septiembre 09, 2016

Ni perdón ni Ritmo

No sé si alguno de ustedes ha visto una imagen que ha compartido El Ciudadano con un bonito texto de Víctor Jara sobre qué es la patria para él. Si no lo conocen acá va.



Estas frases, que guardaba la Fundación Víctor Jara y que las ha usado en otras instancias como la exposición "Víctor Jara canta al mundo", son parte de un foro sobre la música chilena que hizo la Revista Ritmo en 1973. El título era "Nuestros folkloristas enjuician el estado actual de nuestros valores" y a varios intérpretes (Los de Ramón, Los Quincheros, Dúo León Ríos, Nano Parra, Clara Solovera, Dúo Rey Silva y Los Emigrantes) se les preguntaba tres cosas: a) ¿Qué es patria? b) ¿Qué importancia tiene la tradición chilena? c) ¿Cuál de los valores típicos del chileno es el más importante?



Dónde está lo relevante del asunto? fácil, que este foro fue finalmente publicado en la edición 420 de la Revista Ritmo, con fecha de publicación el 25 de septiembre de 1973. En la portada salen Los Quincheros y la editorial dice "Viva Chile!" y algunas frases son "¡Claro! ¡Viva y viva!, porque el sol ha vuelto a salir para todos nosotros. Y hoy más que nunca tenemos el orgullo de sentirnos chilenos(...) quisimos esta semana rendirle un homenaje al símbolo de nuestra Patria... a nuestros institutos armados, pilares en los que descansa nuestra soberanía y libertad (...) Por Carrera, por todos nuestros oficiales y tropas... ¡Viva Chile!"



Joan Tuner reconoció el cadáver de Víctor Jara el 18 de septiembre y lo enterraron el día siguiente. No pasó mucho tiempo para que se difundiera su muerte en algunos diarios, de manera más bien escueta. Todo eso me hace pensar que la revista Ritmo tuvo tiempo suficiente hasta que mandaron a imprimir para hacer algo más que poner a un artista fusilado y maltratado de la manera más bestial dentro de un inocente foro sobre la tradición y el folklore como si nada estuviera pasando. En el mejor de los casos es una trágica coincidencia, en el peor es una canallada imperdonable. Conociendo la revista Ritmo por lo que ha tocado revisarla en tantas ocasiones yo tiendo a inclinarme por la segunda opción. En todo caso, cuando tuve ese ejemplar de la revista en mis manos por primera vez, hace muchos años, los escalofríos y la ira fueron los mismos que siento ahora.

El origen de todo este texto, para mí, era ver si la canallada de Ritmo fue una cosa accidental (cierre de revista versus confirmación de la muerte) o premeditada, pero después he hecho memoria y revisé con particular interés el número siguiente para ver si habían aclarado algo, o mencionado la muerte de Jara, no sé, si habían dado alguna seña de decencia. Y no, no había nada. Así que, por accidente o deliberación, lo que hicieron fue igualmente una canallada.


junio 17, 2016

Las historias de “Tenemos las mismas manos”, capítulo VI: Primer epílogo (escrito con los discos haciéndose en la fábrica)


La primera pregunta que debe nacer, aunque muchos intuyan la respuesta, es que por qué el disco se llama “Tenemos las mismas manos”. En lo elemental se refiere a uno de los versos de “Si somos americanos”, la canción más conocida de Alarcón, idea más o menos habitual en los discos de homenaje o en las biografías de músicos (posbilemente la idea salió de uno de Violeta Parra llamado “Después de vivir un siglo”). Más allá de eso la frase tiene una multiplicidad de significados o más bien uno solo que hay que desglosar. En el “Tenemos” se desprende un sentido colectivo, a unir a los más de 100 músicos que fueron parte de este disco y que, pese a ser de agrupaciones y hasta estilos distintos, accedieron a ser parte de una fuerza comunitaria para saludar a un hombre que fue, a su vez, motor de muchas iniciativas en asociación con otros colegas, como las giras Chile Ríe y Canta, la Peña de los Parra. “Mismas” permite hacer una idea de continuidad y proyección de que la obra que hizo Alarcón tiene cierto paralelo o nexo en todos los que están creando y cantando en estos días. Están además muchas de las mismas temáticas e inspiraciones sonoras, en ritmos e instrumentos, presentes en muchos músicos nacionales. Las manos, por último, han sido una simbología de la artesanía, de cumplir un oficio, de la solidaridad, e incluso de la precariedad etc. Desde el “Pongo en tus manos abiertas” para Recabarren y las manos que son “lo único que tengo” en las canciones de Víctor Jara hasta las manos que hay que juntar para hacer la muralla y “todas las manos, todas” del himno americanista de la “Canción con todos”. Al decir “tenemos las mismas manos” decimos todo eso, que somos parte de un mismo caudal pese al paso de los años y la infinidad de cosas que han ocurrido y que las canciones que estaban olvidadas en su casi totalidad las tomamos como piezas relevantes del gran mosaico de la creación chilena, que tienen todavía mucho para decir.


