abril 23, 2007

Lo que usted estaba esperando (porque lo estaba esperando, no?, verdad que sí?)

El Americanto de esta semana ya está en el aire, es cosa de ir a www.radioenmovimiento.cl y escucharlo en el radioblog del programa. También se puede oír desde la carpeta "Radio en movimiento", donde están los últimos programas de cada espacio que se han ido subiendo al sitio.
Este domingo la cosa es con música de Julio Zegers, Verónica Condomí, Roberto Parra, Myriam Quiñones, Quinchamalí, Benny Moré y Raúl Acevedo. Si se me pasa alguno me disculpan, salutes.

PS: el programa también se escucha cada domingo a las 9 de la mañana por Radio Nuevo Mundo, la verdadera radio. 930 AM en Santiago y su cadena a lo largo del país. www.radionuevomundo.cl en su señal online.

abril 18, 2007

Youtube se las manda

Bueno, todos sabemos lo bueno que es este asunto. Así que, simplemente, propongo solidaridad y que nos demos links de documentos que pueden valer la pena. Pongo cinco para empezar el diálogo.

Don Canario Luna interpreta "Brindis por Pierrot" de don Jaime Roos. Grandes ambos, puro Uruguay-


La murga Agarrate Catalina se pistolea de lo lindo a Hugo Chávez, pero con cariño. Espectáculo del Carnaval 2006


Chango Spasiuk, chamamecero, acordeonista, maestro, interpreta "Mi pueblo, mi casa, la soledad", del cd "Tarefero de mis pagos" (el link se lo peloteé a la Rosita Cornejo)


Ernesto Cavour, prodigio del charango boliviano y del continente.


Diómedes Díaz, de Colombia, puro vallenato


Esos por ahora, le seguimos más adelante. Y eso que faltan mis ídolos, Quilapayún, Zitarrosa, Peteco, etc. Pero bueno, material hay. Salutes!

abril 17, 2007

Americanto en la red otra vez

Qué tal, aviso que el programa que se transmite cada domingo por la radio Nuevo Mundo está disponible nuevamente en internet, como parte de un notable proyecto de la gente de Cultura en Movimiento. Se llama "Radio en movimiento" y reúne diversos espacios que buscan el desarrollo de la cultura popular. Por cierto, todos invitados para sumar sus propias propuestas. Van allá, le aprietan en el botoncito de Americanto y listeilor. También se echó a andar "El meollo cultural" continuidad del programa que hicimos con Silva hace un tiempito.
Bueno, la página es www.radioenmovimiento.cl
Salutes

abril 10, 2007

Tenemos agenda

Señores y señoras, se ha habilitado una agenda que no tengo mucha idea cómo se usa pero que de a poco se irá amononando. Espero que sirva para que sepan de las cosas que vienen en el corto plazo. Si quieren mandar informaciones pues sale facilito, mvilches@vtr.net.
Salutes!

abril 04, 2007

Richard Rojas


Me acaban de avisar hace pocos minutos que falleció Richard Rojas. No quisiera decir mucho porque tuve poco contacto con él y, en realidad, la entrevista que le hice el 2003 lo retrata de cuerpo entero. Ahí se le puede ver en plenitud. Así que transcribo tal cual y le reconozco su grandeza artística y humana.

“ Me quedo tranquilo porque no le he chupado la media a nadie ”


El músico, director y fundador del Trío Lonqui y creador de temas como “La Chilenera” y “Linda la minga” aprovecha el lanzamiento del cd “Recuento” del conjunto para repasar su trayectoria y analizar optimistamente la nueva escena musical chilena.

