abril 23, 2006

Las cosas en su lugar

El viernes pasado se desarrolló la Gala Cultural del Festival de las Ideas. La organización quedó a cargo de Cultura en Movimiento. Y en resolución “dedocrática” fui designado como el responsable de tan alta tarea.

Finalmente la cosa salió bien. Muy bien, por asunto de convocatoria, calidad del espectáculo, interés de la gente que fue, nuevos amigos que “reclutamos” para informarlos de lo que hacemos en CEM y más. Ante tanto éxito quedé como rey. Me felicitaron, hasta me tomaron fotos con la vieja abrazados. Na que ver, eso es del Temucano parece.

Bueno, lo que quería decir, simplemente, es que el mérito hay que dárselo a quien corresponde. Y esos son, obviamente, los artistas. Primero, porque a cada uno de los que llamamos para que fueran parte del encuentro (Natalia La Mura, Héctor Pavez, Aguamadera y Los porfiados de la cueca) nos mostraron de inmediato su entusiasmo y se embarcaron sin preguntar condiciones ni pedir requerimientos. De sus actuaciones poco queda que agregar, todos quienes los vieron pueden entregar sus comentarios.

Los Aguamadera, y especialmente sus directores, Emilia con Paulo, además, decidieron ayudar con la titánica tarea de tener un buen sonido, por lo que además de conseguirlo lo acarrearon y ayudaron a instalarlo porque los que estábamos ahí veíamos a esos cables y aparatos como si fueran tubos de ensayo. Los argentinos Pablo Fernández y Alejandro Jusim, como siempre, tuvieron una voluntad a toda prueba y Jusim, más encima, tuvo que llegar solo a Carmen 340 luego de bajarse del bus sin que nadie lo estuviera esperando *.

Otro músico, además, fue el encargado del sonido. Ricardo Silva tomó esa noche un curso intensivo de especialista en la materia y el resultado fue simplemente sorprendente, sólo por el entusiasmo de que los colegas tuvieran las condiciones que generalmente él mismo no ha tenido cuando ha debido cantar en diversas partes. Para el final dejo a los Vejara, que dijeron durante la Gala que se habían “colado” y más encima nos dieron las gracias, como si no supieran el modo cómo nos honran con el interés y el cariño que nos entregan.

Pareciera que está tan desmejorada la realidad artístico-productiva que todos estos amigos parecen creer que uno les hace un favor invitándolos a tocar durante un rato por poco más que los aplausos. Sería bueno que empezáramos a entender que la cosa es completamente al revés. A ellos les debemos el éxito de esta jornada y sólo el talento, el empeño y la grandeza reflejada en la sencillez de toda esta gente permite que se puedan desarrollar eventos con algún mediano éxito. No me queda duda que, por el momento, el más grande capital que tenemos, si no el único, son los músicos, y me faltarán palabras para agradecerles a todos que ayudaran tanto y de tal manera para que esta aventura, ideada como siempre sobre la marcha y contra el tiempo, pudiera tener un final medianamente feliz.

Luego de un evento de este tipo, el apetito se abre. A fin de cuentas, Carmen 340 es un lugar que más allá de su simbología invita a compartir y a hacer veladas con esas características. Si lo podemos repetir, los que organizamos tendremos que hacer un esfuerzo más grande para mantener esa convocatoria y poder proyectar el acontecimiento. La pega será dura, pero espero que finalmente podremos estar a la altura de los que nos regalan su trabajo arriba del escenario.