En el primer texto de toda esta historia dije que el disco lo declaré cerrado cuando sentí que en las canciones y los intérpretes elegidos estaba “todo lo que quería mostrar”. Bueno, ¿qué es lo qué quería mostrar? No sé si lo tenga tan claro. En primer lugar quería romper con el estereotipo del profesor primario bonachón que hizo puras canciones ingenuas para que los niños bailaran en el acto de Fiestas Patrias. Alarcón era eso, por supuesto, pero también otra pila de ideas, algunas más logradas que otras, pero que tenían que ver con la época que se vivía y su constante curiosidad. Si bien algunas de sus búsquedas no se reflejan en el disco (como su fugaz paso por el go-go) sí hay varios de sus discos conceptuales o de sus tópicos más comunes retratados en el disco, además de un repaso bastante amplio por su discografía, a excepción de cosas muy específicas. Por otro lado mi idea era realzar la capacidad de Alarcón como un gran melodista, que quizás no se recuerda tanto porque su trabajo de intérprete era algo disparejo y a veces algo monótono, como le dijeron alguna vez en una revista. Por eso suponía (y espero) que todas estas canciones suyas, en voces, estilos e instrumentos tan diversos, podía ser un impulso para que mucha más gente conociera de su obra algo más que las canciones más populares (que igualmente están en el disco, tampoco hay que ser suicida). En parte por eso terminamos con un disco doble, porque hacer un disco de 15 canciones con las cinco o seis más conocidas implicaba hacer una muestra muy menor del trabajo de Alarcón, así que nos fuimos tentando y la cosa llegó a estos límites. Es además un regalo para sus seguidores que puedan conocer canciones que no alcanzaron a editarse en Chile o algunas que existieron como singles de otros intérpretes (con escasa difusión) y que él no cantó nunca. La intención es que, incluso para los que más lo conocían, puedan dar con alguna sorpresa.


También había una acción delicada con respecto a los discos tributo, de los que había resultados más bien pobres. Obviando los tributos a Víctor Jara que hizo el sello Alerce, el resto parecía hecho a la rápida y como una acumulación de figuras más que como un concepto desarrollado. En ese sentido siempre tuve como referente de disco colectivo el “Charango, autores chilenos” que Pedrotti había hecho el 2000. Por eso, también, la importancia de sumarlo en el proyecto para tener una voz con talento y experiencia en estos asuntos. De hecho, él mismo fue un oído muy estricto con los intérpretes, lo que permitió subir el estándar a que si hubiera quedado bajo mis deficientes pailas. Cuando Albornoz se sumó ya tuvimos dos evaluadores muy rigurosos.


Finalmente, y de esto también me di cuenta cuando el disco estaba prácticamente cerrado, veo en este trabajo un reconocimiento y una admiración profunda por los músicos que son de la misma generación de la mía. Nacidos en dictadura y adolescentes/jóvenes durante los nefastos años 90, totalmente criminales para cualquier pajarraco que sintiera el más leve interés por cualquier cosa que sonara a charango o a autoctonía. Muchos de ellos comenzaron a cantar cuando internet era un entretenimiento de científicos y cuando reunirse o dar con locales que difundieran esta música era prácticamente una quimera. Si uno osaba decir que le gustaba la música latinoamericana o algo así era usual recibir de vuelta un “ah, esos hueones que están todos muertos y le cantaban a Allende” o “anda a ponerte con un puestito a la Feria de Santa Lucía”. Prácticamente todos ellos han permanecido en la música por la convicción profunda de hacer lo que vale la pena hacer y he tenido la suerte (a algunos de cerca desde hace muchos años y a otros como simple auditor y posterior conocido/amigo) de ver sus progresos y esfuerzos por desarrollar sus carreras artísticas, pese a que todo parece indicarles que no vale la pena. Esa serena convicción me parece muy admirable. Y los que son algo mayores y están en este disco diría que en general han sido músicos que han apoyado y acogido a los que vinieron después, por lo que hay un espíritu común y familiar que seguramente fue lo que me permitió pedirles patudamente que se sumaran a esta historia.