“Ah no, aquí me están cagando”, comentó entre risas Richard Rojas cuando vio la carátula del CD “Recuento” del Trío Lonqui que saldrá al mercado a fines de abril. El disco, recopilación de grabaciones que hiciera el conjunto entre 1974 y 1986, aparecerá bajo la etiqueta del sello Leutún y contiene sólo temas suyos. Por ese motivo, le solicitó al encargado del diseño que su nombre apareciera del mismo porte que el del trío. “La Ester (González, pareja de Rojas y también integrante del Lonqui) me dijo ‘putas que soy gil, adonde salís tú?’, así que recién ahora me puse pintamonos”, comenta.
El comentario de Rojas viene de que pese a que la gran parte de su carrera ha ido de la mano casi del anonimato o lejos de lo que suele llamarse fama, varias de sus canciones han alcanzado trascendencia y algunas han pasado de boca en boca a interpretarse en otros idiomas. Y muchos son los que han cantado alguna de sus creaciones ignorando el nombre del autor, como es el caso de “Linda la minga”, que grabara Santiago del Nuevo Extremo y con la que participara en el Festival de Viña de 1981. Otro tanto ocurre con la histórica “Refalosa del pan” (“de la tierra nace el trigo, y del trigo nace el pan, y del pan nace el derecho, el derecho a comer pan”), tema de la década del ‘60 pero que fue cantado por innumerables grupos en las calles para la época de la dictadura y que tiene hasta una versión en noruego. De su autoría es también “La Chilenera”, el tema que empató con la “Plegaria a un Labrador” el primer lugar del primer festival de la Nueva Canción Chilena. Otra muestra de su sigilosa popularidad es la de la “Canción de Paz”, también de los ‘60, que la cantan todos los domingos en la Catedral de Lourdes y que también se ha traducido al italiano y ha sido escuchada nada menos que en Roma. Sin embargo, más curioso fue lo que le ocurrió cuando fue a un recordado recital de Amparo Ochoa en el Estadio Santa Laura. “Partí entusiasmado a escucharla y resulta que apenas parte el recital se manda una canción mía, el Angelito Social, que yo hice hace años para una obra de teatro“.
Gran parte de estas canciones serán parte del CD “Recuento”, aunque el compacto estará centrado, básicamente, en canciones “agitadóricas” como él las llama, surgidas en los momentos de resistencia, cuando decidió quedarse en Chile luego del Golpe Militar. “Hay gente que me ha dicho que mis canciones son panfletos y no tengo problemas en reconocerlo. Son temas que se dieron así en el momento, la situación política e histórica te lleva a hacer eso. No era por ocurrencia, en el momento lo sentimos así”, explica Richard Rojas, aunque se apura en explicar que “eso no significa desmerecer la creación. Un autor teatral decía que el panfleto bien hecho podía ser una obra de arte, aunque cumple una función específica. Yo lo hice así porque no tenía armas, mi forma de hacer un aporte fue decir lo que no podían decir los demás, como decía la iglesia, ser la voz de los que no tienen voz”.

