noviembre 29, 2005

Todos vuelven a la tierra en que nacieron

Así dice el vals por lo menos, versionado por Rubén Blades y re-versionado por el Quilapayún, supongo que a partir de la versión de Blades.

Lo comento a pito de que el lunes pasado volví a la radio de la Usach. Poca gente lo sabe, y la que sabe quizás no lo recuerda, pero allí, hace más de nueve años, vio la luz el Americanto, como parte de una franja estudiantil, Antena 2 (presta el nombre) . Por más de un año y medio estuvimos revolviéndola con Andrés Figueroa con la música latinoamericana. Poco después de eso le eché una mano a Juan Pueyes en “Viva Latinoamérica”, programa de corte similar. Ah, y el 99 y el 2000 anduve dando la hora en “Quién lleva la batuta” experiencia fallidamente humorística que trata de mantener su espíritu en un blog que hacemos con un par de dementes.

Bueno, el hecho es que Pueyes, amigo desde aquellos años, conduce cada medianoche “Más allá de las fronteras” programa de música latinoamericana y cada día de la semana tiene algún ilustre que lleva invitados o conversa de algún asunto. Han pasado tantos que la lista ha corrido demasiado y ahora me toca a mí, así que cada lunes en la noche, a las 23.59 (medianoche del martes, en rigor), me pillarán hablando con algún personaje de la música chilena, o mostrando alguna cosa que espero que sea de interés.

Sólo quiero agregar que es muy divertido volver a revolverla con Pueyes después de tanto (ayer la charla con la cuncumena salió divertida) y que no deja de emocionarme volver a la Usach, ya que ahí comenzó todo para mí en realidad, en muchos sentidos.

Pronto deberíamos estar andando con otro proyecto, también radial, “Radio en movimiento”, que se hace en La Legua y se transmitirá por internet a través de la página Cultura en Movimiento, organización encargada del espacio y sobre la que espero hablar en otra oportunidad con conocimiento de causa. Voy de productor, para chantarle la moto al Ricardo Silva, amigo, artista y opinólogo por instinto. Bueno, el Americanto va todos los domingos a las 9 de la mañana, por la Nuevo Mundo. Y a las 11, por la Chile, Tiempo de Educar, del Colegio de Profesores, donde la música es lo que más salva. En todos esos lados ando mosqueando, a pesar de mi entorno más cercano. Creo que alguna vez me sentiré un “hombre de radio”, ja.

Bueno, saludos a todos y todas.

noviembre 17, 2005

Ya vienen los monos de Paineo en Americanto.cl

Uno de los grandes brillos que espero que tenga el Americanto.cl en el corto plazo son los monos del señor Juan Carlos Paineo.
Si bien ya sus caricaturas tienen suficiente chiste y talento como para destacarlo, no está demás agregar que este ciudadano es el director del grupo Los Aucas, que sacó un disco durante este año y que ha dado sus buenos pasos en el mundo de la nueva canción de raíz latinoamericana.

Mientras vemos cómo acomodamos su cuidadoso trabajo de manera tenga un espacio como se merece en el sitio, les entregamos dos de los dibujos que nos ha hecho llegar: uno que refleja "a lo Topaze" las diferencias del Quilapayún (Parada a la izquierda, Carrasco a la derecha) y el retrato de los Cuncumenes, como reconocimiento de sus 50 años. Otros que tenemos fondeaditos y los que vengan, pronto en Americanto.cl.
A través de sus dibujos y de su generosidad, de alguna manera Juan Carlos supo volver realidad uno de los sueños que se han fraguado desde que el Americanto partió en la Nuevo Mundo, en enero del 2002, o quizás antes, cuando el programa balbuceaba en la radio Usach a mediados de los '90. En ellos vemos las ganas de reunión, de la ayuda desinteresada y de la fraternidad que impulsan sólo los objetivos comunes y el deseo de la realización de los anhelos. Trataremos que el resto de la página esté a la altura de su dedicación y de su cariño.

noviembre 09, 2005

Un museíto chiquitito así

Isabel Parra habló amargamente sobre los fallidos por levantar el Museo Violeta Parra el pasado domingo en el Diario La Nación. Desinterés público, de privados, en fin. Según ella, realizará unas últimas gestiones ante el gobierno para que la idea fructifique y si no será porque Violeta no quiere, insistiendo con aquella idea de que a ella nada le incomodaría más que volverse una institución.