Cuando las grabaciones concluían apareció otro personaje importante, Raúl Guerra, quien realizó todo el trabajo gráfico. Lo conocí primero como parte de Pasto Seco y después más en profundidad cuando se sumó al proyecto de Los Republicanos (él dice que además coincidimos en alguna junta del Colectivo Kahuín, puede ser). Siempre me impactó el gran trabajo que hacía con ilustraciones y diseños para afiches y discos de la movida cuequero-folklórica-trovadoresca, así que le pedí que asumiera esa pega y la hizo con la voluntad y talento que pone en todo lo que hace. Agradezco también la paciencia para acceder a cada sugerencia que le hice, incluso a veces dándome la razón, juas. Además, cuando empezó este trabajo me invitó a ser parte de Atlético Torreja, con el que tuve mi último título de pichanguero, pero esa también es otra historia.
El disco se masterizó en manos de Jorge Pluto Abarca, ingeniero de larga trayectoria y reconocido por ser el sonidista de las presentaciones de Congreso durante largos años. Pedrotti quería que él terminara el trabajo que él empezó y yo accedí, por la confianza que le tengo y porque si hay algo que nunca he logrado entender ni medianamente bien es qué cresta significa hacer la masterización de un disco.


Raúl tiene que hacer algunos retoques en los créditos pero el trabajo gráfico también está concluido. No lo podré decir hasta que tenga en mis manos el producto final, pero básicamente esta historia ha terminado y más de una vez pensé que nunca lo lograría. Queda saber qué pasará con esto, si será recibido con cariño, si habrá gente esperándolo, si tendrá algo de difusión, en fin. Puede ser mezquino tener interés en resolver esas dudas más “mundanas” ya que finalmente el producto está terminado, que es lo que importa, pero esto es lo mismo que la comunicación, no vale de nada hacer algo si no sale a rodar y a encontrarse con la gente. Esperemos que así sea, aunque me queden dudas. Por algo Pepe Osorio me decía “El escéptico”. Pero bueno, pase lo que pase, sepan que dejé hasta mi último esfuerzo por hacer el disco más digno posible. Es curioso hablar de “hacer un disco” sin haber tocado una mísera nota, pero bueno, supongo que se entiende. Y si no, mala suerte dijo el conejo.
Eso, creo, es todo. Si llegó hasta acá reciba mi admiración. Y espero que después de esto a don Rolo, después de tanto olvido y tanto silencio, le puedan llegar de vuelta las palabras que incluyó en “América nuestra” y que el Amaru revalorizó en su magnífica interpretación: “Despierta ya, la noche ha terminado”.

junio 10, 2016

Las historias de “Tenemos las mismas manos”, capítulo V: Las canciones, del 25 al 32


Tierra Sagrada - "El trabajo voluntario"

En el tramo final del disco me di cuenta que no había ningún artista de onda tropical/cumbiera/salsera, que además tienen gran éxito entre el público. Como la cosa no era meter a cualquiera ni darle bombo al bailable para vender más copias, el asunto era dar con el grupo correcto y que además se comprometiera con esta historia. En realidad el nombre estaba hace tiempo y nunca habíamos cerrado los plazos ni el tema y en verdad no se los había pedido formalmente. A los Tierra Sagrada los conocí a mediados de la década pasada gracias al Lulo, de los Legua York, quien llevó al Emilio a uno de los capítulos de la Radio en Movimiento. Vi su paso de grupo de música latinoamericana al “son y rumba” y me alegré del disco que incluía la canción “El verano de los pobres”, porque sentí que habían dado un salto grande en sonido y en impronta.