UNA ABREVIATURA

El trío Lonqui le debe su nombre a una abreviación del conjunto Lonquimay, que nació en 1960 y estaba dedicado a recopilar e interpretar la música folklórica. “En esa época existía solamente el Cuncumén, el Millaray y nosotros”, comenta. Alcanzaron a editar un LP con el sello ODEON llamado “Cantos de Esperanza” que incluía sólo temas de Rojas, y que tenían la intención de cambiar los contenidos de la habitual temática costumbrista o romántica manteniendo la raigambre folklórica. Tuvieron una prolongada gira por los países socialistas y algunas giras improvisadas en las que viajaban a dedo, pero paulatinamente los integrantes comenzaron a dedicarse a sus trabajos particulares y fueron dejando la música.
“Al final quedé yo solo”, señala. Entonces, luego de contactar al violinista Rubén Cortez formó junto a Ester González el Trío Lonqui, que tuvo su incentivo para surgir en el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena, que ganaron a medias con Víctor Jara. Desde este certamen se notó una efervescencia por la Nueva Canción que daría muchos frutos. Según sus palabras, “teníamos una intensa actividad, ya se había roto el esquema musical radial y estas nuevas canciones tenían espacios muy importantes y había donde moverse. Existían peñas en muchas partes, había gran interés entre la gente, y hasta los sellos grandes se interesaban en publicarnos a todos. Con este éxito, se potencia el trabajo de los solistas y toman vuelo los grupos como el Inti Illimani y el Quilapayún”. “Nosotros éramos parte del Chile Ríe y Canta, y enero y febrero se dedicaba a las giras, un equipo iba al sur y el otro al norte. Recorríamos ciudades chicas y grandes, el público llenaba a los estadios, sentíamos que había mucho que hacer”, agrega.
Con el golpe se desplomó todo esoPara ejemplificarlo te puedo contar que nos atrevimos a ir a hablar con Federico Willoughby, con el Benjamín Mackenna (encargados de comunicación y "cultura" de la dictadura e Pinochet, respectivamente), las patitas (se ríe), para reabrir la Chile Ríe y Canta, pero nos hicieron una tapa más o menos, nos dijeron que mejor que nos quedáramos en la casa.
¿No pensó en partir al exilio?Creo que me habría muerto afuera, me acuerdo de una talla que les hicimos a los del Lonquimay. Ya veníamos de vuelta después de una gira eterna. A principios de septiembre había que tomar vuelo de vuelta y el partido nos ofrece una gira por la Costa Azul que significaba quedarse un mes en Francia. Mientras nos acercábamos con el flaco Neri a la oficina nos pusimos a pensar: “va a ser todo un mes, hasta cuando nos vamos a quedar hueveando por acá”, además se acercaba el 18 de septiembre, así que volvimos donde el grupo y cuando nos preguntaron cómo nos fue les dijimos “mal po’h, estaba cerrado”, recién cuando estábamos arriba del barco les dijimos la verdad. Yo estaba hinchado de subir y bajar maletas, me gusta jugar a la visita ir pero volver pronto, no sirvo para andar de viajero. No me quise ir, además, me preguntaba qué era lo tan grave que había hecho, no me cabía en la cabeza que fuera tan grave. Además, para mí era una tarea bonita estar acá, avivando la cueca.
Esa era una reflexión bastante riesgosa, por no decir insensataFue un riesgo, porque el Angel (Parra) se tuvo que ir de Chile luego de que lo llevaron a un campo de concentración. Yo de suerte pude seguir trabajando como profesor, aunque me echaron del Darío Salas, me hicieron una acusación de que estaba metiendo la política en el conjunto folklórico y cuando me estaban haciendo el oficio me salí.
¿Y era verdad?¿Qué cosa?
¿Que estaba haciendo política?No pos (se ríe con ganas). Entonces me cambié al Amunátegui, donde había un compadre DC que quedó a cargo y me dio media jornada. Pasé ahí toda la dictadura. En el intertanto, al paso del tiempo, se empezaron a hacer actos en las parroquias, en los salones, en la misma iglesia. Muchas veces canté hasta en el altar, con los santos tapados, con el compadre Jecho (Jesús, hijo de Dios) cubierto y dale. Nunca estuve tan metido en la iglesia como en esa época. Soy respetuoso de ella pero no muy partícipe, cuando me preguntan digo que tengo mi principio filosófico al respecto, digo que soy católico, apostólico, romano y marxista.
¿Cuándo comenzaron a retomar el canto en público?Bueno, lo primero que lográbamos hacer era armar unas “minipeñas” en las casas de amigos, nos juntábamos para saber de los demás compañeros y en las noches cantábamos hasta tarde pero muy bajito. En 1974 quedé en el Festival de Olmué con una cueca pero yo no podía aparecer, así que llevé a Raúl Gardy, un viejo cantor, pero después se eliminaron los festivales folklóricos. Comenzaron los actos solidarios en las iglesias, comedores populares, tertulias y ahí íbamos cantando. Como mucha otra gente de esa época, tratábamos de dejar algo a la memoria de lo que pasaba en Chile. Muchos años después apareció Nano Acevedo con la peña Javiera, que fue uno de los primeros espacios abiertos, aunque había que cantar suavecito. Sin embargo, creo que la primera peña a la que fui a cantar fue a una que tenía la Carmen Pavín por Independencia, era un restaurante. Pero ya pudimos cantar en