Yendo por partes, lo evidente es que el museo está llorando a gritos. Hay suficiente material perdido, descontinuiado, fondeado o lo que sea que no es de conocimiento de la ciudadanía y que la única manera de tenerlo al alcance es, justamente, a través de una iniciativa como esta.
Quizás Isabel Parra tiene alguna elevada concepción sobre el lugar que se merece su madre y sin duda que su figura amerita un sitio espectacular, lo que la llevó a juntarse con Carlos Cardoen (cuestionado en el mundo de la cultura por su trabajo como fabricante de bombas) para hacer la idea juntos y no fijarse en costos. Al tiempo Cardoen tiró pa la cola y el museo quedó flotando otra vez.

Lo peor que puede pasar es que la idea dependa de la indiferencia institucional. Seguramente, con los planos de uno de los mejores arquitectos de Chile el asunto quedaría notable pero debe ser una friolera de plata, tal como deben ser los honorarios contemplados para otros ilustres profesionales.

El hecho es que la admiración nacional y popular por la artista es evidente. Y si no hay plata para desarrollar la idea, no me queda duda que sin plata también puede hacerse. Estoy seguro que debe haber un lote de profesionales, trabajadores, estudiantes, etc. que felices colaborarían con una idea de ese tipo. Y quizás no podría hacerse en un castillo pero más de un lugar podría encontrarse, sea en comodato, arriendo o como sea. El punto es que si seguimos esperando los milagros desde las alturas iluminadas de la burocracia más vale esperar cómodamente instalados en una silla.

Pese a lo que suele decirse, Violeta Parra tuvo apoyo de la gente en varios momentos de su carrera. Y si alguna vez se le pagó con indiferencia la cosa se dio vuelta hace muchos años, porque no hay persona que no cuente su admiración por la creadora. Ella y el museo tienen el capital más importante que se necesita para hacer algo así, el de la gente que feliz daría su tiempo por hacer algo digno, no pomposo ni ostentoso pero sí con afecto, responsabilidad y trascendencia. O sea, haciéndole honor a su vida magistral. Por lo tanto, el museo debiera comenzar buscando por ahí y no por las nebulosas oficinas privadas y gubernamentales.

octubre 10, 2005

La peña del siglo XXI


Lo del sábado no fue en rigor un concierto. Tampoco una fiesta, ni un encuentro, ni una peña. Fue una explosiva comunión de música, danza y notables payasos en medio del fervor de la gente que llenó el Galpón Víctor Jara.

Ahí estuvieron Los Trukeros, Zumaya, Marcelo Campos representando a los maltrechos “Porfiados de la cueca” (un integrante está lesionado de una mano), los “Hollywood brothers”, la compañía de danza “Mendicantes” y el Huaso Enrique a cargo de la parte de abastecimiento comestible y bebestible.

El éxito fue inmenso. En ese cruce de propuestas y espíritus estaba parte de las actuales propuestas artísticas en medio de un ambiente que garantiza larga vida para este tipo de actividades. Se llamó “Sociedad civil” en este caso. A lo mejor después agarra otro nombre. Da lo mismo.

Lo que importa es que estos cruces tienen muchísimo sentido, porque la hermandad está a la vista y porque quienes fueron lo disfrutaron de punta a cabo. Sin duda que la comunidad cuequera y la de otras vertientes puede encontrar un punto de reunión y de comunicación como lo hicieron las peñas en otras épocas.

Ahora, eso sí, ya no es necesario cantar en voz baja, mirar a la calle a ver si viene alguien de verde ni nada. Es el momento de encontrarse y hechos como estos son una apuesta con inmensas posibilidades de proyección. No es raro que Los Trukeros estén metidos en el baile, porque tal como en sus puestas en escena se nota que se trata de un grupo que, nunca mejor dicho, está llevando el pandero en esta historia.

octubre 05, 2005

Recuerdo y gratitud a Eric Maluenda



“Se ve fácil, ¿verdad?, dale pos”, me decía Eric Maluenda y me pasaba la zampoña y el palo del bombo. La idea era hacer las dos cosas al mismo tiempo, lo que para él era caminar y mascar chicle, pero para mí era simplemente una locura. Se remataba de la risa cuando quedaba con la zampoña pegándole al bombo y solplando el palo, mientras fumaba en la casa de Sazie a la altura del 2005 y que, en ese entonces, era de Juan Flores. Ambos eran del Illapu y desarrollaban un taller de música andina que anunciaron por la radio Umbral.