Los contacté apenas me convencí que sería un buen regalo para el disco y para quienes lo tuvieran incluir “El trabajo voluntario”, canción fantasma de Alarcón, porque la compuso poco antes de morir, apenas la cantó en vivo en su última gira al norte con el elenco de Chile Ríe y Canta y no quedó grabación con su voz. Quico San Martín, vía correo electrónico, nos contó lo restante: “La creó Rolando el año anterior a su muerte y siempre como un aporte al gobierno de Salvador Allende, que ya se encontraba padeciendo el boicot de las fuerzas reaccionarias y fascistas de la derecha que desencadenó el desabastecimiento. Con esa canción llamó a participar al pueblo en la defensa de la obra del gobierno popular. Nosotros, como Los Emigrantes la cantamos junto a él y puedo asegurar que fue uno de sus caballitos de batalla en la última gira por el norte grande y chico. El pueblo que participaba de nuestras presentaciones, en cualquier lugar- escuelas, teatros, playas, etc.- cantaban junto a nosotros su estribillo: "qué lindo es ser voluntario del trabajo solidario, la Patria así se levanta y el pueblo trabaja y canta". Tenemos la foto donde él aparece en traje de baño, de pie y con su guitarra cantando en Tocopilla. Pienso que esa es una de las últimas fotos de Rolando si es que no es la última.

Otra cosa que hay que aclarar es que el ritmo era exactamente igual al que yo usé en los Estudios del Instituto Cubano del Arte y la Industria cinematográfica, en La Habana, por el año 1978, donde grabé a dúo con el músico canadiense Martín Duckler y con acompañamiento del destacado Grupo Manguaré, del Movimiento de la Nueva Trova Cubana”.


Por don Carlos Valladares teníamos una copia del tema por Enrique y Martín y se lo mandé al Emilio para que hiciera su versión. Cambió el tono del tema de mayor a menor, lo que provoca una variación en la melodía y agregó todo el arsenal de instrumentos del grupo. Creo que fueron trece los que participaron de esa maratónica grabación en Lo Cañas. El empeño y el buen humor lograron sacar la cosa adelante.

Una de las anécdotas que más recuerdo del disco fue protagonizada por ellos. Una de las integrantes tenía que tocar su parte y requería apoyo del cantante desde el estudio para que se orientara mejor. Como el asunto estaba costando le iba pidiendo cosas distintas: "Ya, cántame la primera estrofa"... "De nuevo, pero más fuerte"... "No, no tanto, no te escucho bien". La paciencia del colaborador comenzaba a desgastarse. "No, ahora sólo la primera frase"... "Ahora la primera palabra y la última nomás"... Al final llegó la reacción algo airada: "Y no querís que te cante las puras vocales también?". Fueron varios segundos de carcajadas.

Mención aparte para el pregón que agregaron los muchachos y que cierra el tema. Me lo mostraron antes de grabarlo y me preguntaron si estaba bien. Yo quedé encantado, porque calza perfectamente con el espíritu del disco y diría que con el de todos los que participamos de él.



Eduardo Peralta, “Doña Javiera Carrera”

Justo en la época en que hicimos un concierto para celebrar los 75 años de vida de Rolando Alarcón, Eduardo Peralta dedicó uno de sus Lunes Brassensianos ya clásicos en la época (y eso que hablamos de 2004) a la figura del profesor normalista. Desde ahí en adelante es muy extraño que al menos una vez al año no se toquen sus canciones en el Mesón Nerudiano, con invitados de toda índole.

Por eso era muy natural invitarlo al disco, aceptó rápidamente y en una mañana en el IPChile se mandó tres temas de una tirada: “Doña Javiera Carrera”, “Quién fuera como el gallo” y “San Pedro trotó cien años”. Después de grabar dijo “me quedo con la Javiera” y así hicimos. Al tiempo nos atrevimos a sugerirle agregar un contrabajo, para repetir esa onda que tenían varios de sus discos, que contaban con el aporte notable de Jorge Campos. Eduardo accedió y le sumamos el valioso aporte de don Roberto López.

Galo y Rodrigo, “Como el viento norte”

En la primera toma que participé, en el primer semestre de 1996, éramos un grupo no muy grande encerrado en una pieza del segundo piso de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago. Mientras unos jugaban brisca y otros temperaban el cuerpo, un flaco crespo agarró una guitarra y luego de las peticiones de temas de Silvio Rodríguez aflojó la mano y se puso a tocar cosas de Schwenke y Nilo y Eduardo Peralta, entre otros. Nos hicimos amigos de una. Era el Galo Ugarte, que pocas semanas después pasó a ser panelista del naciente Americanto y que a fin de año se escurrió y dejó el periodismo para entrar a música en la Universidad de Chile.

