junio 17, 2016

Las historias de “Tenemos las mismas manos”, capítulo VI: Primer epílogo (escrito con los discos haciéndose en la fábrica)


La primera pregunta que debe nacer, aunque muchos intuyan la respuesta, es que por qué el disco se llama “Tenemos las mismas manos”. En lo elemental se refiere a uno de los versos de “Si somos americanos”, la canción más conocida de Alarcón, idea más o menos habitual en los discos de homenaje o en las biografías de músicos (posbilemente la idea salió de uno de Violeta Parra llamado “Después de vivir un siglo”). Más allá de eso la frase tiene una multiplicidad de significados o más bien uno solo que hay que desglosar. En el “Tenemos” se desprende un sentido colectivo, a unir a los más de 100 músicos que fueron parte de este disco y que, pese a ser de agrupaciones y hasta estilos distintos, accedieron a ser parte de una fuerza comunitaria para saludar a un hombre que fue, a su vez, motor de muchas iniciativas en asociación con otros colegas, como las giras Chile Ríe y Canta, la Peña de los Parra. “Mismas” permite hacer una idea de continuidad y proyección de que la obra que hizo Alarcón tiene cierto paralelo o nexo en todos los que están creando y cantando en estos días. Están además muchas de las mismas temáticas e inspiraciones sonoras, en ritmos e instrumentos, presentes en muchos músicos nacionales. Las manos, por último, han sido una simbología de la artesanía, de cumplir un oficio, de la solidaridad, e incluso de la precariedad etc. Desde el “Pongo en tus manos abiertas” para Recabarren y las manos que son “lo único que tengo” en las canciones de Víctor Jara hasta las manos que hay que juntar para hacer la muralla y “todas las manos, todas” del himno americanista de la “Canción con todos”. Al decir “tenemos las mismas manos” decimos todo eso, que somos parte de un mismo caudal pese al paso de los años y la infinidad de cosas que han ocurrido y que las canciones que estaban olvidadas en su casi totalidad las tomamos como piezas relevantes del gran mosaico de la creación chilena, que tienen todavía mucho para decir.


En el primer texto de toda esta historia dije que el disco lo declaré cerrado cuando sentí que en las canciones y los intérpretes elegidos estaba “todo lo que quería mostrar”. Bueno, ¿qué es lo qué quería mostrar? No sé si lo tenga tan claro. En primer lugar quería romper con el estereotipo del profesor primario bonachón que hizo puras canciones ingenuas para que los niños bailaran en el acto de Fiestas Patrias. Alarcón era eso, por supuesto, pero también otra pila de ideas, algunas más logradas que otras, pero que tenían que ver con la época que se vivía y su constante curiosidad. Si bien algunas de sus búsquedas no se reflejan en el disco (como su fugaz paso por el go-go) sí hay varios de sus discos conceptuales o de sus tópicos más comunes retratados en el disco, además de un repaso bastante amplio por su discografía, a excepción de cosas muy específicas. Por otro lado mi idea era realzar la capacidad de Alarcón como un gran melodista, que quizás no se recuerda tanto porque su trabajo de intérprete era algo disparejo y a veces algo monótono, como le dijeron alguna vez en una revista. Por eso suponía (y espero) que todas estas canciones suyas, en voces, estilos e instrumentos tan diversos, podía ser un impulso para que mucha más gente conociera de su obra algo más que las canciones más populares (que igualmente están en el disco, tampoco hay que ser suicida). En parte por eso terminamos con un disco doble, porque hacer un disco de 15 canciones con las cinco o seis más conocidas implicaba hacer una muestra muy menor del trabajo de Alarcón, así que nos fuimos tentando y la cosa llegó a estos límites. Es además un regalo para sus seguidores que puedan conocer canciones que no alcanzaron a editarse en Chile o algunas que existieron como singles de otros intérpretes (con escasa difusión) y que él no cantó nunca. La intención es que, incluso para los que más lo conocían, puedan dar con alguna sorpresa.


También había una acción delicada con respecto a los discos tributo, de los que había resultados más bien pobres. Obviando los tributos a Víctor Jara que hizo el sello Alerce, el resto parecía hecho a la rápida y como una acumulación de figuras más que como un concepto desarrollado. En ese sentido siempre tuve como referente de disco colectivo el “Charango, autores chilenos” que Pedrotti había hecho el 2000. Por eso, también, la importancia de sumarlo en el proyecto para tener una voz con talento y experiencia en estos asuntos. De hecho, él mismo fue un oído muy estricto con los intérpretes, lo que permitió subir el estándar a que si hubiera quedado bajo mis deficientes pailas. Cuando Albornoz se sumó ya tuvimos dos evaluadores muy rigurosos.


Finalmente, y de esto también me di cuenta cuando el disco estaba prácticamente cerrado, veo en este trabajo un reconocimiento y una admiración profunda por los músicos que son de la misma generación de la mía. Nacidos en dictadura y adolescentes/jóvenes durante los nefastos años 90, totalmente criminales para cualquier pajarraco que sintiera el más leve interés por cualquier cosa que sonara a charango o a autoctonía. Muchos de ellos comenzaron a cantar cuando internet era un entretenimiento de científicos y cuando reunirse o dar con locales que difundieran esta música era prácticamente una quimera. Si uno osaba decir que le gustaba la música latinoamericana o algo así era usual recibir de vuelta un “ah, esos hueones que están todos muertos y le cantaban a Allende” o “anda a ponerte con un puestito a la Feria de Santa Lucía”. Prácticamente todos ellos han permanecido en la música por la convicción profunda de hacer lo que vale la pena hacer y he tenido la suerte (a algunos de cerca desde hace muchos años y a otros como simple auditor y posterior conocido/amigo) de ver sus progresos y esfuerzos por desarrollar sus carreras artísticas, pese a que todo parece indicarles que no vale la pena. Esa serena convicción me parece muy admirable. Y los que son algo mayores y están en este disco diría que en general han sido músicos que han apoyado y acogido a los que vinieron después, por lo que hay un espíritu común y familiar que seguramente fue lo que me permitió pedirles patudamente que se sumaran a esta historia.