propiedad cuando volvió René Largo Farías. El era fundamental, porque lograba aglutinar a toda la gente y porque hay que tener un espíritu del negocio, de saber manejar la cosa. Uno como artista sabe manejarse, pero no armar grupos artísticos ni eventos. El Nano cumplió su época y hay que reconocérselo, pero cuando René logra volver y echa a andar la Chile Ríe y Canta pudimos agrupar al resto que se quedó acá y logramos volver a funcionar. Por esa época ya estaban el Ortiga, el Aquelarre, Chamal, y otros. Yo cantaba con mi compañera y lo hacíamos como el dúo Lonqui. Y en 1981 se abre de nuevo la parte folklórica en el Festival de Viña, yo mandé varias canciones y me puse el “seudónimo” de Ricardo Rojas (N. De la E: en los créditos de la historia del Festival de Viña, aún aparece con ese nombre. Ver www.vinadelmarchile.cl/festival). Mucha gente cree que Richard es como un nombre artístico, pero en realidad mis nombres son Richard Albert, pa’ lesear a veces digo que me llamo Richard Albert Red Towers. Quedé con “Linda la minga” y me llamó Ricardo García, que había hecho el sello Alerce y me propone recibir su apoyo a cambio de que le pase la canción al grupo de cabros que era Santiago del Nuevo Extremo. Yo dije al tiro que sí, no tenía apoyo de nada, así que fuimos con ellos a Viña. A los cabros les tuve que cantar y bailar las cosas chilotas, porque no tenían idea de la canción folklórica, pa que le dieran el carácter. Ellos tenían una marca que no iba a quitársela, pero quería que le pusieran lo otro, así que les enseñé harto y nos fue bien.
¿Logró pasar desapercibido con el ‘seudónimo’?Nada, se dieron cuenta altiro que era yo. Allá me echaban tallas, Vodanovic me decía “nos queríai hacer huevones con el nombre” otros me decían “así que viniste con chapa” pero yo me hacía el leso. Al final salimos segundos. En el momento de la premiación la Margot Loyola, que estaba de jurado, me comentó que salí segundo porque no quisieron que en el primer festival folklórico que se hacía después de no sé cuanto (ocho años) lo ganara “un comunista”.
De todos modos, la canción sobrepasó largamente el festivalClaro, si cuando canal 13 hizo la selección de las 10 mejores canciones de la historia del Festival eligieron la mía y no “Ay Fernanda” que fue la que ganó ese año. “Linda la minga” se hizo popular, la cantan en todos lados, los grupos folklóricos, la pasan en las radios, en Chiloé es como un himno. Al año subsiguiente quedamos con el Trauco y fuimos con todas las de la ley con los Santiago y salimos terceros.
Ya a mediados de los ’80 aparecieron más lugares para seguir cantandoClaro, había harta actividad y cuando volvió René le dio por armar giras. Anduvimos cuatro meses por catorce ciudades de Canadá, a cantarle a la gente del exilio. Ibamos con Hugo Lagos (el arpista ya fallecido), Rebeca Godoy y otros. Después fuimos a Australia y Noruega, sacábamos cassettes y los vendíamos allá, de ahí salieron las grabaciones que aparecerán en el "Recuento".
¿Con la democracia fue muy brusco el cambio?Quedamos en cero. Fue fuerte porque hicimos la pega en cuanto al espíritu, al apoyo a la gente durante muchos años. Actuábamos viernes sábado y domingo y apenas se acabó la dictadura quedamos cero, cero. Cerraron todos los lugares, yo creo que para “ellos” éramos un peligro. Yo creo que la gente que toma la guitarra debe tener un espíritu y una conciencia abierta a los problemas, darse cuenta de que no es el artista que estamos acostumbrados, sino el comprometido y a eso le tienen temor. Al final casi no había donde tocar y yo me mantuve en ritmo participando en festivales, que es algo que me mantiene vivo y con lo que puedo hacer participar a otra gente.
Hay muchas críticas hacia la gente que participa en festivales porque suelen cumplir a un estereotipo y casi componen pensando en la competencia más que por un interés artístico. ¿Usted que opina?Que los mismos autores se autoregulan. Yo no. No hago nada pensando en un premio, si tengo que cantarle al amor, se hace y otras veces será a los pájaros y así. Desde mis comienzos siempre tuve un respeto por lo típicamente folklórico porque nosotros aprendimos a cantar y a bailar, ya que el Lonquimay era un grupo folklórico de investigación y ejecución, entonces yo aprendí el pato del silabario primero, no me tiré así no más.
¿Qué contacto tuvieron con los músicos que volvieron del exilio?Muy poco, porque llegaron todos renovados, apenas nos daban el saludo y nada más. Ni los Inti Illimani ni los Quilapayún ni los Parra y menos Manns tuvieron algún interés de verse con nosotros. A los Inti, por ejemplo, los invitamos a que fueran a hacer una charla a la Peña sobre su experiencia en el exilio y mandaron a duras penas a un cabro nuevo que no lo conocía nadie. ¿Tu creís que iba a ir el “Loro” Salinas? Y eso que la Ester le enseñó a tocar el cuatro porque él ni siquiera tenía uno. Los únicos que fueron una excepción fueron los Illapu, pero con ellos era distinto porque se quedaron un tiempo después del golpe y nos veíamos siempre, porque ellos actuaban en los restaurantes de San Diego y nosotros en los de San Ignacio, así que nos encontrábamos en la Alameda para tomar micro.

