octubre 10, 2005

La peña del siglo XXI


Lo del sábado no fue en rigor un concierto. Tampoco una fiesta, ni un encuentro, ni una peña. Fue una explosiva comunión de música, danza y notables payasos en medio del fervor de la gente que llenó el Galpón Víctor Jara.

Ahí estuvieron Los Trukeros, Zumaya, Marcelo Campos representando a los maltrechos “Porfiados de la cueca” (un integrante está lesionado de una mano), los “Hollywood brothers”, la compañía de danza “Mendicantes” y el Huaso Enrique a cargo de la parte de abastecimiento comestible y bebestible.

El éxito fue inmenso. En ese cruce de propuestas y espíritus estaba parte de las actuales propuestas artísticas en medio de un ambiente que garantiza larga vida para este tipo de actividades. Se llamó “Sociedad civil” en este caso. A lo mejor después agarra otro nombre. Da lo mismo.

Lo que importa es que estos cruces tienen muchísimo sentido, porque la hermandad está a la vista y porque quienes fueron lo disfrutaron de punta a cabo. Sin duda que la comunidad cuequera y la de otras vertientes puede encontrar un punto de reunión y de comunicación como lo hicieron las peñas en otras épocas.

Ahora, eso sí, ya no es necesario cantar en voz baja, mirar a la calle a ver si viene alguien de verde ni nada. Es el momento de encontrarse y hechos como estos son una apuesta con inmensas posibilidades de proyección. No es raro que Los Trukeros estén metidos en el baile, porque tal como en sus puestas en escena se nota que se trata de un grupo que, nunca mejor dicho, está llevando el pandero en esta historia.

octubre 05, 2005

Recuerdo y gratitud a Eric Maluenda



“Se ve fácil, ¿verdad?, dale pos”, me decía Eric Maluenda y me pasaba la zampoña y el palo del bombo. La idea era hacer las dos cosas al mismo tiempo, lo que para él era caminar y mascar chicle, pero para mí era simplemente una locura. Se remataba de la risa cuando quedaba con la zampoña pegándole al bombo y solplando el palo, mientras fumaba en la casa de Sazie a la altura del 2005 y que, en ese entonces, era de Juan Flores. Ambos eran del Illapu y desarrollaban un taller de música andina que anunciaron por la radio Umbral.

Ahí partí con mis 14 años y una zampoña comprada en una feria artesanal. Estuve un año en eso y los progresos fueron pero no tantos. O sea, el asunto sonaba pero los pulmones no estaban a la altura. Maluenda siempre me decía “estás bien. Tienes buena memoria, sentido musical pero con las zampoñas grandes no te da”. Con eso me di por pagado y no intenté de nuevo.

Años después, el ‘95, volví a Sazie para estudiar quena con Juan Flores, quien ya se había ido del Illapu, y el ‘97 estudié guitarra con él mismo pero en su casa de San Isidro. Como su salida del grupo no fue muy amistosa, le preguntaba por el Eric, si lo había visto y me decía “nada con los Illapu”, cosa que me daba pena, puesto que Maluenda nunca me pareció que fuera de la cuerda de los Márquez.

Y la gente, en realidad, se equivoca poco. Cuando los Illapu cantaban en los conciertos de los ’90, fuera en el Estadio Chile o el Monumental (hoy Víctor Jara y Caupolicán, respectivamente), Roberto Márquez presentaba a los músicos de a uno y siempre Maluenda se llevaba los aplausos más grandes. Aparte de sus capacidades vocales, les gustaba la simpatía que ponía en el escenario, cuando se largaba a bailar o cuando movía las piernas mientras tocaba el charango.

Después lo contacté varias veces en los últimos años. Primero el 2002, cuando el grupo acababa de sacar su nuevo disco (el último hasta ahora) y se le oía no muy convencido, tratando más de justificar que explicar la nueva producción. El 2003 ya andaba en otra, otra vez por teléfono me hablaba con entusiasmo evidente del Arak Pacha, de los caminos musicales que se abrían y del gusto de estar “en la quemada”, cantando en todas, sin productoras ni megaconciertos, en otro tipo de contacto con el público.

La última vez lo pude ver en persona, fue en mayo o junio de este año. Fui a entrevistar al Patara y vi a Maluenda conducir el lote. Ahí me di cuenta, nuevamente, de sus cualidades humanas, la manera cómo manejaba ese ensayo me hacía pensar que su manera de vivir era esa, fraterna, amable, y que no estaba dispuesto a que sus compañeros vivieran las que él y sus antiguos camaradas pasaron en el Illapu.