Cuando las grabaciones concluían apareció otro personaje importante, Raúl Guerra, quien realizó todo el trabajo gráfico. Lo conocí primero como parte de Pasto Seco y después más en profundidad cuando se sumó al proyecto de Los Republicanos (él dice que además coincidimos en alguna junta del Colectivo Kahuín, puede ser). Siempre me impactó el gran trabajo que hacía con ilustraciones y diseños para afiches y discos de la movida cuequero-folklórica-trovadoresca, así que le pedí que asumiera esa pega y la hizo con la voluntad y talento que pone en todo lo que hace. Agradezco también la paciencia para acceder a cada sugerencia que le hice, incluso a veces dándome la razón, juas. Además, cuando empezó este trabajo me invitó a ser parte de Atlético Torreja, con el que tuve mi último título de pichanguero, pero esa también es otra historia.
El disco se masterizó en manos de Jorge Pluto Abarca, ingeniero de larga trayectoria y reconocido por ser el sonidista de las presentaciones de Congreso durante largos años. Pedrotti quería que él terminara el trabajo que él empezó y yo accedí, por la confianza que le tengo y porque si hay algo que nunca he logrado entender ni medianamente bien es qué cresta significa hacer la masterización de un disco.


Raúl tiene que hacer algunos retoques en los créditos pero el trabajo gráfico también está concluido. No lo podré decir hasta que tenga en mis manos el producto final, pero básicamente esta historia ha terminado y más de una vez pensé que nunca lo lograría. Queda saber qué pasará con esto, si será recibido con cariño, si habrá gente esperándolo, si tendrá algo de difusión, en fin. Puede ser mezquino tener interés en resolver esas dudas más “mundanas” ya que finalmente el producto está terminado, que es lo que importa, pero esto es lo mismo que la comunicación, no vale de nada hacer algo si no sale a rodar y a encontrarse con la gente. Esperemos que así sea, aunque me queden dudas. Por algo Pepe Osorio me decía “El escéptico”. Pero bueno, pase lo que pase, sepan que dejé hasta mi último esfuerzo por hacer el disco más digno posible. Es curioso hablar de “hacer un disco” sin haber tocado una mísera nota, pero bueno, supongo que se entiende. Y si no, mala suerte dijo el conejo.
Eso, creo, es todo. Si llegó hasta acá reciba mi admiración. Y espero que después de esto a don Rolo, después de tanto olvido y tanto silencio, le puedan llegar de vuelta las palabras que incluyó en “América nuestra” y que el Amaru revalorizó en su magnífica interpretación: “Despierta ya, la noche ha terminado”.

junio 10, 2016

Las historias de “Tenemos las mismas manos”, capítulo V: Las canciones, del 25 al 32


Tierra Sagrada - "El trabajo voluntario"

En el tramo final del disco me di cuenta que no había ningún artista de onda tropical/cumbiera/salsera, que además tienen gran éxito entre el público. Como la cosa no era meter a cualquiera ni darle bombo al bailable para vender más copias, el asunto era dar con el grupo correcto y que además se comprometiera con esta historia. En realidad el nombre estaba hace tiempo y nunca habíamos cerrado los plazos ni el tema y en verdad no se los había pedido formalmente. A los Tierra Sagrada los conocí a mediados de la década pasada gracias al Lulo, de los Legua York, quien llevó al Emilio a uno de los capítulos de la Radio en Movimiento. Vi su paso de grupo de música latinoamericana al “son y rumba” y me alegré del disco que incluía la canción “El verano de los pobres”, porque sentí que habían dado un salto grande en sonido y en impronta.

Los contacté apenas me convencí que sería un buen regalo para el disco y para quienes lo tuvieran incluir “El trabajo voluntario”, canción fantasma de Alarcón, porque la compuso poco antes de morir, apenas la cantó en vivo en su última gira al norte con el elenco de Chile Ríe y Canta y no quedó grabación con su voz. Quico San Martín, vía correo electrónico, nos contó lo restante: “La creó Rolando el año anterior a su muerte y siempre como un aporte al gobierno de Salvador Allende, que ya se encontraba padeciendo el boicot de las fuerzas reaccionarias y fascistas de la derecha que desencadenó el desabastecimiento. Con esa canción llamó a participar al pueblo en la defensa de la obra del gobierno popular. Nosotros, como Los Emigrantes la cantamos junto a él y puedo asegurar que fue uno de sus caballitos de batalla en la última gira por el norte grande y chico. El pueblo que participaba de nuestras presentaciones, en cualquier lugar- escuelas, teatros, playas, etc.- cantaban junto a nosotros su estribillo: "qué lindo es ser voluntario del trabajo solidario, la Patria así se levanta y el pueblo trabaja y canta". Tenemos la foto donde él aparece en traje de baño, de pie y con su guitarra cantando en Tocopilla. Pienso que esa es una de las últimas fotos de Rolando si es que no es la última.

Otra cosa que hay que aclarar es que el ritmo era exactamente igual al que yo usé en los Estudios del Instituto Cubano del Arte y la Industria cinematográfica, en La Habana, por el año 1978, donde grabé a dúo con el músico canadiense Martín Duckler y con acompañamiento del destacado Grupo Manguaré, del Movimiento de la Nueva Trova Cubana”.


Por don Carlos Valladares teníamos una copia del tema por Enrique y Martín y se lo mandé al Emilio para que hiciera su versión. Cambió el tono del tema de mayor a menor, lo que provoca una variación en la melodía y agregó todo el arsenal de instrumentos del grupo. Creo que fueron trece los que participaron de esa maratónica grabación en Lo Cañas. El empeño y el buen humor lograron sacar la cosa adelante.

Una de las anécdotas que más recuerdo del disco fue protagonizada por ellos. Una de las integrantes tenía que tocar su parte y requería apoyo del cantante desde el estudio para que se orientara mejor. Como el asunto estaba costando le iba pidiendo cosas distintas: "Ya, cántame la primera estrofa"... "De nuevo, pero más fuerte"... "No, no tanto, no te escucho bien". La paciencia del colaborador comenzaba a desgastarse. "No, ahora sólo la primera frase"... "Ahora la primera palabra y la última nomás"... Al final llegó la reacción algo airada: "Y no querís que te cante las puras vocales también?". Fueron varios segundos de carcajadas.