Ahí partí con mis 14 años y una zampoña comprada en una feria artesanal. Estuve un año en eso y los progresos fueron pero no tantos. O sea, el asunto sonaba pero los pulmones no estaban a la altura. Maluenda siempre me decía “estás bien. Tienes buena memoria, sentido musical pero con las zampoñas grandes no te da”. Con eso me di por pagado y no intenté de nuevo.

Años después, el ‘95, volví a Sazie para estudiar quena con Juan Flores, quien ya se había ido del Illapu, y el ‘97 estudié guitarra con él mismo pero en su casa de San Isidro. Como su salida del grupo no fue muy amistosa, le preguntaba por el Eric, si lo había visto y me decía “nada con los Illapu”, cosa que me daba pena, puesto que Maluenda nunca me pareció que fuera de la cuerda de los Márquez.

Y la gente, en realidad, se equivoca poco. Cuando los Illapu cantaban en los conciertos de los ’90, fuera en el Estadio Chile o el Monumental (hoy Víctor Jara y Caupolicán, respectivamente), Roberto Márquez presentaba a los músicos de a uno y siempre Maluenda se llevaba los aplausos más grandes. Aparte de sus capacidades vocales, les gustaba la simpatía que ponía en el escenario, cuando se largaba a bailar o cuando movía las piernas mientras tocaba el charango.

Después lo contacté varias veces en los últimos años. Primero el 2002, cuando el grupo acababa de sacar su nuevo disco (el último hasta ahora) y se le oía no muy convencido, tratando más de justificar que explicar la nueva producción. El 2003 ya andaba en otra, otra vez por teléfono me hablaba con entusiasmo evidente del Arak Pacha, de los caminos musicales que se abrían y del gusto de estar “en la quemada”, cantando en todas, sin productoras ni megaconciertos, en otro tipo de contacto con el público.

La última vez lo pude ver en persona, fue en mayo o junio de este año. Fui a entrevistar al Patara y vi a Maluenda conducir el lote. Ahí me di cuenta, nuevamente, de sus cualidades humanas, la manera cómo manejaba ese ensayo me hacía pensar que su manera de vivir era esa, fraterna, amable, y que no estaba dispuesto a que sus compañeros vivieran las que él y sus antiguos camaradas pasaron en el Illapu.

El funeral fue notable. Mucha gente, mucha emoción y mucho canto, cacharpayas y otras canciones de Illapu y Arak Pacha. Tal como todos, fui a agradecerle a Maluenda tanto talento desperdigado por donde pasó, su sencillez, franqueza, humildad y generosidad con quienes lo conocieron. Y en mi caso, además, su infructuoso esfuerzo docente.

octubre 02, 2005

Cuncumén, el Ensamble Tradicional Chileno y las tareas de la independencia

El viernes 30, finalmente, se realizó el concierto de Cuncumén con el Ensamble Tradicional Chileno. www.americanto.cl se comprometió en esta actividad como productor, en parte para homenajear los 50 años de los Cuncumenes y por otra para ver juntos en un escenario a dos de los puntales en la dignificación de la raíz folklórica.

Pese a algunos temores por la escasa difusión en los medios, el concierto salió bastante bien. Cerca de 200 personas para una sala que colmada alberga a 300 y una más que cálida respuesta a ambos grupos dan prueba de ello. Como de alguna manera la organización partió por el Cuncumén y su aniversario, mucha gente no conocía al Ensamble y quedó fascinada al punto que se acabaron los discos que llevaron para vender. Sobre lo artístico no hay mucho que agregar porque desde hace rato ambas agrupaciones tienen sus medallas bien ganadas por su entrega y su propuesta. Además, no creo que haya podido ver tres canciones en calma así que no tengo cara para comentar la presentación.

Sin embargo, como periodista metido en este asunto de la música de raíz folklórica sí quiero hacer algunos alcances. Primero, agradecer la ayuda generosa de quienes se entusiasmaron con la idea. En primer lugar, como siempre, a Pepe y Eliana de Discomanía, cuya generosidad y fraternidad parece no tener límites (21 de mayo 583, local 894, les debo un posteo especial). Además, gracias a la Nuevo Mundo (especialmente Cristián Wentzel y César Abu Eid, tan paletas como siempre), La Segunda, Sergio Campos de Cooperativa, Radio Beethoven y los portales que siempre apoyan, Nuestro Canto y Cuecachilena, más Enterarte, Música.cl y Emol.

Repasando la lista no parece poco, pero igual fueron muchos los medios que se hicieron los lesos. Seguir polemizando sobre el supuesto deber de los medios con la identidad o lo que sea o la relevancia de tal o cual noticia parece inútil, las cartas están echadas hace rato y los acontecimientos que pensamos que podían ser excepciones en este marco tampoco causan efecto.

