junio 15, 2009

Nano Stern y el diario que te acompaña (claro)

Más de alguno sabrá que trabajo en el Diario La Hora escribiendo animadamente de deportes. Bueno, de cuando en cuando oficio también de "editor de folklore y cultura tradicional", lo que me permite colar algunas notas de música. Así que aprovecho esta humilde tribuna para compartir algunas cosas que han salido ahí. Por si no saben La Hora es un diario destinado a ser un resumen diario lo más resumidamente posible, así que la extensión no es mucha.

Parto esta retrospectiva, juas, con la más reciente que se publicó, una conversación con Nano Stern, poco antes del lanzamiento de "Los espejos" en el Teatro Oriente.



Nano Stern: “Mi guitarra es mi oficina”
Cantautor chileno presenta “Los espejos”


Con apenas 24 años la vida del cantautor chileno Nano Stern es tan movida y llena de viajes que no tiene empacho en declarar que está radicado “en ninguna parte”. Un día decidió vender sus cosas, comprar un pasaje para Europa y tocar en la calle para probar a la suerte.

Así comenzó una aventura que le ha hecho ser parte de varias iniciativas musicales que están registradas en discos a lo largo del mundo y de otros proyectos como el que define como su motor, “Ethno” (una orquesta de jóvenes de todo el mundo que se presenta en localidades periféricas). Todo esto, claro, sin descuidar su carrera solista, que ya llegó al tercer disco, “Los espejos”, y que estrenará este domingo en el Teatro Oriente a las 20 horas.

“Es distinto al anterior (“Voy y vuelvo”, 2007), porque ese era una suerte de bitácora, con descripciones muy cercanas a la realidad y otras no tanto. Este tiene mucho más de proyección, reflexión y distorsión, que es lo que hacen los espejos”, explica sobre los contenidos. En términos musicales, en tanto, dice que “hay marcadamente más influencias de músicas tradicionales porque he tenido mucho más contacto con ellas, sus sonidos, instrumentos y su contexto al vivirlo in situ. Fui un ladrón profesional pero sin afán de hacer 'música del mundo'. Quizás no se reconozca pero yo tengo muy claras muchas influencias, además de la fuerte presencia de la música latinoamericana”.

Luego de esta presentación en Chile le esperan nuevas actuaciones en Europa y las sorpresas a las que está acostumbrado en esta vida de itinerancia. “Uno se puede quedar imaginando las cosas que le gustarían pero en realidad se pueden hacer. Hay que estar dispuesto a sacrificar y yo estuve, estoy y estaré dispuesto a sacrificar todo porque esto es mi vida, no es mi profesión ni mi carrera ni mi pasatiempo, es mi vida. Es algo que no termina, no es como un abogado que gana cuarenta veces más plata que yo, llega a su casa a las ocho o que se queja porque tiene que quedarse en la oficina. Mi oficina es mi guitarra que me sigue a todos lados”.

Recuadro: La música tras el amor
Dice Stern sobre las motivaciones de su arte que “La música es un instrumento en función del amor y de muchas otras cosas como un gran fin común, que no tiene por qué ser consciente y que tiene que ver con el desapego de hacer cosas no por el reconocimiento sino por lo que realmente significan. Yo espero que el panadero haga el pan no para ganar la plata sino por una certeza de que le va a entregar mucho a otra persona. Está relacionado con la capacidad de ser honesto y el disco temáticamente va a eso. Sonará extraño que hable del amor con canciones tan crudas y que tienen hasta odio, incluso a uno mismo, pero la única manera de llegar a lo que te digo es a través de la honestidad total, de estar desnudo. Rubén Darío dice 'por eso ser sincero es ser potente; de desnuda que está, brilla la estrella'”.

PS: la foto es de cuando Stern cantó junto a Alejandro Soto en el nuevo bar "Entremundos", ante un público prácticamente enloquecido. Diría que innecesariamente enloquecido, pero bueno, eso es de viejo mañoso que está uno, juas. El concierto estuvo genial en todo caso. La foto no es mía, por supuesto, sino de una connotada reportera gráfica que me presta ropa, juas.

marzo 18, 2009

Otra faceta de Eric Maluenda


Me sopla mi amiga Carol Hernández que la hija de Eric Maluenda, Jazmín, quiere mostrar una faceta desconocida para el público en general del recordado músico chileno: su cariño por las radios.