Mención aparte para el pregón que agregaron los muchachos y que cierra el tema. Me lo mostraron antes de grabarlo y me preguntaron si estaba bien. Yo quedé encantado, porque calza perfectamente con el espíritu del disco y diría que con el de todos los que participamos de él.



Eduardo Peralta, “Doña Javiera Carrera”

Justo en la época en que hicimos un concierto para celebrar los 75 años de vida de Rolando Alarcón, Eduardo Peralta dedicó uno de sus Lunes Brassensianos ya clásicos en la época (y eso que hablamos de 2004) a la figura del profesor normalista. Desde ahí en adelante es muy extraño que al menos una vez al año no se toquen sus canciones en el Mesón Nerudiano, con invitados de toda índole.

Por eso era muy natural invitarlo al disco, aceptó rápidamente y en una mañana en el IPChile se mandó tres temas de una tirada: “Doña Javiera Carrera”, “Quién fuera como el gallo” y “San Pedro trotó cien años”. Después de grabar dijo “me quedo con la Javiera” y así hicimos. Al tiempo nos atrevimos a sugerirle agregar un contrabajo, para repetir esa onda que tenían varios de sus discos, que contaban con el aporte notable de Jorge Campos. Eduardo accedió y le sumamos el valioso aporte de don Roberto López.

Galo y Rodrigo, “Como el viento norte”

En la primera toma que participé, en el primer semestre de 1996, éramos un grupo no muy grande encerrado en una pieza del segundo piso de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago. Mientras unos jugaban brisca y otros temperaban el cuerpo, un flaco crespo agarró una guitarra y luego de las peticiones de temas de Silvio Rodríguez aflojó la mano y se puso a tocar cosas de Schwenke y Nilo y Eduardo Peralta, entre otros. Nos hicimos amigos de una. Era el Galo Ugarte, que pocas semanas después pasó a ser panelista del naciente Americanto y que a fin de año se escurrió y dejó el periodismo para entrar a música en la Universidad de Chile.

Mantuvimos contacto por todos esos años y supe de sus andanzas en grupos como Fraude, posterior Zahir, sus trabajos con el organillero Manuel Lizana, su musicalización de obras de teatro y sus andanzas por el tango. Pero en paralelo a todo eso estuvo inalterable el trabajo con su hermano, Rodrigo, con quienes hacen un dúo de trova de alto vuelo. Ganaron el Festival Víctor Jara de 1994 y desde entonces se presentan con bastante intermitencia y, de hecho, no tienen aún un disco “oficial”. Ambos tienen una grandeza artística y una calidez humana tan grande que para mí era evidente que tenían que estar en este disco. Cantaron en el cumpleaños 80 de Alarcón y optaron por grabar “Como el viento norte”, canción que tiene su gracia porque su autor nunca la interpretó y tiene dos versiones discográficas: la de Pedro Messone y la de Los Emigrantes, que creo que fue la que tomaron los muchachos como punto de partida para hacer su arreglo.

La jornada de grabación en Artenautas fue muy agradable y tuve ocasión de ver a Galo convertido en un director/dictador con los muchachos de vientos y cuerdas que dan un aporte fundamental al tema. Ahí el amigo de carácter afable y voz baja saca pecho y agita las manos con ímpetu para lograr la interpretación deseada. Como dato anecdótico puedo contar que unos cuatro años después de su grabación, el Galo cambió una nota de su voz cuando se terminó de armar “Coplas del pajarito”. 

Hoy el dúo está disuelto de facto. El Galo anda mostrando su primer disco solista y acompañando a Carmen Prieto y Rodrigo anda en el Quinteto del Revés y otros proyectos. Confío en que los veremos muy pronto cantando juntos nuevamente. Será volver a las jornadas en Periodismo, a las tertulias de Barco Ebrio y a recordar mil momentos de la vida de tantos, años bien ingratos para la cultura y la política, pero en las que ellos y varios otros fueron cruciales para no sentirnos tan solos ni perdidos.



Ensamble Serenata, “En el portal”

Cuando empezó el proyecto del disco le pregunté a Claudio Acevedo si Cántaro se animaba a hacer una versión de Rolando Alarcón, ya que suponía que para el Ensamble Serenata sería un lío considerando los tiempos de sus integrantes, como Hernán Jara y Guillermo Milla, que en esa época eran músicos de la Sinfónica (ignoro si lo siguen siendo). Finalmente salió todo al revés, porque los Cántaro justo por esas fechas comenzaban a lanzar su segundo disco e irse de viaje para las Uropas, así que Claudio me dijo con la bondad y entusiasmo que le caracterizan que “yo puedo armar un arreglo para el Ensamble, te aviso apenas lo tengamos”. Como el proyecto venía recién saliendo de su primera derrota en el Fondart no hice ni amago de apurarlos, pero al año siguiente el propio Claudio me avisó que tenía lista su versión para “En el portal”. 

Fuimos a la calle Clemente Fabres, en Providencia, donde Pedrotti tuvo sus estudios por corto tiempo, y la gente grabó con mucha rapidez. Caso aparte el de Milla y Jara, quienes graban sus instrumentos juntos y fueron una auténtica bala: hicieron una toma de corrido, como prueba, luego otras dos con micrófonos encendidos y sin interrupciones y finalmente se quedaron con la primera de estas últimas. Unas bestias. Este tema es uno de los que tuvieron vida antes que el disco, ya que el grupo quiso incluirlo en su CD “Por las calles” de 2010 y hasta preguntaron ceremoniosamente si había algún inconveniente con sumarlo, a lo que respondimos que obviamente no había problemas. De hecho cuando tocan la canción en vivo mencionan del proyecto, lo que no deja de ser publicidad gratis, juas. Cuando lanzamos el disco el grupo estaba en receso, pero igualmente Claudio y Mauricio Valdebenito nos acompañaron en el lanzamiento en Matta Sur y se subieron a cantar en la patota.