Mantuvimos contacto por todos esos años y supe de sus andanzas en grupos como Fraude, posterior Zahir, sus trabajos con el organillero Manuel Lizana, su musicalización de obras de teatro y sus andanzas por el tango. Pero en paralelo a todo eso estuvo inalterable el trabajo con su hermano, Rodrigo, con quienes hacen un dúo de trova de alto vuelo. Ganaron el Festival Víctor Jara de 1994 y desde entonces se presentan con bastante intermitencia y, de hecho, no tienen aún un disco “oficial”. Ambos tienen una grandeza artística y una calidez humana tan grande que para mí era evidente que tenían que estar en este disco. Cantaron en el cumpleaños 80 de Alarcón y optaron por grabar “Como el viento norte”, canción que tiene su gracia porque su autor nunca la interpretó y tiene dos versiones discográficas: la de Pedro Messone y la de Los Emigrantes, que creo que fue la que tomaron los muchachos como punto de partida para hacer su arreglo.

La jornada de grabación en Artenautas fue muy agradable y tuve ocasión de ver a Galo convertido en un director/dictador con los muchachos de vientos y cuerdas que dan un aporte fundamental al tema. Ahí el amigo de carácter afable y voz baja saca pecho y agita las manos con ímpetu para lograr la interpretación deseada. Como dato anecdótico puedo contar que unos cuatro años después de su grabación, el Galo cambió una nota de su voz cuando se terminó de armar “Coplas del pajarito”. 

Hoy el dúo está disuelto de facto. El Galo anda mostrando su primer disco solista y acompañando a Carmen Prieto y Rodrigo anda en el Quinteto del Revés y otros proyectos. Confío en que los veremos muy pronto cantando juntos nuevamente. Será volver a las jornadas en Periodismo, a las tertulias de Barco Ebrio y a recordar mil momentos de la vida de tantos, años bien ingratos para la cultura y la política, pero en las que ellos y varios otros fueron cruciales para no sentirnos tan solos ni perdidos.



Ensamble Serenata, “En el portal”

Cuando empezó el proyecto del disco le pregunté a Claudio Acevedo si Cántaro se animaba a hacer una versión de Rolando Alarcón, ya que suponía que para el Ensamble Serenata sería un lío considerando los tiempos de sus integrantes, como Hernán Jara y Guillermo Milla, que en esa época eran músicos de la Sinfónica (ignoro si lo siguen siendo). Finalmente salió todo al revés, porque los Cántaro justo por esas fechas comenzaban a lanzar su segundo disco e irse de viaje para las Uropas, así que Claudio me dijo con la bondad y entusiasmo que le caracterizan que “yo puedo armar un arreglo para el Ensamble, te aviso apenas lo tengamos”. Como el proyecto venía recién saliendo de su primera derrota en el Fondart no hice ni amago de apurarlos, pero al año siguiente el propio Claudio me avisó que tenía lista su versión para “En el portal”. 

Fuimos a la calle Clemente Fabres, en Providencia, donde Pedrotti tuvo sus estudios por corto tiempo, y la gente grabó con mucha rapidez. Caso aparte el de Milla y Jara, quienes graban sus instrumentos juntos y fueron una auténtica bala: hicieron una toma de corrido, como prueba, luego otras dos con micrófonos encendidos y sin interrupciones y finalmente se quedaron con la primera de estas últimas. Unas bestias. Este tema es uno de los que tuvieron vida antes que el disco, ya que el grupo quiso incluirlo en su CD “Por las calles” de 2010 y hasta preguntaron ceremoniosamente si había algún inconveniente con sumarlo, a lo que respondimos que obviamente no había problemas. De hecho cuando tocan la canción en vivo mencionan del proyecto, lo que no deja de ser publicidad gratis, juas. Cuando lanzamos el disco el grupo estaba en receso, pero igualmente Claudio y Mauricio Valdebenito nos acompañaron en el lanzamiento en Matta Sur y se subieron a cantar en la patota.




Rafael Manríquez, “Parabién de la paloma”

Siempre supimos que Rafael era un defensor de la obra de don Rolo, y decidimos acercarnos un verano que andaba promocionando “Que viva el canto”, magnífico disco antológico de canciones chilenas que hizo para el Smithsonian Institute y donde, de hecho, sumó canciones de Alarcón y otras que don Rolo había recopilado para un LP para ese mismo sello en 1960, cuando aún era integrante de Cuncumén. Algunos minutos de conversación en el Mesón Nerudiano (gentileza de Eduardo Peralta y sus lunes brassensianos) bastaron para ver que estábamos frente a un hombre de gran bondad.

