octubre 31, 2006

Pedro Henríquez nos necesita el 17 de noviembre



Una larga serie de actividades se ha realizado desde agosto en ayuda de Pedro Henríquez. Una de ellas, de hecho, fue comentada acá mismo. En las últimas semanas el apoyo ha menguado y, de hecho, el último concierto solidario que se hizo en La Barcaza tampoco fue particularmente exitoso. Claro, a veces las cosas se hacen con más cariño que organización o con la fecha muy encima. Además, la solidaridad siempre decae con el paso del tiempo y, por último, nunca se ha dicho de manera pública y clara el verdadero estado del animador.

Bueno, aunque este no sea un medio muy público espero decir al menos de manera clara. El Pedro está mal. Muy mal. Todos los mensajes esperanzadores que han aparecido en la red lo son en un contexto bastante duro que tenía sentenciado al animador a quedar vegetal. Por eso la felicidad de que recobrara algunos movimientos o que pudiera comunicarse escribiendo dificultosamente en una pizarra. Pero Pedro no habla, no puede caminar y seguramente su estado anímico no es el óptimo. Prontamente lo darán de alta y eso no dice mucho, salvo que en el Hospital poco más se puede ayudar y que, desde ahí en adelante, comienza el lento proceso de recuperación, que debe seguirse en una casa de la familia con enfermeras de día y noche o en una clínica particular.

O sea, ahora viene una parte todavía más complicada, en todos los ámbitos. Por eso, rápidamente se alcanzó a armar desde la Fundación Víctor Jara un grupo de acción que organizó un concierto de envergadura. Será el 17 de noviembre, en el Estadio Víctor Jara con un elenco estelar y cercano al conductor. La entrada costará 3 mil pesos y sólo un lleno absoluto puede significar una ayuda real para la familia. Algunos de los participantes: Sol y Lluvia, Legua York, Arak Pacha, Napalé, Max Berrú, Amaru, Juana Fe, Mano Ajena, Francisco Villa, Vejara, Mauricio Redolés, Rebeca Godoy y alguno más que se me escapa.

Qué más quisiéramos todos los que conocimos, respetamos y sinceramente admiramos la tremenda estatura de comunicador de Pedro Henríquez verlo arriba de un escenario, amenizando nuestras tardes desde alguna radio o, simplemente, escucharlo mientras contaba en Discomanía las más notables anécdotas de la Radio Umbral. Sinceramente se ve difícil que todo pueda ser como antes, pero no se puede hacer menos que quemar los últimos cartuchos para tentar al milagro, y eso pasa tanto por llenar un estadio para ayudar a la familia en los costos de recuperación como por, especialmente, demostrar de una buena vez que el trabajo de tantos años y la eterna generosidad de parte de Pedro Henríquez tiene algún momento de recompensa entre los que, a través de su voz, pensamos y soñamos en mejores días para nuestra patria.