Rafael Manríquez, “Parabién de la paloma”

Siempre supimos que Rafael era un defensor de la obra de don Rolo, y decidimos acercarnos un verano que andaba promocionando “Que viva el canto”, magnífico disco antológico de canciones chilenas que hizo para el Smithsonian Institute y donde, de hecho, sumó canciones de Alarcón y otras que don Rolo había recopilado para un LP para ese mismo sello en 1960, cuando aún era integrante de Cuncumén. Algunos minutos de conversación en el Mesón Nerudiano (gentileza de Eduardo Peralta y sus lunes brassensianos) bastaron para ver que estábamos frente a un hombre de gran bondad.

A los meses de haber vuelto a Estados Unidos me animé a invitarlo al proyecto y aceptó tan rápido que a las pocas semanas tenía una versión del “Mocito que vas remando”. Sabiendo de la buena onda que habíamos armado le pregunté desvergonzadamente si en vez de esa canción no se animaba a hacer el “Parabién de la paloma” y, como me esperaba, aceptó inmediatamente y hasta dijo que era una de sus canciones preferidas. A comienzos de 2013 vino de nuevo a Chile y aprovechamos de grabar en el IPChile. Llegó con su guitarra, se sentó a ensayar, yo fui a comprar jugos y galletas y a la vuelta ya había terminado de grabar la guitarra, que no era nada sencilla en honor a la verdad. Después de grabar la voz pensó que sería bueno sumar más instrumentos, así que contactamos a Ignacio Hernández para que fuera al día siguiente a meter su acordeón y el Paulo se comprometió a hacer el arreglo para el bajo y las percusiones.

Cuando ya estaba de nuevo en Estados Unidos le mandamos lo que llevábamos por mp3 y respondió un simple “qué lindo está quedando este tema”. Fue lo último que supimos de él, porque pocas semanas después tuvo el accidente automovilístico que terminó con su vida. Concluimos el tema unos meses después con bastante pesar, recordando las jornadas que vivimos, el almuerzo que compartimos en el Juan y Medio y su eterna buena disposición y afecto hacia nuestro proyecto, que desde su muerte nos hemos comprometido a dedicárselo donde podamos mencionarlo.

Porfiados de la Cueca - “Cueca al Che”

Este grupo y esta canción deben haber sido de las primeras que se sumaron al disco y finalmente fue de las últimas que se grabó. Para 2006 ya habíamos gastado suficientes horas de “trabajo” con Marcelo Campos en el Colegio de Profesores hablando de música en su oficina como para no contar con ellos y como para que fuera a hacerse el sueco con la propuesta. Revisé de las pocas cuecas que tenía grabadas Alarcón y le propuse la “Cueca al Che” porque me parecía que la letra era interesante para enfantizar su rol de cantor "rogelio" más allá de lo que dice la caricatura del profesor de canciones ingenuas. Además era un texto de Fernando Alegría, personaje que quería que estuviera en el disco. Los cabros la trabajaron con toda calma e hicieron una versión en 2008. Al poco tiempo se fueron la cantante y la primera guitarra de ese entonces (Javiera y "el Muñeco" Juan Pablo Villanueva), lo que coincidió con que Pedrotti me pidiera que la guitarra había que hacerla otra vez, porque tenía un problema.

Como el disco estuvo parado un buen tiempo nadie hizo mayor asunto, pero cuando entramos en la recta final le mandé el tema a Campos y esperé varios días para que me dijera cuándo grabábamos lo que faltaba. Pasaban los días y no tenía rastros del amigo, así que en un fin de semana de paseo por la Quinta Región lo llamé. Fue un bonito momento, porque estaba cayendo la noche, se veía el mar y  Con Con desde lo alto, con la Camila (mi señora, apoyo de vida y asistente en varias cosas del disco) hablábamos de los proyectos pendientes mientras avanzaba la espera de Domingo y, como tantas otras veces, me puse a delirar con el disco y recordé que lo de Los Porfiados estaba a medio hacer. En medio de esa circunstancia tan especial llamé a Campos y oí las delicadas palabras de mi amigo: “Oye, Fomedad (así me dice de cariño por mi alegría contagiosa). Quería preguntarte si podemos hacer todo de nuevo mejor porque me da vergüenza haber grabado una hueá tan re fea!”. En realidad yo creo que le puso mucho, pero la nueva versión quedó bastante mejor, el Leo Yáñez hizo un arreglo con una introducción que aludía a “El aparecido” de Víctor Jara (también dedicada a Guevara) y le hicieron ciertas variantes a la melodía, pero que igualmente dejan la versión más parecida a la original que la primera vez.

Cuando ya estaban grabando las exclamaciones y gritos de entusiasmo de la cueca, Campos quería cerrar con alguna frase medio politiquera. Mientras analizaba cuál podía ser le pedí el micrófono a Pedrotti y le comenté “di alguna hueá como ‘Ahora y siempre, Comandante!’”. Más por el apuro de decir algo que por convicción profunda terminó gritando eso, que fue mi tercer y último aporte "creativo" a las grabaciones del disco.

Al poco tiempo de hecha la grabación se fueron del grupo el Leo Yáñez y Lushow, uno de los fundadores, así que supongo que Campos nunca más grabará alguna cosa que le pida si es que no quiere terminar cantando solo. A todo esto, “¡Feliz cumpleaños Lushow!”. 

PD: hace poco me he enterado que Los Porfiados están en receso. Espero que Campos retome las ganas otra vez, porque de creatividad nunca se va a quedar corto.