SIN DESCANSO

Pese a las complicaciones para actuar y al paso de los años (va para los 68), Richard Rojas se mantiene componiendo. Además de la edición de “El Recuento”, hace pocos meses publicó “El bergantín de ensueño”, trabajo infantil que inicialmente iba a publicarse en 1973 y ahora salió gracias al apoyo del Fondart. En este CD, el Trío Lonqui lo completa Sergio Sepúlveda, quien reemplazó a Cortez cuando el conjunto se rearmó en los ’80. Sobre este disco, Rojas explica que “durante 10 años me estuve postulando al Fondart hasta que el año pasado le pegué el palo al gato, eso demuestra que hay que ser perseverante, esto no es de que a uno se le alumbra la ampolleta y listo. Todo cuesta, me he demorado años en conseguir las cosas, de una patada no salen". "He ido a los sellos y no se interesan pero después las cosas se dan solas, no he tenido que hacer antesalas y después ellos se perdieron la oportunidad, como es el caso de Alerce. No recuerdo cuántas veces hablé con la Viviana y sólo se interesó cuando quedé en Viña con la Rebeca Godoy. Se comunicó para pedirme la canción y que la cantara el Sol y Lluvia, pero yo estaba comprometido con la Rebeca, hubiera sido mala leche quitársela. Pero eso demuestra que son pintamonos, si uno les propone mandar una canción no pescan y tienen hasta estudio, lo que podría abaratar costos, pero a ellos les gustan las cosas hechitas”."Pero yo me quedo tranquilo, porque no le he chupado la media a nadie y hemos sobrevivido con mi compañera. Lo he pasado bien, lo he pasado mal, como todos, pero no me puedo quejar, ¡cómo me voy a quejar si con la guitarra pude recorrer el mundo!. Hice cosas increíbles como una vez que viajamos a dedo por América y nos pasó de todo: disfrutamos, la sufrimos, comimos bien y nos cagamos de hambre. En Montevideo estuvimos durmiendo en terminales de buses y plazas y después estuvimos quince días guatita al sol en Punta del Este. Todo eso se lo debo a esta profesión".
En todos estos años de recorrido junto a la música, ¿le queda algún proyecto pendiente?Tengo la idea de sacar algo como la “Lira popular”, que era una hojita que salía de repente que comentaba lo que estaba pasando en la semana y se pegaba en las murallas. Me gustaría hacer algo así con las canciones, grabarlas rápido y repartirlas en radios populares o donde fuese. Creo que es un buen proyecto y que puede involucrar a muchos más artistas como los payadores. Obviamente que no sería con el afán de hacer plata sino por hacer un aporte. Estoy viendo como puedo hacerlo, pero no hallo a quien recurrir. De todas formas, con los medios que hay ahora no es tan complicado, porque cualquiera hace un estudio en un cuartucho con dos micrófonos y listo.


