noviembre 09, 2005

Un museíto chiquitito así

Isabel Parra habló amargamente sobre los fallidos por levantar el Museo Violeta Parra el pasado domingo en el Diario La Nación. Desinterés público, de privados, en fin. Según ella, realizará unas últimas gestiones ante el gobierno para que la idea fructifique y si no será porque Violeta no quiere, insistiendo con aquella idea de que a ella nada le incomodaría más que volverse una institución.

Yendo por partes, lo evidente es que el museo está llorando a gritos. Hay suficiente material perdido, descontinuiado, fondeado o lo que sea que no es de conocimiento de la ciudadanía y que la única manera de tenerlo al alcance es, justamente, a través de una iniciativa como esta.
Quizás Isabel Parra tiene alguna elevada concepción sobre el lugar que se merece su madre y sin duda que su figura amerita un sitio espectacular, lo que la llevó a juntarse con Carlos Cardoen (cuestionado en el mundo de la cultura por su trabajo como fabricante de bombas) para hacer la idea juntos y no fijarse en costos. Al tiempo Cardoen tiró pa la cola y el museo quedó flotando otra vez.

Lo peor que puede pasar es que la idea dependa de la indiferencia institucional. Seguramente, con los planos de uno de los mejores arquitectos de Chile el asunto quedaría notable pero debe ser una friolera de plata, tal como deben ser los honorarios contemplados para otros ilustres profesionales.

El hecho es que la admiración nacional y popular por la artista es evidente. Y si no hay plata para desarrollar la idea, no me queda duda que sin plata también puede hacerse. Estoy seguro que debe haber un lote de profesionales, trabajadores, estudiantes, etc. que felices colaborarían con una idea de ese tipo. Y quizás no podría hacerse en un castillo pero más de un lugar podría encontrarse, sea en comodato, arriendo o como sea. El punto es que si seguimos esperando los milagros desde las alturas iluminadas de la burocracia más vale esperar cómodamente instalados en una silla.

Pese a lo que suele decirse, Violeta Parra tuvo apoyo de la gente en varios momentos de su carrera. Y si alguna vez se le pagó con indiferencia la cosa se dio vuelta hace muchos años, porque no hay persona que no cuente su admiración por la creadora. Ella y el museo tienen el capital más importante que se necesita para hacer algo así, el de la gente que feliz daría su tiempo por hacer algo digno, no pomposo ni ostentoso pero sí con afecto, responsabilidad y trascendencia. O sea, haciéndole honor a su vida magistral. Por lo tanto, el museo debiera comenzar buscando por ahí y no por las nebulosas oficinas privadas y gubernamentales.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que terible es todo esto! Que verguenza para la "cultura chilena"!
Pero habria que hacerse la pregunta siguiente:
¿Seria posible un Gran Museo dedicado a nuestra Violeta Parra, sin la familia Cereceda? Pues tengo la impresion que nuestra gran maestra del canto,despues de 38 años de su tragica muerte sigue manteniendo una tracalada de herederos que se hacen llamar Parra y se adjudican voluntariamente un talento que desgraciadamente no alcanzan, ni los talones del Origen. Y es aqui que esta el problema.
Hoy nadie que tenga dos dedos de frente podria darle la responsabilidad de la gerencia de este Patrimonio Nacional, a una continuidad familiar hereditaria que hasta ahora ha sido un FRACASO EVIDENTE.
La solucion vendra mas temprano que tarde. Y vendra del pueblo, que es el unico heredero de la obra de nuestra Violeta.