Javier Guíñez - “El alma de mi pueblo”

Debo admitir que la primera vez que oí a los Vejara me cayeron como patada en la guata. Fue a fines de los 90 en la radio de la Usach, los encontré medios espesos en sus declaraciones, encontré una ridiculez el nombre que tenían y mi oreja de tarro hizo que no me parecieran ninguna maravilla. "Qué se creen estos hueones" creo que la frase que dije delante de mi polola de la época. Me hicieron cambiar rápidamente de opinión cuando los vi en algún acto que hizo el Alejandro Stuart como lanzamiento de una exposición que armó en el Museo de Arte Popular Tomás Lago. Tocaron en formato acústico y quedé bien impresionado. Los conocí personalmente en 2006, para el “Festival de las Ideas”que armó el PC y donde Cultura en Movimiento tuvo un rol de cierta importancia. De esas dos o tres veces que los oí para el Festival ninguna me marcó tanto como en la Plaza de los Artesanos de Pirque, donde tocó un desfile de cantautores chilenos y extranjeros que en realidad ya me tenían un poco harto con su parada del consecuente revolucionario que hay que oír casi obligado porque tiene mucho que denunciar, más allá de cómo lo haga. En medio del tono sombrío que dejó buena parte del elenco, cuando los Vejara se enchufaron y tocaron “Arriba quemando el sol”, sentí ver jugar al Barcelona después de haber estado una tarde pegado al CDF.

En esa época hicimos algo de amistad dentro de lo que se puede con Javier Guíñez, tipo de una amabilidad extraña, respetuoso, atento y muy generoso y chistoso cuando entra en confianza, pero de difícil acercamiento inicial. Fueron un par de veces al Americanto, tratamos de hacerle un concierto de Activarte como parte de los artistas que nos parecía que merecían mayor apoyo de producción y siempre estuvo la idea de que participaran del disco. Después de dudas para elegir la canción (en un momento optaron por “Duerme el guerrillero”) se quedaron con “El alma de mi pueblo”, pero el tiempo pasó, yo nunca los apuré, y cuando me decidí a cerrar el disco el Lucho Barrueto se fue a Brasil. Ante ese escenario Guíñez no se hizo tanto lío y me propuso grabar solo, opción que me satisfacía mucho porque su disco“El eje del mal” (en el que toca todos los instrumentos, grabó, mezcló, masterizó e hizo el diseño y el material multimedia) me pareció un gran trabajo. Cuando hablamos por fono me dijo “en unas tres semanas lo hago” y yo dudé, ya con cierto carrete de escuchar promesas de músicos atareados. Diría que al final me mandó el tema completamante listo antes de las tres semanas. No me aguanté la curiosidad y lo escuché con mi celular apenas llegó. Debo decir que me emocionó profundamente y de hecho sentí que tenía que ser el tema que preparara el final del disco antes de “Si somos americanos”, ya que ahí estaba resumido mucho de lo que yo quería que hubiera en el disco, la actualización de un tema no tan conocido y un sonido novedoso desde el cruce de instrumentos folklóricos con rockeros y hasta algunos sampleos. Además había un mensaje elegantemente político y el rescate de la sensación inquietante que dejan muchas de las canciones que se hicieron por 1971 o 1972 (por Alarcón y otros), donde había un ambiente de triunfo algo melancólico o desconfiado.

Alarcón murió en febrero de 1973, con apenas 43 años, pero con la historia política a medio terminar no alcanzó a saber las brutalidades que pasaron después y las pellejerías que vivieron muchos de sus hermanos de canto. En ese sentido la grabación de las últimas palabras de Allende que Guíñez suma hacia el final del tema entregan un desenlace oportuno a todo el disco y repiten un mensaje (“tengo fe en Chile y su destino”) que mantiene una triste vigencia.



Cantamérica, “Si somos americanos”

- “Bueno, Pepe, y recuerda que hay que hacer la grabación para el disco de Rolando”.
- “Qué bonita idea esa del disco, pero en verdad no creo que pueda volver a cantar”.
- (reto colectivo) “Pero cómo se te ocurre decir eso, si ni te vas a dar cuenta cuando estés arriba del escenario de nuevo”.

Todos los que estábamos en la pieza del hospital de la Fundación López Pérez pensamos que José Luis Hernández exageraba por un decaimiento temporal, pero tenía toda la razón y parece que él lo tenía mucho más claro que todos. Cuando tuvimos esa conversación le quedaba una semana de vida. Pese a todo tenía un buen semblante y uno, por eso, creía que sería posible verlo cantar de nuevo.

Sentí profundamente su partida, porque fue uno de los más generosos y entusiastas cercanos a Rolando Alarcón que me apoyó en cuanta cosa quise hacer y porque, bueno, tenía que estar en ese disco. Acá escribí algunas cosas pocos días después de su muerte. 

Como pasó muchas veces en este proceso las cosas ocurrieron solas. Fui a reportear Olmué 2009 para la Nuevo Mundo y ahí estaban los Cantamérica, grupo de Pepe Hernández, para defender “Si somos americanos” en esa prueba absurda de "La canción chilena de todos los tiempos". Ellos, con el Pepe como solista, habían defendido “Niña sube a la lancha” en Viña 2000 y ahora estaban ahí por petición de Enrique, hermano de Rolando, quien apreciaba mucho a Pepe Hernández y buscó al grupo pese a que él ya había fallecido. Llegué al Patagual en la tarde justo cuando cuando los Cantamérica hicieron su primera prueba de sonido. Por mi parte tenía varias sensaciones cuando los vi preparándose porque todavía no sacaba el libro, me sentía en deuda con Alarcón y sabía que los Cantamérica no pasarían ni a palos a la segunda fase de un concurso que se definía por votación del público. Al lado de Isabel Parra, Manns con algunos de los Inti Coulon, Katherine Orellana o Pedro Messone estaba claro que tendrían pocas chances.

Más allá de eso tenía muchas ganas de escucharlos así que me senté y alcancé a saludar a Jaime Hernández, integrante del grupo y hermano del Pepe, mientras armaban los micrófonos. Había un detalle que yo no entendía pero que él me aclaró poco antes de que cantaran. Los Cantamérica eran cuatro pero habían pedido cinco micrófonos; el del medio estaba desocupado y en un momento pensé que era porque vendría alguien más a cantar en la noche. En medio de la cháchara le dije:

- Me alegro que los hayan elegido a ustedes a cantar este tema, más sabiendo cómo quería el Pepe a Rolando”.
- Por supuesto, para nosotros era imposible decir que no. Y por eso pusimos el quinto micrófono, para que el Pepe nos acompañe esta noche y estemos los cinco”.

