julio 17, 2006

Mil guitarras y mil estrellas por Pepe Hernández

Pepe Hernández, infinitas gracias por todo. Tanta generosidad, gentileza, rectitud y sencillez se me quedará grabada por siempre. De las capacidades artísticas hay poco que decir, están los discos y todos quienes le han oído sabrán de su estatura de intérprete y de la simple belleza de sus creaciones.

En el plano personal, se me quedaron grabadas algunas de sus confesiones artísticas, como que Rolando Alarcón, su maestro y amigo, nunca alcanzó a conocerle como autor. Tampoco se me olvida cuando me dijo, apenas hace una semana en la pieza del hospital, que el sueño de su vida, desde jovencito, era cantar con el Cuncumén y recordaba cuando los veía en sus ensayos y se moría de ganas de dejar el rincón de la sala y sumarse al coro entusiasta y patriota.

Del mismo modo, recuerdo su gran participación en el acto del cumpleaños 75 de Rolando Alarcón (al cual llegó corriendo luego de actuar con el Bafona, haciendo un esfuerzo enorme). Ahí cantó emocionado "Mirando pa’ la bahía” (“La sebastiana”) mostrándole simbólicamente su trabajo a quien fuera su maestro. Y, por sobre todas las cosas, guardo muy sentidamente todas las veces que me dijo “pero claro, tú sabes que cuentas conmigo” ante cada vez que le pedí un favor o ideábamos alguna cosa, como cuando quise que se hiciera una visita a la tumba de Rolando Alarcón para la marcha del 11 de septiembre del 2005. Al final no se hizo, lo más probable es que se haga el 2006 y, si así ocurre, claramente estaremos cantando con Pepe, tal como él quiso hacerlo.

En fin, no sé si alcancé a ver más de diez veces en vida a Pepe Hernández, pero esas pocas veces me bastaron y sobraron para guardarle un aprecio interminable, porque cada uno de esos encuentros fue un momento particularmente grato. En su casa, conversando sobre Rolando para el famoso libro que saldrá alguna vez; en el Bafona, intercambiando material o enterándome de sus nuevos proyectos; en la Radio Nuevo Mundo, mostrando “Por los cerros de mi puerto” el que terminó siendo su último trabajo solista; o en Olmué, cuando como impecable huaso iba con su hermano, poco antes del inicio del Festival, para sumarse a la orquesta festival como parte del coro.

Hay un nuevo trabajo de homenaje a Rolando Alarcón, que se está fraguando y del que espero hablar más adelante. Pepe Hernández estaba ahí, como número puesto, y de eso hablamos la última vez que lo vi, y quedamos de pensar su participación, pese a que en algún momento me dijo “aunque no sé si volveré a cantar”. Yo lo tomé como un pesimismo pasajero de quien está en un momento jodido, pero trágicamente tenía la razón. De todos modos, ganas e ingenio no fallarán para que esté en el nuevo homenaje que le haremos a Alarcón. Ambos saben que él, más que nadie, tiene que estar en esa iniciativa y, de algún modo, así se hará.

Ayer me pasé de la radio al hospital para saber de su salud y ver cómo andaba de ánimo, porque pronto debía comenzar la quimioterapia y eso sí que es cosa dura. Cuando me encaminaba hacia su pieza, el guardia me alcanzó y me avisó secamente la mala noticia. No lo podía creer. Y aún no puedo creerlo, cómo podía sucumbir alguien con tanta vitalidad. El guardia me dijo que había muerto, pero me acordé de una canción que cantan Victor Heredia con Peteco Carabajal y, con esas frases que me daban vueltas en la cabeza, me quedé un poco más tranquilo:

“Siempre que un cantor se escapa
de la tierra y sube al cielo
una estrella brilla más.
Mil guitarras, mil estrellas,
brillarán y cantarán.
Cada estrella es un amigo,
que en la noche alumbrará.
QUE LOS CANTORES NO MUEREN
SE VAN AL CIELO A CANTAR.
Mil guitarras, mil estrellas
brillarán y cantarán.
Cada estrella es un amigo
que en la noche alumbrará”.

1 comentario:

Una como usted dijo...

Bellas y sobrias palabras...