septiembre 16, 2005

Los desafíos de la adversidad

El fin de la música clásica en las radios chilenas, simbolizado por el posible cierre de la Radio Beethoven, es un nuevo mazazo a la sequía cultural del país. En lo concreto, hay más de 30 radios FM que se repartirán entre la balada, el rock y la música bailable. Si bien es evidente que estos ritmos tienen una lógica preferencia de la gente, tanto en Chile como en casi todo el mundo, parece insólito que no exista público suficiente para no mantener una radio clásica, o de folklore, o incluso de jazz, o de “world music”. Sin ir más lejos, cada uno de los más renombrados exponentes de estos estilos puede presentarse ante cinco mil personas o más en Santiago, por lo que es extraño que no puedan tener espacio en el dial. Quizás, en ese sentido, un artículo como el de Claudio Gutiérrez pueda brindar respuestas.

Pero más allá de los rumbos torcidos en el interior de la industria, lo que desarma en Chile es la incapacidad de la industria de entender la importancia de la diversidad. Tal como en el mundo político, las opciones más usuales son las únicas legítimas, todo lo demás es excéntrico, desusado, objeto de burla o, en el peor de los casos, de indiferencia. Cualquiera que haya mandado informaciones de artistas sin sello o de estilos que no calcen dentro de lo que se suele cubrir sabe de las dificultades para que sean tomados en cuenta o que la gente sepa siquiera de las actuaciones o de las novedades discográficas. Claro, son grupos que “no suenan” y por tanto no son de “interés público”. Todo esto es parte de un mismo asunto y de una cadena que no se sabe dónde parte ni dónde termina. La música no suena en las radios, los periodistas de los medios no conocen a los grupos y la gente va igual a los conciertos, a pesar de todo.

Es cierto que existe la opción de internet, los sitios especializados, las radios en línea, ya sean de cualquier estilo, pero la cosa no es igual porque obliga a seguir viviendo en el “ghetto”, a generar una suerte de clandestinidad que finalmente hace que los músicos giren hacia otros estilos más confortables en términos de proyección, como pueden verificarlo Pablo Herrera o Alexis Venegas. Es decir, la manera de entrar es haciendo lo que hace el resto. Este es un flaco favor que se le hace a la sociedad. No por razones estéticas, de filantropía, de identidad ni del manido “respeto al artista chileno”, sino por estrechez de cabeza de todos. No habrá manera de permitir un desarrollo cultural y social sino es estirando la oferta a todos los estilos que estén contribuyendo a la cultura nacional.

Seguramente, como tantas veces lo ha hecho el arte popular, tendrá que tomarse el camino largo, es decir, lo que se está haciendo ahora, juntarse, de a poco, entre amigos, armar encuentros, echar a correr la “transmisión oral” y juntar un choclón que genere un interés de envergadura, para después recibir el reconocimiento de la “oficialidad”. La Nueva Canción, El Canto nuevo y otros movimientos de otros estilos tuvieron que hacerlo así. Eso de que la historia es cíclica no es verso, al parecer. Por mientras, los que están (o estamos si se me permite la patudez) por desarrollar el “arte periférico” tenemos que hacer un esfuerzo grande, sea desde el arte, la gestión o la difusión, en cuanto a profesionalismo, rigor, entusiasmo y calidad dentro de lo que puede decirse de un concepto tan subjetivo. No porque las cosas se hagan gratis, o con poco tiempo, hay que dejarse estar y esperar el agradecimiento por “el esfuerzo”.

El único modo de ganarse respeto es hacer que el trabajo hable solo y dejar de lado las buenas intenciones discursivas y la subvención emocional de lo chileno, la identidad, las raíces y otros que han mantenido por años a propuestas deficitarias en todos los ámbitos. En el caso de la música de raíz folklórica, el camino que ha seguido la cueca urbana, la experiencia de colectivos como “Cultura en movimiento”, la mayor oferta de conciertos que ha habido en los últimos años y la aparición de sitios en internet, permite abrigar esperanzas de un movimiento creciente dentro de caminos alternos a la carretera mediática, pero también exige levantar una propuesta que haga sonrojarse al trabajo funcional de los medios de comunicación, que ven este estilo como un fenómeno antropológico, curiosamente, con la misma simpatía misericorde que trataban a Violeta Parra y a los que abrieron el camino hace más de medio siglo. No era lo que quería decir al comienzo pero bueno, estas cosas son así.

3 comentarios:

ClaudioG dijo...

No puedo contestar en extenso, porque ando con los Legua York en Alemania, pero usa el post como y donde quieras. Agradecido. Afectuosos saludos.

ClaudioG

el moderador eterno dijo...

se agradece, desde el lunes estará en Americanto.cl

lascapitalinas dijo...

Hola Manuel, muchas gracias por poner un link de nosotras en tu pagina, nosotras haremos lo mismo, pues como tu dices debemos ayudarnos en esto para que tengamos mas comunicacion entre nosotros los folkloristas.
Muchas gracias otra vez y esperamos poder encontrarnos contigo en algun evento por ahi.
Las Capitalinas