Con todas esas emociones mezcladas era un poco lógico que se me escaparan las lágrimas incesantemente mientras duró toda la canción. Me pasó lo mismo cuando cantaron en la noche del festival y me dio lo mismo que no pasaran a la fase final (acá otra cosa que escribí en esa época). Me sentía enormemente orgulloso (sin tener monos que pintar) de que Alarcón hubiera sido defendido de esa forma en el Festival y desde entonces supe que esa versión sería el broche final del disco. 

Como con muchos de los temas planeados desde temprano, pasaron sus años antes de concluirlo, pero cuando le comenté a Jaime que ya quería cerrar el disco, los cabros de Cantamérica se acomodaron como pudieron y lograron sacarlo en pocas semanas, con la grabación de don Claudio González, uno de los integrantes, mientras tenían algunas ventanas de los ensayos del Bafona. En un momento quise incluir la voz del Pepe como introducción a este tema pero al final desistí. Creo que el mejor homenaje es hacer como en Olmué, sumándolo al elenco del grupo en los créditos del disco, porque quizás no se escucha muy fuerte pero en todas estas oportunidades ciertamente estuvo cantando con ellos.

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Bueno, esas son las historias de este proyecto. Van los discos subidos por un amigo a Youtube por si alguien quiere escuchar todo de corrido.





junio 03, 2016

Las historias de “Tenemos las mismas manos”, capítulo IV: Las canciones, del 17 al 24



Mosquitas Muertas - "Mi abuela bailó sirilla"

Cuando empezó todo esto la idea fue participara La Mano Ajena y con otra canción, porque Mi abuela bailó sirilla la tomaría otro grupo, que al parecer ya no sigue tocando. Pasaron los años, el disco se estancó, La Mano Ajena entró en receso, nos perdimos de vista con el amigo Latorre (otro de los grandes valores que conocí en Musicología) y de pronto irrumpieron Las Mosquitas Muertas, grupo rock dedicado a niños. Cuando ya me convencí de que los otros amigos no podrían hacer el tema me tenté con ofrecerles la abuela que bailaba sirilla, aprovechando que es un tema muy interpretado en los colegios y que tiene una cosa medio lúdica que le gusta a los niños. Ellos aceptaron de inmediato y nos fuimos por un tubo. No debe haber pasado un par de meses cuando estábamos en Lo Cañas grabando el tema, que tomó su tiempo porque eran varios instrumentos y la afiebrada cabeza del director Latorre hacía que se le ocurrieran cosas nuevas cada vez que escuchaba cómo iba quedando. Dentro de las experiencias de vida del disco, agradezco a Las Mosquitas haber conocido el theremin, mágico instrumento del año de la cocoa que alguna vez vi tocado en vivo por la Mano Ajena pero que escuchar a un metro de distancia es otra cosa. La jornada terminó tarde y cerramos bajando en la mágica combi que tenían las Mosquitas, una Wolkswagen celeste del año del Ñauca que será muy mágica pero no era infalible y casi nos deja tirados a medianoche por Tobalaba con Quilín. Al final la maquinita aperró, a mí me dejaron en el centro y la aporreada combi pudo llegar sin dramas a la parada final en Maipú.


Guillermo García - "Paloma mía"

Una de las canciones que quería que estuviera a toda costa en el disco era “Paloma mía”, escrita por Alarcón para un teleteatro de tantos de los que dirigió su amigo Sergio Riesenberg y que contaron con su colaboración musical. Pese a que era más bien desconocida, siempre me gustó la melodía y la guitarra principal, que don Carlos Valladares me contó alguna vez que la ejecutó Jorge Muñoz, maestro de la guitarra que tocó en Los Patricios y acompañó en algunos discos a Jorge Yáñez.

Con Guillermo García somos amigos hace más de una década. Es responsable de que haya producido mi primer concierto en 2002, cuando vino a Chile a ver a su familia y terminó lanzando su disco por idea mía. Desde la reagrupación de los Quilapayún en 2003 vino prácticamente todos los años y de todas las veces que nos juntamos nunca me animé a invitarlo al disco, para que no pensara que estaba aprovechando la amistad para embarcarlo en algo más bien incierto o para no sobrecargarlo con la pila de cosas que hacía y hace en Bélgica. Hace unos cinco o seis años le comenté del disco y a modo de broma me dijo “pa que invitai pos”. Un pensamiento salió rápidamente de mi cabeza: “cagó este hueón”. Creo que el Ismael Oddó le llevó el cd con las canciones en un viaje que hizo a Europa y al tiempo me mandó un mail diciendo “hay dos que están dentro de lo que me gustaría hacer: ‘Piel de niña’ y ‘Paloma mía’”. Yo lo alenté de inmediato a hacer la segunda y la grabamos cuando vino en 2010 en Madreselva, donde el querido Alfonso Pérez, porque Pedrotti en esa época estaba sin estudio. Estuvimos una mañana y nos acompañaron Richard y Nelson de Ventiscka. Richard aportó con unas guitarras de apoyo y Nelson me recordó a Bombo Fica en sus comienzos, cuando entraba con el instrumento al escenario, contaba una pila de chistes y remataba diciendo “Y del bombo les hablo la próxima semana”. “Lo traje a puro huevear”, remató sabiamente Nelson, luego que Guillermo decidiera no ocuparlo. Y hay que decir que es bien grandecita la cuestión..

Romina Núñez - “Yo canto a la libertad”

Inicialmente la eligió Mauricia Saavedra, pero cuando tuvimos que pedirle que hiciera los versos de entrada el arreglo que tenía hecho Paulo quedó sin intérprete. Una mañana de enero de 2015 le preguntaba a él cómo podríamos resolverlo y me dijo “la Romi, tiene la voz indicada para el tono en que está y yo he trabajado en festivales y cosas así y es súper profesional”. Le manifesté mis dudas porque estábamos un poco apurados y era complejo sumarla tan a la rápida. “Nah hueón, si es tu amiga. Te invitó a su matrimonio pos!”, remató sabiamente Albornoz.