ALGO HUELE MAL EN CHILE

Aunque el último disco del Trío Lonqui sea una recopilación, Richard Rojas no ha dejado de crear nuevas composiciones. A partir de los ritmos folclóricos que aprendió desde su período en el Lonquimay, ha creado nuevas letras que se refieren al devenir del Chile contemporáneo. Así nacieron canciones como “A los ‘90” (en alusión al Partido Comunista), una cueca para la CUT, la “Canción del loco vitalicio” y “Algo huele mal en Chile”, canción creada a partir de una frase que salió en la revista El Siglo y habla de los últimos acontecimientos políticos y otros más permanentes. Una parte de su texto dice “Algo huele mal en Chile / todos saben lo que pasa/ dinero y negocios corren / como Pedro por su casa. El ciego no quiere ver / al pueblo se le ha engañado/ coimas, robos, las vacunas / y la leche en mal estado”.Para armar los temas, Rojas se apoya en los conocimientos de su pareja, Ester González, “ella tiene estudios de música, sabe harto piano, así que me pule cosas. Me escucha lo que hago y me dice ‘sabis Negro, esto se parece a tal cosa’, más lo que me huevea (se ríe) y yo soy de la calle, puro instinto, apenas distingo una negra de una blanca (se ríe más fuerte)”. Sobre el momento de la música chilena, el autor de “Linda la minga” ve con optimismo la nueva generación de músicos que está saliendo en el país. “He visto harto grupo nuevo y son muy buenos, el otro día me encontré con los cabros de los Huaika en una radio y uno de ellos me pasó un disco. Me pareció muy interesante. He visto tocando a cabros que fueron alumnos míos del Amunátegui y en el Sindicato de Folkloristas también he visto gente joven, con el bichito de la cosa nueva”.
¿Qué es lo que más le llama la atención de los músicos nuevos?Es que están mucho más preparados. Tienen formación académica, hay instrumentistas buenísimos, la mayoría lee música y nosotros con suerte leíamos “El Peneca” (revista de comics de años muy pretéritos). Creo que con sus conocimientos y su talento, ellos van a abrir senderos, es un movimiento interesante que va a surgir, llegará un momento como desde el 65 al 73 en que este tipo de música va a tener un público grande y romperemos el cerco de los medios. Los movimientos son cíclicos y hay que tener paciencia, y cuando nos toque estoy seguro de que en ese momento tendremos gente buenísima”.
Y este movimiento que usted avizora, ¿cree que tendrá una continuidad temática con la Nueva Canción con respecto a su sensibilidad social?Claro, porque lo social no se ha solucionado, así que nacerán canciones con temas puntuales pero con una riqueza musical y de ejecución inmensa. Ahora los cabros se interesan por el estudio de las métricas, leen más poesía y han ganado en lenguaje. Además, tienen a la Nueva Canción que es como un faro, tiene la importancia de romper los moldes de su época en lo musical y temático, aunque no hay que olvidar que las canciones de contenido social vienen desde el siglo XIX. .
Pero lo social va a tener que volver porque cómo no va a ser contradictorio que haya jubilado después de 43 años de servicio y no me hayan alcanzado a dar dos millones quinientos mil pesos por indemnización, mientras los otros carajos como el papá del Alvaro García (N. de la E: Que en paz descanse) se hayan llevado millones y millones por trabajar menos de cinco años. Con esas grandes diferencias como quieren que uno no tome trinchera, que sea un tipo pasivo que se entregue así no más. La injusticia te hace tomar posición ante la vida y eso no es nada nuevo. Son siglos de injusticias y siempre habrá voces que se tendrán que levantar.

abril 02, 2007

Algunas razones por las que a veces creo que el Fondart es una hueá con patas (o "Lo esencial es invisible a los formularios")

Bueh, la idea era escribir antes de que terminara el plazo para mandar los proyectos. Pero lo hago ahora mientras se esperan los resultados. Obviamente, tengo más que claro que la idea es valiosa y que bueno que el gobierno apoye la cultura y blá blá, pero igual hay cosas que creo que no corresponden. Digo algunas.

a) Criterios de papelería: para poder acceder a los fondos del gobierno hay que pasar un exigente filtro leguleyo. Así, si falta cierto papel, un documento de algo o el importante timbre de don Sutano todo el trabajo se puede ir por el caño. Será muy justo que participen sólo los que cumplen las reglas y la lesera, pero yo no dejo de pensar que se trata de proyectos artísticos, y que se pueda quedar fuera por papeles algo que pueda ser valioso, un suceso, algo tremendo, o simplemente que un bonito proyecto hecho por alguien que desconoce el manejo que se requiere para estas cosas se puede quedar afuera. Qué pena.

b) Plan de difusión: cada artista que quiera hacer un disco tiene que contarle a la gente de Fondart cómo va a conseguir que se trate de un trabajo de "alto impacto", que se suele evaluar de manera considerable en los proyectos. Esto quiere decir que tienen que demostrar cómo se van a interesar por sus discos medios de comunicación que son indiferentes en general a estos trabajos. Para eso, nada como conseguir cartas de programas y medios que digan que sí van a difundir las obras lo que, dicho sea de paso, es la ignorancia más grande sobre el funcionamiento del periodismo. Si yo he firmado una carta diciendo que difundiré algo, ¿alguien me lo va a comprobar? o peor, ¿me pasarán una multa si no lo hago?. En fin, pero con esas cartas se supone que se ganan puntos. Y por cierto, sus buenos puntos se lleva el que conoce de esas cosas. Insisto en lo mencionado arriba, cuántos proyectos se pueden quedar abajo por razones anexas a las artísticas.