A los meses de haber vuelto a Estados Unidos me animé a invitarlo al proyecto y aceptó tan rápido que a las pocas semanas tenía una versión del “Mocito que vas remando”. Sabiendo de la buena onda que habíamos armado le pregunté desvergonzadamente si en vez de esa canción no se animaba a hacer el “Parabién de la paloma” y, como me esperaba, aceptó inmediatamente y hasta dijo que era una de sus canciones preferidas. A comienzos de 2013 vino de nuevo a Chile y aprovechamos de grabar en el IPChile. Llegó con su guitarra, se sentó a ensayar, yo fui a comprar jugos y galletas y a la vuelta ya había terminado de grabar la guitarra, que no era nada sencilla en honor a la verdad. Después de grabar la voz pensó que sería bueno sumar más instrumentos, así que contactamos a Ignacio Hernández para que fuera al día siguiente a meter su acordeón y el Paulo se comprometió a hacer el arreglo para el bajo y las percusiones.

Cuando ya estaba de nuevo en Estados Unidos le mandamos lo que llevábamos por mp3 y respondió un simple “qué lindo está quedando este tema”. Fue lo último que supimos de él, porque pocas semanas después tuvo el accidente automovilístico que terminó con su vida. Concluimos el tema unos meses después con bastante pesar, recordando las jornadas que vivimos, el almuerzo que compartimos en el Juan y Medio y su eterna buena disposición y afecto hacia nuestro proyecto, que desde su muerte nos hemos comprometido a dedicárselo donde podamos mencionarlo.

Porfiados de la Cueca - “Cueca al Che”

Este grupo y esta canción deben haber sido de las primeras que se sumaron al disco y finalmente fue de las últimas que se grabó. Para 2006 ya habíamos gastado suficientes horas de “trabajo” con Marcelo Campos en el Colegio de Profesores hablando de música en su oficina como para no contar con ellos y como para que fuera a hacerse el sueco con la propuesta. Revisé de las pocas cuecas que tenía grabadas Alarcón y le propuse la “Cueca al Che” porque me parecía que la letra era interesante para enfantizar su rol de cantor "rogelio" más allá de lo que dice la caricatura del profesor de canciones ingenuas. Además era un texto de Fernando Alegría, personaje que quería que estuviera en el disco. Los cabros la trabajaron con toda calma e hicieron una versión en 2008. Al poco tiempo se fueron la cantante y la primera guitarra de ese entonces (Javiera y "el Muñeco" Juan Pablo Villanueva), lo que coincidió con que Pedrotti me pidiera que la guitarra había que hacerla otra vez, porque tenía un problema.

Como el disco estuvo parado un buen tiempo nadie hizo mayor asunto, pero cuando entramos en la recta final le mandé el tema a Campos y esperé varios días para que me dijera cuándo grabábamos lo que faltaba. Pasaban los días y no tenía rastros del amigo, así que en un fin de semana de paseo por la Quinta Región lo llamé. Fue un bonito momento, porque estaba cayendo la noche, se veía el mar y  Con Con desde lo alto, con la Camila (mi señora, apoyo de vida y asistente en varias cosas del disco) hablábamos de los proyectos pendientes mientras avanzaba la espera de Domingo y, como tantas otras veces, me puse a delirar con el disco y recordé que lo de Los Porfiados estaba a medio hacer. En medio de esa circunstancia tan especial llamé a Campos y oí las delicadas palabras de mi amigo: “Oye, Fomedad (así me dice de cariño por mi alegría contagiosa). Quería preguntarte si podemos hacer todo de nuevo mejor porque me da vergüenza haber grabado una hueá tan re fea!”. En realidad yo creo que le puso mucho, pero la nueva versión quedó bastante mejor, el Leo Yáñez hizo un arreglo con una introducción que aludía a “El aparecido” de Víctor Jara (también dedicada a Guevara) y le hicieron ciertas variantes a la melodía, pero que igualmente dejan la versión más parecida a la original que la primera vez.