Efectivamente con ella nos conocemos desde que era Cuncumén y siempre mantuvimos comunicación en todos estos años. Me asesoró largamente en un asunto personal hace una década, trató de hacer de celestina en otro momento, he tratado de ayudarla en algunas cosas de difusión cuando he podido y ahora hablamos de aventuras de padres porque tenemos hijos con bastante poca diferencia. Así que la llamé un miércoles y aceptó de inmediato, el jueves le mandé la versión de don Rolo y el arreglo que tenía avanzado Paulo, el sábado me mandó una maqueta con su interpretación y el lunes grabamos en Lo Cañas a una velocidad extrema.
La elección fue además muy indicada porque ella con el Pancho, Galo con el Rodrigo, el Tato, los Ventiscka y Guíñez fueron los más persistentes acompañantes en todas las presentaciones del disco. Después caímos en que tenía varias coincidencias con don Rolo, como haber sido ambos cuncumenes, profesores de música y nacidos el 5 de agosto, así que salúdenla con confianza.



Bizikleta - “El último trolebús”

Cuando volvió a Chile luego de varios años por las uropas, Sebastián Seves acababa de grabar el último disco de Cántaro y venía muy entusiasmado por el proyecto de Bizikleta, que tenía con Rodrigo González y del que acababa de salirse Simón González. Yo, por mi parte, seguía pensando en los discos de poemas de Alarcón que no estaban incluidos en la selección de canciones del disco, así que confiado en carácter amable y en el sentido del humor del Tato le pregunté si le interesaba estar y si quería tomar algo del disco de poetas soviéticos que hizo Alarcón para Dicap en 1971. Luego de escucharlo atentamente, me respondió que el que le parecía más adecuado para su grupo era “El último trolebús”.

Yo coincidía con que el tema era probablemente el más logrado, pero teníamos el “pequeño inconveniente” de que era uno de los pocos temas en que Alarcón no había participado en la composición, ya que el texto y música era de Bulat Okudzhava. El asunto me hacía problemas porque era un disco que tiene de subtítulo “Canciones de Rolando Alarcón” y había una que no era suya. Como suele hacerse en estos casos, hice un meticuloso trabajo de autoconvencimiento de que no tenía nada de malo, que finalmente 30 de los 32 temas era de Alarcón, que en cuantos discos tributos a los próceres chilenos no había canciones del folklore o de otros autores, que lo que importaba era la interpretación, que el arreglo de Advis le había dado una personalidad muy propia a la versión de Alarcón. Incluso busqué en Youtube la versión del autor original para darme argumentos. No vamos a decir que me convencí pero al menos ya tengo unas pocas ideas para echar mano si alguien me lo pregunta alguna vez, cosa que no ocurre hasta hoy.



El tema se hizo gracias a la magia de la tecnología, porque Rodrigo y un muchacho francés llamado Gael grabaron prácticamente todo en Francia y Tato se fue al IPChile a sumar su voz. Él es profe allá y por eso la grabación se hizo con tal distensión que un alumno suyo que hacía de ayudante técnico no tuvo empacho en decirle que “usted de los que ha dado más jugo de todos”, por una frase que se grabó un par de veces. He preferido ni enterarme de la suerte de ese pobre muchacho. La interpretación en vivo, con guitarra y el contrabajo de Felipe Martínez, se ha convertido en una de las favoritas de varios conocidos que fueron a las presentaciones.








Sankara - "Canción de Juan el Pobre"

Apenas conocí al grupo Merkén, y gracias a ellos al dúo Sankara, supe que tenían que estar en el disco, porque eran de los últimos conjuntos que había conocido que tenían interés en rescatar la forma del ensamble latinoamericano y recuperar cierta estética de la Nueva Canción (actualizada, por cierto). Además, en su trabajo de taller y tertulias en la casa de Santa Elvira vi un sentido colectivo y comunitario que me emocionó mucho y me dio cierta envidia (desde mis años universitarios que quise ser parte de algo así). Todo eso supuse que empalmaba perfecto con el disco que estaba haciendo, así que les propuse a Felipe y Fernanda en un recordado almuerzo en el que conocí de los encantos del higienismo y me dijeron que como Merkén estaban muy complicados de tiempo pero que el dúo Sankara se animaba feliz a la aventura. Escucharon el disco, eligieron la “Canción de Juan el Pobre” (finalista del Festival de la Nueva Canción Chilena en 1969) y a las pocas semanas hicieron una grabación en el IPChile.

Como pasó con Pancho Miranda Banda, optaron por usar la versión que registraron para su segundo disco, que fue parte del Proyecto Germen de la Usach, porque les parecía más madura en interpretación. Más de alguien me ha preguntado si eso me hace algún tipo de problemas (que las canciones pensadas para el disco se usen en discos de los artistas antes de que salga editado el colectivo) y yo respondo que obviamente que no, básicamente porque me he demorado tanto en hacer esto que no tengo cara para impedir que los músicos ocupen lo que ellos hicieron a cambio de un fuerte abrazo. Además, desde el fatalismo que me ha acompañado por años, pensaba que si el disco no salía nunca igual quedaría parte del esfuerzo en algunos de los cd de los artistas. Además, hay que ser un poco rayado para creer que todo Chile conocerá este disco, así que cualquier intento extra vale por proyectar el legado de Alarcón, que es el objetivo central de todo el proyecto.



Héctor Pavez Pizarro - "Esquinazo del guerrillero"
Hubo dos canciones de Alarcón que yo siempre quise que cantara Héctor Pavez. Uno era “Se olvidaron de la patria”, homenaje a los mineros de El Salvador fallecidos en una huelga de 1966, y “Esquinazo del guerrillero”. Cuando lo invité al disco ya teníamos varios años de conocernos y él ya había hecho su espectáculo “Jara, Pavez, Alarcón”, que incluso le produjimos alguna vez con Activarte en el Ical. Estuvo con todo éxito en los 80 años de Alarcón y cuando avanzamos en la grabación del disco le mandé el “Esquinazo” para ver si se animaba, cosa a la que accedió sin problemas.