Por eso nos envía la dirección para que la gente que esté interesada pueda echar una mirada y, de paso, ir conociendo de estos aparatos que fueron en algún momento el medio de comunicación más potente de todos. Las generaciones antecesoras alucinan aún con los radioteatros, los programas musicales en vivos y cómo escucharon las grandes noticias de su época por la radio.

El asunto es tan simple como visitar http://www.ericmaluenda.blogspot.com/ e ir conociendo un poquito más de este caballero del que ya sabìamos que era músico y cantante excepcional, profesor de instrumentos andinos (de hecho tuvo la desgracia de intentar enseñarme) e ingeniero de grabación como quedó testimoniado en varias producciones. Bueno, ahora además podemos conocerlo como coleccionista. Que lo disfruten.

La imagen me la pelé de candombeparaillapu.blogspot.com

febrero 15, 2009

Entre presencia y ausencia


En Uruguay hay una pequeña conmoción porque vuelven a tocar los Olimareños. Para los que no lo tengan muy claro es un dúo que explotó por los '60, contemporáneos de Zitarrosa y Viglietti y que se volvieron parte importante del movimiento de la Nueva Canción en Latinoamérica. Vivieron el exilio y otros sufrimientos más, pero pudieron volver el 84 a Uruguay con un multitudinario concierto en Montevideo. Dejaron de cantar por razones nunca dichas públicamente en 1990 y desde entonces cada uno siguió su carrera solista, al parecer uno con más éxito que otro pero de todos modos ambos con muchas presentaciones y varios discos a sus espaldas.

El asunto es que el Pepe Guerra, la voz "ronca" del dúo, decidió que ya estaba bueno y que el 2009 sería el año de su retiro, justo cuando llega a los 65. Y por eso convenció a su ex compañero Braulio López de juntarse por última vez, con un concierto monumental como el de 1984, en el Centenario. La cosa prendió rápido y hasta se habló de una segunda fecha.

Sin embargo bastaba una mirada rápida por algunos medios que tenían espacio para comentarios para ver al acidez de las palabras que lanzaban varios de los que se definen como admiradores del grupo. La vuelta, al parecer, era casi una burla para muchos de ellos, que querían quedarse con el recuerdo de lo que fueron, que incluso era casi una broma porque el famoso concierto de hace 25 años fue, a juicio de muchos, "un fiasco" ya que incluso uno de los Olimareños se había subido a cantar en condiciones poco decorosas. La reunida, en resumen, era de mentira, y todo se hacía por la plata, tal como se sentencia en cada vuelta de cualquier agrupación de cualquier estilo en cualquier parte del mundo.

Bueno, esta vez haré el papel del ingenuo tonto útil. Creo que puedo entender que un artista que ha tenido una carrera tan larga, llena de éxitos, momentos tan delicados y entrañables, y ya en los tramos finales de su trayectoria puede sentir el derecho, primero, de darse un gusto, de cerrar su historia reviviendo lo que, quizás, fue su mayor gloria artística. No logro entender lo malo de que el Pepe Guerra se quiera retirar rearmando los Olimareños y sintiendo otra vez ese enorme impacto que debe ser estar parado ante una multitud en uno de los estadios más simbólicos del mundo.

Por otra parte tampoco me parece tan inconcebible que dos personas puedan zanjar diferencias con 20 años de distancia. Quizás no serán amigos y al parecer por largos años que duro el dúo tampoco lo fueron pero sí está la posibilidad de salvar las distancias y darse un regalo mutuo.

Este concierto, además, es un regalo para todos los que han escuchado los discos de los Olimareños y jamás pensaron que tendrían una posibilidad de verlos cantar. No hay nada más bonito para un seguidor de cualquier artista encontrar de golpe que está la chance de tener un nuevo acercamiento con algo que se había forjado en la mente de un modo un tanto abstracto y que era parte de algo ya irrevivible.

Finalmente, creo yo, toda persona tiene derecho a cerrar sus ciclos, a despedirse como quiera con quien quiera y de la forma que quiera. Justamente un contemporáneo de Guerra y López, Alfredo Zitarrosa, decía en una zamba que "sin adioses, el amar y el morir, nunca son olvido". Bueno, ellos saben cómo quieren irse. Si es dándole un regalo a 40 ó 50 mil personas y escribiendo con la mejor letra una página más de una historia legendaria, mucho mejor.