Es difícil creer que exista una política premeditada, no imagino que haya una lista de estilos por difundir o no, sino que hay una “cultura mediática” que los periodistas acogen y que hace que determinados asuntos les parezcan poco relevantes por no decir excéntricos. Seguramente a muchos de ellos Cuncumén les sonará a cualquier cosa, como al colega que cuando le pedí que difundiera el lanzamiento del libro de Nano Núñez dijo “disculpa, es que yo estoy a cargo de música, así que dile al de literatura”. Muchos otros deben conocer el grupo pero les importa un soberano. De hecho, siempre preferirán difundir en un grupo de otro estilo que convoque la mitad de gente pero que les “suene” más. Y así se reproducen los ciclos.

Pero bueno, de estas cosas lo peor que se puede hacer es seguirse quejando de la amarga suerte de la música chilena y de la “ignorancia de los periodistas” a la que tanto se recurre. Ante esta situación hay que buscar salidas y por ahora no se me ocurre otra que fortalecer las redes independientes. Si los medios no pescan hay que aprender a vivir sin ellos, seguir lamentando cuando la suerte era más favorable (hace unos cinco años en los diarios había objetivamente más posibilidades) es ladrarle a la luna, como decía la Chacón. Pese a estas inclemencias, las posibilidades de éxito de los “ghettos” y “cofradías” son altos. Los casos de Viciosecreto y sus recitales en el teatro Oriente sin afiches y mínima cobertura de prensa son una buena señal, al igual que muchos de los eventos de Cuecachilena como el duelo de Acordeones que reventó el Casino Famae o algunos de los conciertos de Nuestro Canto. La conexión entre todas estas instancias, el poder de comunicación y la responsabilidad de cada uno de ofrecer espectáculos dignos, sin duda, permitirán un auspicioso futuro para los caminos independientes que harán, en un día no lejano, que los propios diarios y medios “convencionales” busquen entregar lo mismo a lo que ahora se niegan. Suena un poco iluso pero creo que es así, y si no, no quedaría otra que irse para la casa.

septiembre 27, 2005

Menos "tiqui tiqui tí" y más "cara cara cá"


Hace dos jueves Los Trukeros lanzaron su nuevo disco, “De visita”, en el Centro Cultural de España. La sala, que resiste tranquilamente a unas 200 personas, tuvo el doble o el triple de su capacidad. “Ese creo que es el símbolo de lo que está pasando con esto” me dijo el musicólogo Rodrigo Torres días después, gratamente sorprendido por el fervor que originó el concierto.

Los cuequeros urbanos, además tuvieron una actividad de locos durante el 18. En la cumbre Guachaca, la Yein Fonda, la fonda de la Patogallina, el Parque Inés de Suárez y muchos otros lados, los más renombrados exponentes del estilo llegaron al lunes prácticamente muertos, con las voces gastadas y un cansancio más que evidente.

De alguna manera, puede pensarse que este año fue el de la definitiva consolidación del movimiento. La presencia predominante en las Fiestas Patrias, los lanzamientos de varios discos, la aparición de “La revolución de la cueca” que los reúne a casi todos en torno a las composiciones de Víctor Hugo Campusano, de Altamar y el “descubrimiento” por parte de algunos medios de comunicación ha permitido visibilizar a este movimiento más allá de su tradicional marco de acción: el Huaso Enrique, los cuecazos de doña Maruja Sánchez, el casino Famae y el sitio de Mario Rojas que, por cierto, son muy responsables de su actual vigor.

Todos estos pasos, por cierto, son muy necesarios y son los que han logrado formar una comunidad con una potencia impresionante, que ha llamado la atención de sectores que hasta entonces poco y nada tenían que ver con la cueca. En ella se vive un fervor que en muchos años no se percibía en un movimiento de la música de raíz folklórica. El “boca a boca”, los traspasos de discos, los centros de reunión y la explosión de grupos jóvenes y hasta púberes muestra que la vitalidad del movimiento es realmente un fenómeno dentro del circuito.