Llevó al IPChile a Roberto Padilla, tremendo músico que grabó las guitarras, el bajo, la quena y cualquier otra cosa que suene en esa canción. El tema es para mí un aporte especial del disco, porque el “Esquinazo” encuentro que tiene una melodía muy llamativa y que en la versión de Alarcón no fue tan explotada, en parte porque se grabó en un disco colectivo de escasa difusión y también porque su interpretación está un poco “descuadrada” o “corrida” para hacer calzar algunos versos. Pavez la ajustó con todo cuidado y creo que ayudará significativamente a que el tema tenga algo más de reconocimiento popular. Esta canción tuvo su momento internacional, porque alguna vez la grabó Joan Baez, para su legendario disco “Gracias a la vida”, dada su amistad con el escritor Fernando Alegría, el autor del texto. Más antecedentes de esa historia pueden encontrarlas en la biografía de don Rolo.



Alexis Venegas - "Mocito que vas remando"
En el Año Nuevo de 2009 o 2010 prendí la tele tratando de dormir y vi unas sesiones que hacía Chilevisión con músicos chilenos que adaptaban clásicos populares a una onda swing, jazzera o cómo se llame. Apareció Alexis Venegas adaptando a 4/4 el “Mocito que vas remando” con una onda bien especial. Poco después me lo encontré en el Festival de Olmué de 2010, donde defendió las canciones de Clara Solovera junto a Carmencita Valdés y el arpista José Veliz. Después de cantar estuvo conversando con los Inti Coulon que defendieron con Pascuala Ilabaca las canciones de Víctor Jara y se quedó un rato sentado. Le hice un par de preguntas para la Nuevo Mundo y cuando ya entramos en confianza a punta de Fantas le consulté por el arreglo del “Mocito”. Me dijo que era idea del canal pero cuando le pregunté si le tincaba grabarlo se entusiasmó de inmediato. Guardé su correo, teléfono, mantuvimos cierto contacto por Facebook pero no me animé a recordarle el tema.



En 2013, sin embargo, un grupo que se había animado a hacer el Mocito tuvo problemas de fecha para hacer la grabación y me acordé de todo lo que hablé con Venegas y muy desvergonzadamente lo llamé para hacerle cumplir la palabra que había empeñado hace tres años y de la que me imagino que ni siquiera se acordaba. No sólo se acordaba perfecto, sino que dijo que en un mes podía tener el tema grabado. El único problema era que había que convencer a su productor musical de entonces, Roberto López, tipo rudo según se decía. Para mi fortuna López había sido parte de un equipo de futbolito que tuvimos con Albornoz, Seves, Simón González, uno de los Barrueto de los Vejara, el vientista Nicolás Ortiz (Antara, Eli Morris) y otros próceres de las artes. Siempre he dicho que la pichanga me ha abierto muchas puertas y esta fue una de esas ocasiones. Hay hartas fotos de la grabación que muestran a López con unos lentes oscuros impresentables para estar en un lugar con luz artificial y otras de Albornoz mostrando toda su sutileza tocando semillas de percusión. Alexis llegó volando porque había ido a cantar temprano para el Día de la Mujer en la Posta Central o un lugar así y después se iban con López a la Quinta Región a otro concierto por la misma festividad. Quizás por eso salió todo de una tirada y con una mezcla perfecta entre camaradería y profesionalismo. Cuando escuché el tema pensé que si tuviera que hacer singles “radiables” para el disco ese debería ser uno de ellos. Así lo hice cuando decidí incluirlo en los compendios de Portaldisc, esperando que sonara en alguna parte, con resultados más bien desalentadores.




Amaru - "América nuestra"
Alguna vez llegué a la conclusión que muchas de las cosas que he hecho desde que entré a Periodismo en adelante sirvieron de algún modo para este disco. Los Amaru, por ejemplo, los conocí en ese engendro extrañísimo que era un grupo de conversación en Yahoo sobre el Quilapayún, donde fueron a dar coleccionistas, músicos, profesores y gente de muchos lados del mundo. Hicimos dos juntas con Ricardo Venegas en 2000 y 2001 y ahí pude ubicar a Gonzalo Vargas, con quien mantuve contacto cuando empecé a hacer el Americanto y me enteraba de las actuaciones de su grupo. Tipos de una calidez impresionante, tanto él como Raúl Céspedes se embarcaron de inmediato en esta historia y me sorprendieron con la elección del tema que quisieron versionar: “América nuestra”, canción que fue parte del teleteatro “Sopa de pollo con cebada” y que es más bien desconocida.


Ellos hicieron un muy lindo arreglo vocal y un dúo de quenas al más puro estilo nuevacancionístico sobre un ritmo de rasguido doble, muy usado en Argentina. Se grabó durante una tarde/noche no tan extensa pero en algún momento dio hambre colectiva. Fuimos al supermercado de Chile España con Irarrázaval con Gonzalo mientras me hablaba de lo que bien que les había ido en la gira a China y de lo contento que los tenía el nuevo integrante que acababan de sumar pero que no había participado de la grabación. Me explicaba que se había integrado muy bien y que ya no tenían los problemas que vivieron con el músico anterior, quien les había dado muchos problemas y especialmente en China no se había comunicado bien con ellos. Por unos pocos meses el famoso “Antares de la Luz” estuvo a un paso de ser parte de este historiado disco.

El Amaru sacó otro CD en 2008 y se disolvió poco después cuando el estimado Rodrigo Faulbaum se fue a hacer clases al sur. Por eso, este disco tiene la pequeña gracia de contener un tema inédito de un grupo lamentablemente disuelto. A través de Max Zegers pude reencontrarme con Raúl Céspedes, a quien le di algunos discos para que le enviara a Gonzalo y otros muchachos. Por las fechas en que presentaba su disco “Madejas para guitarra” Raúl me comentó que Gonzalo estaba delicado de salud. Falleció pocos meses después por un cáncer y no alcancé a saber sus comentarios del disco, cómo iba su vida como técnico de los Inti Illimani, cómo estaba él, en fin.