c) Cartas de respaldo: otra parte muy importante de los Fondart son las "cartas de respaldo" en las que alguna eminencia o no tanto dice lo importante que es el proyecto para el desarrollo de la cultura chilena. Qué se consigue con eso, bueno, la perpetuación del peor pecado que se le atribuye al fondart, que siempre lo ganan los mismos, que es una camarilla. ¿Qué se pretende con cartas de ese tipo? lo mismo, saber "de dónde viene" tal o cual artista, inducir, mostrar "las influencias", porque no cualquiera va a firmar una carta para un artista que no conoce, ni nadie tiene el tiempo para escucharlos a todos. Un alumno de un taller de música de una comuna cualquiera tendrá las mismas cartas de respaldo que un estudiante de música de un conservatorio bien constituido? o peor, que un profesor de música? o un amigo de? o pariente de?. En los puntos b) y c) se establece una elitización perversa que flaco favor le hace a un fondo público.

d) Jurados fantasma: nadie sabe quienes son los jurados de Fondart. Claro, nadie salvo los amigos y conocidos de los jurados. El punto parece sensato, sin embargo, se vuelve contradictorio cuando uno recibe los informes de vuelta y no sabe con qué criterios se evalúan determinados asuntos, como el "interés" de un proyecto o lo bien hecha que está la fundamentación. No faltan los que se toman la licencia de decir que determinada obra era "muy básica" o que tenía una interpretación de "baja factura técnica". Quién lo dice, por qué lo hace, en fin, misterios de la naturaleza.
e) Criterios estrechos: los formatos de música popular, docta y folklórica claramente ya no sirven para hacer divisiones en las actuales propuestas de la música chilena. Mejor sería ponerlos todos juntos y tener jurados múltiples, porque varios no saben dónde competir o resulta ilógico que compitan en un mismo estilo compositores y concertistas en guitarra especializados en la raíz folklórica con un grupo laboral de proyección folklórica, con funciones y estilos muy distintos, o que un rapero tenga que evaluar a un baladista o viceversa.


La intención de todo lo mencionado anteriormente, me parece, es conseguir que los artistas se vuelvan gestores de su propia obra lo que, de por sí, no tiene que ser necesariamente malo o, en otro caso, incorporar al eslabón productivo del arte el rol del "productor", que también puede tener su brillo. Sin embargo, creo que en todo este embrollo se pierde lo esencial, la obra en sí. Digo yo, si a un jurado le toca escuchar una maqueta y "queda pa dentro" pero el trabajo tiene los objetivos poco claros o redundantes, ¿tiene que dejarlo fuera? ¿lo mismo si faltan un par de cartas de respaldo?. Lo esencial, creo yo, es invisible a los formularios. En ese sentido, encuentro mucho más saludable un proceso como el del Sello Azul, donde el candidato entrega el disco, lo escucha un jurado y deja a los que le gustaron. Además, el sello asume la producción, gestión, lanzamiento, difusión y el artista se dedica a hacer lo suyo. Bien elegidos los ganadores de raíz folklórica a todo esto: Las torcazas, Daniel Muñoz y Manuel Sánchez, nada que decir, al contrario, sólo felicitar.


En fin, a qué voy con todo esto, a que el Estado tiene plata, mucha plata. Y, mejor aún, hay claramente intenciones de gastar una parte en cultura, tal como se ve en la Biblioteca de Santiago, el Centro Cultural La Moneda o en los mismos fondos que tienen montos apreciables. Sin embargo, parece que no se ha encontrado el método para enriquecer la propuesta artística dentro de la sociedad o que estas lleguen a la mayor cantidad de público posible.
Mientras tanto, mientras las autoridades eluden la responsabilidad de romper la hegemonía mercantil del mundo cultural, se reparte la plata para discos que quedan en bodegas o giras que nadie sabe que se hacen. Y, con la pila de condiciones que ponen en sus papeleos, se elitiza en los que conocen el "know how" y se alternan entre ser jurados y beneficiarios. Y qué pasa, lo de siempre, se arman los ghettos de cultura, los "exóticos" que tocan cosas raras y que satisfacen a un mercado compuesto mayoritariamente por músicos. ¿Cómo se revierte eso?. Puf, tarea pa' la casa.