Pese a esto, quizás falten dos pasos que permitan vislumbrar aún mayores expectativas a la cueca urbana. El primero es, sin duda, la “ceremonia de graduación”, es decir, arremeter en los escenarios mediáticos, donde llegan los mismos periodistas que desprecian las informaciones que les llegaban de estos mismos conjuntos hace algunos meses y donde se logra, a fin de cuentas, el “reconocimiento social”. Por lo tanto, hay que atacar los teatros. La convocatoria de esta gente da para pensar que un recital bien producido en Santiago tranquilamente puede reunir a mil o más personas interesadas en el rubro. Con un acto “iniciático”, de esas características, llega el apetito de los productores, los sellos y la cosa toma otras dimensiones. Faltaría conocer si a los cuequeros les interesa meterse en ese mundo, porque ahí las tentaciones y los desvíos conceptuales pueden ser comunes, pero bueno, da la idea que es algo que hay que probarlo igual.

El otro punto es más delicado pero es igualmente importante. Pese a su arraigo popular innegable, señalado incluso por Margot Loyola en un programa radial hace pocos días, en el “establishment” del patrioterío siguen al margen y eso puede ser bueno para mantener cierta idea de “pureza” pero, a fin de cuentas, creo que es necesario que las “chilenidades mediáticas” reciban un poquito de aire fresco. Con el respeto que me merecen los Perlas, los Hermanos Campos, Los Chacareros de Paine y Los Quincheros, entre otros, es preciso ampliar el espectro y, justamente, mostrar al resto del país, a aquellas expresiones que tienen una vigencia en lo cotidiano, por el gusto de cantar y no porque cae determinada fecha en el calendario. Con menos “tiqui tiqui tí” y más “cara cara cá” Chile puede ser un país más rico y para mucha gente el folklore puede pasar de ser un cacho a una aventura o un mundo por conocer.

septiembre 16, 2005

Los desafíos de la adversidad

El fin de la música clásica en las radios chilenas, simbolizado por el posible cierre de la Radio Beethoven, es un nuevo mazazo a la sequía cultural del país. En lo concreto, hay más de 30 radios FM que se repartirán entre la balada, el rock y la música bailable. Si bien es evidente que estos ritmos tienen una lógica preferencia de la gente, tanto en Chile como en casi todo el mundo, parece insólito que no exista público suficiente para no mantener una radio clásica, o de folklore, o incluso de jazz, o de “world music”. Sin ir más lejos, cada uno de los más renombrados exponentes de estos estilos puede presentarse ante cinco mil personas o más en Santiago, por lo que es extraño que no puedan tener espacio en el dial. Quizás, en ese sentido, un artículo como el de Claudio Gutiérrez pueda brindar respuestas.

Pero más allá de los rumbos torcidos en el interior de la industria, lo que desarma en Chile es la incapacidad de la industria de entender la importancia de la diversidad. Tal como en el mundo político, las opciones más usuales son las únicas legítimas, todo lo demás es excéntrico, desusado, objeto de burla o, en el peor de los casos, de indiferencia. Cualquiera que haya mandado informaciones de artistas sin sello o de estilos que no calcen dentro de lo que se suele cubrir sabe de las dificultades para que sean tomados en cuenta o que la gente sepa siquiera de las actuaciones o de las novedades discográficas. Claro, son grupos que “no suenan” y por tanto no son de “interés público”. Todo esto es parte de un mismo asunto y de una cadena que no se sabe dónde parte ni dónde termina. La música no suena en las radios, los periodistas de los medios no conocen a los grupos y la gente va igual a los conciertos, a pesar de todo.

Es cierto que existe la opción de internet, los sitios especializados, las radios en línea, ya sean de cualquier estilo, pero la cosa no es igual porque obliga a seguir viviendo en el “ghetto”, a generar una suerte de clandestinidad que finalmente hace que los músicos giren hacia otros estilos más confortables en términos de proyección, como pueden verificarlo Pablo Herrera o Alexis Venegas. Es decir, la manera de entrar es haciendo lo que hace el resto. Este es un flaco favor que se le hace a la sociedad. No por razones estéticas, de filantropía, de identidad ni del manido “respeto al artista chileno”, sino por estrechez de cabeza de todos. No habrá manera de permitir un desarrollo cultural y social sino es estirando la oferta a todos los estilos que estén contribuyendo a la cultura nacional.

Seguramente, como tantas veces lo ha hecho el arte popular, tendrá que tomarse el camino largo, es decir, lo que se está haciendo ahora, juntarse, de a poco, entre amigos, armar encuentros, echar a correr la “transmisión oral” y juntar un choclón que genere un interés de envergadura, para después recibir el reconocimiento de la “oficialidad”. La Nueva Canción, El Canto nuevo y otros movimientos de otros estilos tuvieron que hacerlo así. Eso de que la historia es cíclica no es verso, al parecer. Por mientras, los que están (o estamos si se me permite la patudez) por desarrollar el “arte periférico” tenemos que hacer un esfuerzo grande, sea desde el arte, la gestión o la difusión, en cuanto a profesionalismo, rigor, entusiasmo y calidad dentro de lo que puede decirse de un concepto tan subjetivo. No porque las cosas se hagan gratis, o con poco tiempo, hay que dejarse estar y esperar el agradecimiento por “el esfuerzo”.

