del tablado carnavalero. Pero bueno, son muchas las expresiones populares que hacen este salto del “rito” al escenario y no por eso se desvirtúan. El amigo José Rojas de Zahir podría contar al respecto sobre ciertos aspectos de la música de Salvador de Bahía a todo esto. Pa eso estudió musicología el loco.

Quizás si como crítica podría decir que la estructura del espectáculo no funcionaba del todo bien, el desarrollo era demasiado mecánico y se presumía perfectamente lo que venía, por más que fueran buenos chistes y que todo el mundo estuviera prendido. Además la historia sobre una murga ficticia liderado por un anarquista era como muy “meta historia” la murga que cuenta una murga, no sé. Más allá de eso se paran los pelos igual.

El tema de fondo para mí, a partir de ese concierto, es tratar de entender lo que ha pasado o ha intentado pasar con la murga en Chile. Desde que fue Pitufo Lombardo el 2005 al país se organizó la que se considera la primera banda de ese tipo pero chilena, la “Murga Urdemales” creo que se llama, que toma todos los elementos de los uruguayos, el baile, el maquillaje, la entonación y hasta el repertorio. No he sabido mucho de ellos, pero creo que tienen la idea de montar un espectáculo tal cual como en Uruguay, buscando ciertas ocasiones apropiadas para hacerlo ya que no existe un carnaval de ese tipo en el país. Esos transplantes tan a la pata no sé si funcionen y bueno, quizás haya que esperar un tiempo para ver cómo va mutando la cosa.

Pienso por otro lado en los Chinchin tirapié, que toman elementos del baile, de la sonoridad, del maquillaje pero que no tienen libreto por el momento y no es su idea, pero que va tomando forma como escuela carnavalera y que parece que está haciendo un camino. Ambos proyectos,en todo caso, van en busca de un sueño de mucha gente y que tiene que ver con la recuperación del carnaval chileno, considerando que este existió en algún momento de la República. Bueno, la historia a veces sirve de algo y quizás si el cruce de todas estas cosas haga el camino de una nueva tradición que nos represente y que nos haga crecer. Hacer todas estas cavilaciones viendo a la “Falta y resto”, en todo caso, no deja de ser una delicia. La suerte de los que se bañan pero no se lavan el pelo, juas.

agosto 11, 2007

El asombro y el Dúo Salteño

No recuerdo si fue por el disco de Laura Fuentes, por un concierto de José Seves con Elizabeth Morris o por un delirio de Leo Maslíah que me bajó por buscar versiones de la zamba “Balderrama”. Recurriendo a los recursos de la época, es decir, audiogalaxy, encontré en primera opción un grupo que no me pareció muy original en su nombre así que me provocaron desconfianza: El dúo salteño se llamaban, sería quizás un grupo que andaba dando vueltas por ahí, quién sabe. El hecho es que al escuchar los primeros juegos de las voces me cambió la cara rápidamente. Cosa seria los señores. Me puse a rastrear y conocí que eran los “pupilos aventajados” del famoso Cuchi Leguizamón, a quien le conocía la autoría de varias cosas notables, entre ellas la propia Balderrama, la Zamba de Lozano y la Zamba del carnaval entre muchas más. Supe también que se trataba de un grupo que fue cuestionado, que cuando apareció supo de críticas por su uso de la disonancia y que se les dijo “desafinados” de frentón.

Bueno, a partir de ese momento pude ir juntando cosas del dúo como quien va armando material de un mito, disuelto hace largos años y teniéndolos en la cabeza como un momento notable de la música pero ya inasible de una manera más “vivencial”, digamos. Compré vinilos el 2005, pedí a mi amiga Rosita que me trajera algo de ellos de una de sus idas a Cosquín y algún mp3 de Parque Rivadavia hizo el resto.

El tiempo que sabe de milagros y vueltas de la vida hizo que el Dúo se reuniera, a fines del 2005 y que pudieran recuperar parte de los aplausos que el público argentino se supone que le negó por algunos años. Ellos mismos han dicho que este es el mejor momento para la reaparición, quizás por la gran cantidad de estilos que han surgido desde el folklore y porque lo que hicieron hace tantos años ya no suena tan exótico o chocante.

En esta vuelta del dúo uno de sus hechos más significativos era el concierto por sus 40 años en el teatro IFT de Buenos Aires. Y así, de golpe, tenía la opción de vivir algo que construí por años como un mito, algo de lo que pensaba que conocería de oídas pero que jamás podría disfrutar en persona. La suerte ha estado de mi parte y en un tremendo regalo de la vida y gracias a la amabilidad de gente como Ana Falcón o mi compadre Alejandro Jusim he podido darme un gran gusto de la vida, que jamás pensé que podría cumplir.

Pero bueno, he estado ahí, en tercera fila, al frente exacto, pasmado ante su canto, a veces cerrando los ojos como temiendo algún exabrupto que siempre se resolvió con fineza, conteniendo la emoción al escuchar a Juan Panadero o La Pomeña y riendo como condenado cuando recordaron al Cuchi Leguizamón y su canción de cuna para el vino, que se le ocurrió cuando encontró sólo una botella disponible en sus barrios de Salta y la tuvo entre sus brazos con todo cuidado para que no se le rompiera. Además, “si el vino me ha hecho dormir tantas veces cómo no lo voy a hacer dormir alguna vez” dicen que comentó el Cuchi. Notable.

Bueno, no sé muy bien qué escribir, son muchas cosas juntas, un gusto demasiado grande, una emoción inmensa, un asombro que parece perdido a veces.

Mi amigo Joaquín Quintana, síndico de Central Periférico, dice que a estas alturas de la vida no hay cosas que a uno le hagan decir “guaaaaaaaaaaaaaaaa”. Yo viví una, en Buenos Aires, viendo a una leyenda de la música latinoamericana. La suertecita de los que no se bañan decía mi taita cuando era chico. Capaz pos, aunque creo que hoy me bañé.