Cuando ya estaban grabando las exclamaciones y gritos de entusiasmo de la cueca, Campos quería cerrar con alguna frase medio politiquera. Mientras analizaba cuál podía ser le pedí el micrófono a Pedrotti y le comenté “di alguna hueá como ‘Ahora y siempre, Comandante!’”. Más por el apuro de decir algo que por convicción profunda terminó gritando eso, que fue mi tercer y último aporte "creativo" a las grabaciones del disco.

Al poco tiempo de hecha la grabación se fueron del grupo el Leo Yáñez y Lushow, uno de los fundadores, así que supongo que Campos nunca más grabará alguna cosa que le pida si es que no quiere terminar cantando solo. A todo esto, “¡Feliz cumpleaños Lushow!”. 

PD: hace poco me he enterado que Los Porfiados están en receso. Espero que Campos retome las ganas otra vez, porque de creatividad nunca se va a quedar corto.



Javier Guíñez - “El alma de mi pueblo”

Debo admitir que la primera vez que oí a los Vejara me cayeron como patada en la guata. Fue a fines de los 90 en la radio de la Usach, los encontré medios espesos en sus declaraciones, encontré una ridiculez el nombre que tenían y mi oreja de tarro hizo que no me parecieran ninguna maravilla. "Qué se creen estos hueones" creo que la frase que dije delante de mi polola de la época. Me hicieron cambiar rápidamente de opinión cuando los vi en algún acto que hizo el Alejandro Stuart como lanzamiento de una exposición que armó en el Museo de Arte Popular Tomás Lago. Tocaron en formato acústico y quedé bien impresionado. Los conocí personalmente en 2006, para el “Festival de las Ideas”que armó el PC y donde Cultura en Movimiento tuvo un rol de cierta importancia. De esas dos o tres veces que los oí para el Festival ninguna me marcó tanto como en la Plaza de los Artesanos de Pirque, donde tocó un desfile de cantautores chilenos y extranjeros que en realidad ya me tenían un poco harto con su parada del consecuente revolucionario que hay que oír casi obligado porque tiene mucho que denunciar, más allá de cómo lo haga. En medio del tono sombrío que dejó buena parte del elenco, cuando los Vejara se enchufaron y tocaron “Arriba quemando el sol”, sentí ver jugar al Barcelona después de haber estado una tarde pegado al CDF.

En esa época hicimos algo de amistad dentro de lo que se puede con Javier Guíñez, tipo de una amabilidad extraña, respetuoso, atento y muy generoso y chistoso cuando entra en confianza, pero de difícil acercamiento inicial. Fueron un par de veces al Americanto, tratamos de hacerle un concierto de Activarte como parte de los artistas que nos parecía que merecían mayor apoyo de producción y siempre estuvo la idea de que participaran del disco. Después de dudas para elegir la canción (en un momento optaron por “Duerme el guerrillero”) se quedaron con “El alma de mi pueblo”, pero el tiempo pasó, yo nunca los apuré, y cuando me decidí a cerrar el disco el Lucho Barrueto se fue a Brasil. Ante ese escenario Guíñez no se hizo tanto lío y me propuso grabar solo, opción que me satisfacía mucho porque su disco“El eje del mal” (en el que toca todos los instrumentos, grabó, mezcló, masterizó e hizo el diseño y el material multimedia) me pareció un gran trabajo. Cuando hablamos por fono me dijo “en unas tres semanas lo hago” y yo dudé, ya con cierto carrete de escuchar promesas de músicos atareados. Diría que al final me mandó el tema completamante listo antes de las tres semanas. No me aguanté la curiosidad y lo escuché con mi celular apenas llegó. Debo decir que me emocionó profundamente y de hecho sentí que tenía que ser el tema que preparara el final del disco antes de “Si somos americanos”, ya que ahí estaba resumido mucho de lo que yo quería que hubiera en el disco, la actualización de un tema no tan conocido y un sonido novedoso desde el cruce de instrumentos folklóricos con rockeros y hasta algunos sampleos. Además había un mensaje elegantemente político y el rescate de la sensación inquietante que dejan muchas de las canciones que se hicieron por 1971 o 1972 (por Alarcón y otros), donde había un ambiente de triunfo algo melancólico o desconfiado.

Alarcón murió en febrero de 1973, con apenas 43 años, pero con la historia política a medio terminar no alcanzó a saber las brutalidades que pasaron después y las pellejerías que vivieron muchos de sus hermanos de canto. En ese sentido la grabación de las últimas palabras de Allende que Guíñez suma hacia el final del tema entregan un desenlace oportuno a todo el disco y repiten un mensaje (“tengo fe en Chile y su destino”) que mantiene una triste vigencia.