El único modo de ganarse respeto es hacer que el trabajo hable solo y dejar de lado las buenas intenciones discursivas y la subvención emocional de lo chileno, la identidad, las raíces y otros que han mantenido por años a propuestas deficitarias en todos los ámbitos. En el caso de la música de raíz folklórica, el camino que ha seguido la cueca urbana, la experiencia de colectivos como “Cultura en movimiento”, la mayor oferta de conciertos que ha habido en los últimos años y la aparición de sitios en internet, permite abrigar esperanzas de un movimiento creciente dentro de caminos alternos a la carretera mediática, pero también exige levantar una propuesta que haga sonrojarse al trabajo funcional de los medios de comunicación, que ven este estilo como un fenómeno antropológico, curiosamente, con la misma simpatía misericorde que trataban a Violeta Parra y a los que abrieron el camino hace más de medio siglo. No era lo que quería decir al comienzo pero bueno, estas cosas son así.

septiembre 11, 2005

El sendero del canto popular, fijo para el 2006


Qué tal:tardíamente, el pasado viernes en la tarde, se me ocurrió proponerle a algunos amigos que aprovecháramos la actividad del 11 de septiembre para entregarle un homenaje a algunos destacados creadores chilenos que se encuentran en el Cementerio General. Ellos eran Violeta Parra, Víctor Jara, Rolando Alarcón y Sergio Ortega.
Enterado de que Cultura en Movimiento, por su parte, iba a hacer un acto en las tumbas de Jara y Ortega, sólo bastaba con que dejáramos algunas flores donde Violeta (al lado del Memorial de los detenidos desaparecidos) y Rolando para que el asunto se desarrollara sin problemas. Por eso, bastaba con coordinarse con la gente del “Cultura” para que todo marchara sin líos.

Bueno, finalmente la magnitud de la marcha y problemas organizativos hicieron que no pudiera encontrarme con la gente de Cultura en Movimiento así que no hubo cómo hacer estos pasos previos, por lo que sólo se hizo el acto en las tumbas de Jara y Ortega. Por su parte, Violeta fue saludada por decenas de personas que conocen su tumba y estaba rodeada, con justicia, de flores por todas partes.

Cuando ya finalizaba el acto de los “Cultura”, partí para la tumba de Alarcón. La escena, lamentablemente, era la misma de siempre. Un par de flores secas y un silencio “de pelos” como dicen los Simpson. Y ahí me bajan las dudas, con qué habrá hecho este hombre para que se le trate de esta manera. Es claro que en su familia no tiene muchos aliados (de hecho, casi nadie compartía sus ideas políticas ni otros aspectos de su vida privada) y por su opción sexual no tuvo hijos.

Sin embargo, El asunto es triste pero no para tanto. A fin de cuentas, Alarcón es un tipo respetado entre sus pares y se le recuerda con cariño. Sin ir más lejos, fugazmente alcanzó a escucharse un fragmento de “Yo defiendo mi tierra” cuando partía la marcha de la Alameda. Por lo tanto, y tal como en muchos otros asuntos de la música chilena, bastará con un poco de organización para que al asunto ande y este cantor pueda ser parte del reconocimiento de la gente. No me queda duda que para la marcha del próximo año, o quizás antes, por ejemplo, para el aniversario de su muerte, habrá chilenos recordando su noble vida de cantor y maestro. No en vano en agosto del 2004 llegaron muchos, y casi de oídas, a festejar los 75 años de su natalicio, en un concierto que se me ocurrió hacer casi sobre la marcha pero que resultó bastante bien.

Por eso, la meta ya está clara. La marcha del 2006 tendrá un momento para el “Sendero del canto popular” y Violeta, Rolando, Víctor y Ortega recibirán en un mismo día un sentido y merecido reconocimiento. Si prospera la idea de algunos movimientos políticos, a lo mejor la marcha se hace al revés, “de la memoria al poder” (es decir, desde el Cementerio a la Moneda). Si eso ocurre, bueno, habrá que estar muy temprano para hacer el recorrido, pero que se hará, se hará.