El funeral fue notable. Mucha gente, mucha emoción y mucho canto, cacharpayas y otras canciones de Illapu y Arak Pacha. Tal como todos, fui a agradecerle a Maluenda tanto talento desperdigado por donde pasó, su sencillez, franqueza, humildad y generosidad con quienes lo conocieron. Y en mi caso, además, su infructuoso esfuerzo docente.

octubre 02, 2005

Cuncumén, el Ensamble Tradicional Chileno y las tareas de la independencia

El viernes 30, finalmente, se realizó el concierto de Cuncumén con el Ensamble Tradicional Chileno. www.americanto.cl se comprometió en esta actividad como productor, en parte para homenajear los 50 años de los Cuncumenes y por otra para ver juntos en un escenario a dos de los puntales en la dignificación de la raíz folklórica.

Pese a algunos temores por la escasa difusión en los medios, el concierto salió bastante bien. Cerca de 200 personas para una sala que colmada alberga a 300 y una más que cálida respuesta a ambos grupos dan prueba de ello. Como de alguna manera la organización partió por el Cuncumén y su aniversario, mucha gente no conocía al Ensamble y quedó fascinada al punto que se acabaron los discos que llevaron para vender. Sobre lo artístico no hay mucho que agregar porque desde hace rato ambas agrupaciones tienen sus medallas bien ganadas por su entrega y su propuesta. Además, no creo que haya podido ver tres canciones en calma así que no tengo cara para comentar la presentación.

Sin embargo, como periodista metido en este asunto de la música de raíz folklórica sí quiero hacer algunos alcances. Primero, agradecer la ayuda generosa de quienes se entusiasmaron con la idea. En primer lugar, como siempre, a Pepe y Eliana de Discomanía, cuya generosidad y fraternidad parece no tener límites (21 de mayo 583, local 894, les debo un posteo especial). Además, gracias a la Nuevo Mundo (especialmente Cristián Wentzel y César Abu Eid, tan paletas como siempre), La Segunda, Sergio Campos de Cooperativa, Radio Beethoven y los portales que siempre apoyan, Nuestro Canto y Cuecachilena, más Enterarte, Música.cl y Emol.

Repasando la lista no parece poco, pero igual fueron muchos los medios que se hicieron los lesos. Seguir polemizando sobre el supuesto deber de los medios con la identidad o lo que sea o la relevancia de tal o cual noticia parece inútil, las cartas están echadas hace rato y los acontecimientos que pensamos que podían ser excepciones en este marco tampoco causan efecto.

Es difícil creer que exista una política premeditada, no imagino que haya una lista de estilos por difundir o no, sino que hay una “cultura mediática” que los periodistas acogen y que hace que determinados asuntos les parezcan poco relevantes por no decir excéntricos. Seguramente a muchos de ellos Cuncumén les sonará a cualquier cosa, como al colega que cuando le pedí que difundiera el lanzamiento del libro de Nano Núñez dijo “disculpa, es que yo estoy a cargo de música, así que dile al de literatura”. Muchos otros deben conocer el grupo pero les importa un soberano. De hecho, siempre preferirán difundir en un grupo de otro estilo que convoque la mitad de gente pero que les “suene” más. Y así se reproducen los ciclos.

Pero bueno, de estas cosas lo peor que se puede hacer es seguirse quejando de la amarga suerte de la música chilena y de la “ignorancia de los periodistas” a la que tanto se recurre. Ante esta situación hay que buscar salidas y por ahora no se me ocurre otra que fortalecer las redes independientes. Si los medios no pescan hay que aprender a vivir sin ellos, seguir lamentando cuando la suerte era más favorable (hace unos cinco años en los diarios había objetivamente más posibilidades) es ladrarle a la luna, como decía la Chacón. Pese a estas inclemencias, las posibilidades de éxito de los “ghettos” y “cofradías” son altos. Los casos de Viciosecreto y sus recitales en el teatro Oriente sin afiches y mínima cobertura de prensa son una buena señal, al igual que muchos de los eventos de Cuecachilena como el duelo de Acordeones que reventó el Casino Famae o algunos de los conciertos de Nuestro Canto. La conexión entre todas estas instancias, el poder de comunicación y la responsabilidad de cada uno de ofrecer espectáculos dignos, sin duda, permitirán un auspicioso futuro para los caminos independientes que harán, en un día no lejano, que los propios diarios y medios “convencionales” busquen entregar lo mismo a lo que ahora se niegan. Suena un poco iluso pero creo que es así, y si no, no quedaría otra que irse para la casa.