noviembre 29, 2005

Todos vuelven a la tierra en que nacieron

Así dice el vals por lo menos, versionado por Rubén Blades y re-versionado por el Quilapayún, supongo que a partir de la versión de Blades.

Lo comento a pito de que el lunes pasado volví a la radio de la Usach. Poca gente lo sabe, y la que sabe quizás no lo recuerda, pero allí, hace más de nueve años, vio la luz el Americanto, como parte de una franja estudiantil, Antena 2 (presta el nombre) . Por más de un año y medio estuvimos revolviéndola con Andrés Figueroa con la música latinoamericana. Poco después de eso le eché una mano a Juan Pueyes en “Viva Latinoamérica”, programa de corte similar. Ah, y el 99 y el 2000 anduve dando la hora en “Quién lleva la batuta” experiencia fallidamente humorística que trata de mantener su espíritu en un blog que hacemos con un par de dementes.

Bueno, el hecho es que Pueyes, amigo desde aquellos años, conduce cada medianoche “Más allá de las fronteras” programa de música latinoamericana y cada día de la semana tiene algún ilustre que lleva invitados o conversa de algún asunto. Han pasado tantos que la lista ha corrido demasiado y ahora me toca a mí, así que cada lunes en la noche, a las 23.59 (medianoche del martes, en rigor), me pillarán hablando con algún personaje de la música chilena, o mostrando alguna cosa que espero que sea de interés.

Sólo quiero agregar que es muy divertido volver a revolverla con Pueyes después de tanto (ayer la charla con la cuncumena salió divertida) y que no deja de emocionarme volver a la Usach, ya que ahí comenzó todo para mí en realidad, en muchos sentidos.

Pronto deberíamos estar andando con otro proyecto, también radial, “Radio en movimiento”, que se hace en La Legua y se transmitirá por internet a través de la página Cultura en Movimiento, organización encargada del espacio y sobre la que espero hablar en otra oportunidad con conocimiento de causa. Voy de productor, para chantarle la moto al Ricardo Silva, amigo, artista y opinólogo por instinto. Bueno, el Americanto va todos los domingos a las 9 de la mañana, por la Nuevo Mundo. Y a las 11, por la Chile, Tiempo de Educar, del Colegio de Profesores, donde la música es lo que más salva. En todos esos lados ando mosqueando, a pesar de mi entorno más cercano. Creo que alguna vez me sentiré un “hombre de radio”, ja.

Bueno, saludos a todos y todas.

noviembre 17, 2005

Ya vienen los monos de Paineo en Americanto.cl

Uno de los grandes brillos que espero que tenga el Americanto.cl en el corto plazo son los monos del señor Juan Carlos Paineo.
Si bien ya sus caricaturas tienen suficiente chiste y talento como para destacarlo, no está demás agregar que este ciudadano es el director del grupo Los Aucas, que sacó un disco durante este año y que ha dado sus buenos pasos en el mundo de la nueva canción de raíz latinoamericana.

Mientras vemos cómo acomodamos su cuidadoso trabajo de manera tenga un espacio como se merece en el sitio, les entregamos dos de los dibujos que nos ha hecho llegar: uno que refleja "a lo Topaze" las diferencias del Quilapayún (Parada a la izquierda, Carrasco a la derecha) y el retrato de los Cuncumenes, como reconocimiento de sus 50 años. Otros que tenemos fondeaditos y los que vengan, pronto en Americanto.cl.
A través de sus dibujos y de su generosidad, de alguna manera Juan Carlos supo volver realidad uno de los sueños que se han fraguado desde que el Americanto partió en la Nuevo Mundo, en enero del 2002, o quizás antes, cuando el programa balbuceaba en la radio Usach a mediados de los '90. En ellos vemos las ganas de reunión, de la ayuda desinteresada y de la fraternidad que impulsan sólo los objetivos comunes y el deseo de la realización de los anhelos. Trataremos que el resto de la página esté a la altura de su dedicación y de su cariño.

noviembre 09, 2005

Un museíto chiquitito así

Isabel Parra habló amargamente sobre los fallidos por levantar el Museo Violeta Parra el pasado domingo en el Diario La Nación. Desinterés público, de privados, en fin. Según ella, realizará unas últimas gestiones ante el gobierno para que la idea fructifique y si no será porque Violeta no quiere, insistiendo con aquella idea de que a ella nada le incomodaría más que volverse una institución.

Yendo por partes, lo evidente es que el museo está llorando a gritos. Hay suficiente material perdido, descontinuiado, fondeado o lo que sea que no es de conocimiento de la ciudadanía y que la única manera de tenerlo al alcance es, justamente, a través de una iniciativa como esta.
Quizás Isabel Parra tiene alguna elevada concepción sobre el lugar que se merece su madre y sin duda que su figura amerita un sitio espectacular, lo que la llevó a juntarse con Carlos Cardoen (cuestionado en el mundo de la cultura por su trabajo como fabricante de bombas) para hacer la idea juntos y no fijarse en costos. Al tiempo Cardoen tiró pa la cola y el museo quedó flotando otra vez.

Lo peor que puede pasar es que la idea dependa de la indiferencia institucional. Seguramente, con los planos de uno de los mejores arquitectos de Chile el asunto quedaría notable pero debe ser una friolera de plata, tal como deben ser los honorarios contemplados para otros ilustres profesionales.

El hecho es que la admiración nacional y popular por la artista es evidente. Y si no hay plata para desarrollar la idea, no me queda duda que sin plata también puede hacerse. Estoy seguro que debe haber un lote de profesionales, trabajadores, estudiantes, etc. que felices colaborarían con una idea de ese tipo. Y quizás no podría hacerse en un castillo pero más de un lugar podría encontrarse, sea en comodato, arriendo o como sea. El punto es que si seguimos esperando los milagros desde las alturas iluminadas de la burocracia más vale esperar cómodamente instalados en una silla.

Pese a lo que suele decirse, Violeta Parra tuvo apoyo de la gente en varios momentos de su carrera. Y si alguna vez se le pagó con indiferencia la cosa se dio vuelta hace muchos años, porque no hay persona que no cuente su admiración por la creadora. Ella y el museo tienen el capital más importante que se necesita para hacer algo así, el de la gente que feliz daría su tiempo por hacer algo digno, no pomposo ni ostentoso pero sí con afecto, responsabilidad y trascendencia. O sea, haciéndole honor a su vida magistral. Por lo tanto, el museo debiera comenzar buscando por ahí y no por las nebulosas oficinas privadas y gubernamentales.