Cantamérica, “Si somos americanos”

- “Bueno, Pepe, y recuerda que hay que hacer la grabación para el disco de Rolando”.
- “Qué bonita idea esa del disco, pero en verdad no creo que pueda volver a cantar”.
- (reto colectivo) “Pero cómo se te ocurre decir eso, si ni te vas a dar cuenta cuando estés arriba del escenario de nuevo”.

Todos los que estábamos en la pieza del hospital de la Fundación López Pérez pensamos que José Luis Hernández exageraba por un decaimiento temporal, pero tenía toda la razón y parece que él lo tenía mucho más claro que todos. Cuando tuvimos esa conversación le quedaba una semana de vida. Pese a todo tenía un buen semblante y uno, por eso, creía que sería posible verlo cantar de nuevo.

Sentí profundamente su partida, porque fue uno de los más generosos y entusiastas cercanos a Rolando Alarcón que me apoyó en cuanta cosa quise hacer y porque, bueno, tenía que estar en ese disco. Acá escribí algunas cosas pocos días después de su muerte. 

Como pasó muchas veces en este proceso las cosas ocurrieron solas. Fui a reportear Olmué 2009 para la Nuevo Mundo y ahí estaban los Cantamérica, grupo de Pepe Hernández, para defender “Si somos americanos” en esa prueba absurda de "La canción chilena de todos los tiempos". Ellos, con el Pepe como solista, habían defendido “Niña sube a la lancha” en Viña 2000 y ahora estaban ahí por petición de Enrique, hermano de Rolando, quien apreciaba mucho a Pepe Hernández y buscó al grupo pese a que él ya había fallecido. Llegué al Patagual en la tarde justo cuando cuando los Cantamérica hicieron su primera prueba de sonido. Por mi parte tenía varias sensaciones cuando los vi preparándose porque todavía no sacaba el libro, me sentía en deuda con Alarcón y sabía que los Cantamérica no pasarían ni a palos a la segunda fase de un concurso que se definía por votación del público. Al lado de Isabel Parra, Manns con algunos de los Inti Coulon, Katherine Orellana o Pedro Messone estaba claro que tendrían pocas chances.

Más allá de eso tenía muchas ganas de escucharlos así que me senté y alcancé a saludar a Jaime Hernández, integrante del grupo y hermano del Pepe, mientras armaban los micrófonos. Había un detalle que yo no entendía pero que él me aclaró poco antes de que cantaran. Los Cantamérica eran cuatro pero habían pedido cinco micrófonos; el del medio estaba desocupado y en un momento pensé que era porque vendría alguien más a cantar en la noche. En medio de la cháchara le dije:

- Me alegro que los hayan elegido a ustedes a cantar este tema, más sabiendo cómo quería el Pepe a Rolando”.
- Por supuesto, para nosotros era imposible decir que no. Y por eso pusimos el quinto micrófono, para que el Pepe nos acompañe esta noche y estemos los cinco”.

Con todas esas emociones mezcladas era un poco lógico que se me escaparan las lágrimas incesantemente mientras duró toda la canción. Me pasó lo mismo cuando cantaron en la noche del festival y me dio lo mismo que no pasaran a la fase final (acá otra cosa que escribí en esa época). Me sentía enormemente orgulloso (sin tener monos que pintar) de que Alarcón hubiera sido defendido de esa forma en el Festival y desde entonces supe que esa versión sería el broche final del disco. 

Como con muchos de los temas planeados desde temprano, pasaron sus años antes de concluirlo, pero cuando le comenté a Jaime que ya quería cerrar el disco, los cabros de Cantamérica se acomodaron como pudieron y lograron sacarlo en pocas semanas, con la grabación de don Claudio González, uno de los integrantes, mientras tenían algunas ventanas de los ensayos del Bafona. En un momento quise incluir la voz del Pepe como introducción a este tema pero al final desistí. Creo que el mejor homenaje es hacer como en Olmué, sumándolo al elenco del grupo en los créditos del disco, porque quizás no se escucha muy fuerte pero en todas estas oportunidades ciertamente estuvo cantando con ellos.

----
Bueno, esas son las historias de este proyecto. Van los discos subidos por un amigo a Youtube por si alguien quiere escuchar todo de corrido.